martes, 1 de enero de 2013

Are you gonna be my girl?


Foreword


La idea para una "escena" así ya la tenía desde hace 4 años. Sin embargo, tuve que vivir una situación similar para realmente poder intentar describir aquello que debe ser descrito.



Are you gonna be my girl?



La limusina naranja emergía de la obscuridad del túnel, comenzando a frenar léntamente. Aquel polímero traslucido que hacía de ventana imitaba copiosamente mi imagen, hasta que la pálida luz que alumbraba el andén terminó por casi aniquilar mi reflejo, perceptible ahora sólo a quemarropa.

Bajé en Camarones. Había dejado mi carro estacionado por ahí, en alguna calle, no muy lejos. Con todo el escándalo que se armó, confiaba en que alguien no lo mirara dos veces. Ya suficiente tenía con que hubieran registrado y 'asegurado' mi departamento. Recuperar mi carrito sería el primer paso en volver mi vida a la normalidad. Paz, al fin.

Ferrocarriles Nacionales. Había ya recordado la calle, y mi Vocho me esperaba ahí, sonriente, con tierra y mugre por la lluvia. Los limpiadores custom seguían intactos, aunque en realidad ahora daba lo mismo. Su sonrisa formada por el cofre y los faros eran la bienvenida a casa que ya necesitaba. Antes de arrancar, lo primero que hice fue prender el stereo y darle play al disco que hubiese dejado adentro.

Stop, play: Lady de Modjo. No me había dado cuenta de lo tontamente romántico e ingenuo que me había vuelto antes.


Can't you see? You're my delight


Antes.

I won't get you out of my mind


Ahora ya no sabía qué pensar. Estuve tan cerca de la muerte, tan lejos de casa. Tan cerca del éxito profesional. Tan lejos de toda realidad, de todo lo que importaba. De algún modo se habían reacomodado las prioridades. De un departamento más grande a sobrevivir. Y no sólo eso. Todo lo que creía real, que daba por sentado, resultó ser un conjunto de sombras, siempre cambiantes. Ilusiones de que tenía el control de mi vida. De que sabía lo que quería de ella. Certeza de saber qué esperar. Y de pronto, me encuentro tomando decisiones que no sabía que tomaría, que tendría que tomar. Luchar por mi vida. Batirme a duelo por ella con arma en mano. Literalmente. Y en medio estaba ella.


I feel love. For the first time


Y, a pesar de todo lo que luché, parece que sólo me dejé llevar; pues no quedaba nada más. Sobrevivir. Probarme a mí mismo que era más valiente de lo que creía. Realmente valiente. Creer de algún modo que las cosas habían resultado mejor a que si nada de esto hubiera pasado. No arrepentirme de nada y contemplarlo todo cuando comenzaba a disiparse la niebla. Tener, otra vez, una ilusión de orden y control. De saber que estoy haciendo las cosas bien. Ahora sí. Que mi cerebro puede dejar de perseguirse la cola existencial. He vuelto.

Algo me movía, sin embargo, a ir a buscarla a su trabajo. Casi las seis de la tarde y yo tendría una hora para pasar por ella, mientras hubiera algo de luz todavía. Aún teníamos una plática pendiente. La plática. Lejos de saber si ella se sentía con ánimos, era algo que tenía que hacer.


And I know that it's true. I can tell by the look in your eyes



*    *    *



Sonaba Are You Gonna Be My Girl, cuando la vi salir. El audio insistía con aquello del romanticismo ciego. Lo primero que se me ocurrió fue tocar el cláxon. Estando a escasos tres metros, llamarle por la ventanilla hubiera sido menos perturbador. O quién sabe. Ella volteó de inmediato. Sin embargo, tuvo que agudizar la mirada, entrecerrando los ojos, para distinguirme. Frunció un poco la boca, aguantándose la risa al reconocerme. O eso creí ver yo a través de la oscuridad de la apenas caída noche.

— ¿Te llevo? —fue lo primero que se me ocurrió, después de haber bajado el vidrio con la manivela.

— ¡Hola! Mmmm... de hecho mi Datsun está aquí adelantito...

— Podemos ir a algún lado... A cenar, talvez... o sólo un café... Prometo regresarte a tu Datsun —solté de repente, con una seguridad venida de no sé dónde. Ya no estábamos en la selva. Ya no era un salvador, guerrero o mercenario reivindicado; sólo un ciudadano más peligroso que el promedio. Talvez sólo por eso no opondría mucha resistencia— Sólo para platicar.

— ¿Sabes? Yo... sí he querido platicar contigo, pero no creo que ahora sea el momento...

— Oye —comencé de nuevo, más serio— La plática... Creo que la merezco. Es decir, merecemos... Después de todo lo que pasó en el Infierno Verde... creo que ya sería sensato ir arreglando las cosas... atando cabos sueltos.

Al parecer no se estaba aguantando la risa. Eran sorpresa y desconcierto auténticos. Yo bajé la mirada, pues aquella seguridad era no sólo de origen desconocido, sino también a intervalos; y había decidido abandonarme mientras terminaba de decir la última oración. Ella permaneció en silencio algunos segundos.

— Yo —comenzó, y prosiguió lentamente— tengo un trabajo... un novio... una vida... Aquí, en el mundo real —hizo una pausa— Lo que sucedió allá... fue una desafortunada coincidencia... —y luego agregó, bajando el tono de voz— Y al final, creo que todo lo que pasó fue por tu culpa...

Aquello me dejó estupefacto. Me sacó de mi juego, con mi VW negr
o y mi seguridad fingida. De repente, me encontraba ahí, sentado, preguntándome qué había ido a hacer allí en primer lugar.

Por suerte, aquel momento de distracción bastó para notar a un auto en el retrovisor que se había estacionado de prisa. Muy de prisa. Echando las luces al apagarse y bajando de él dos extraños.

Y ni siquiera disimulaban. Portaban nada menos que el uniforme de los Dragones. Blindaje incluido y todo. Debí haber adivinado que la Policía no encontraría mi VW, pero sí un enemigo que había viajado un largo camino, sólo para volver a meterse en mi vida. Diana también los vio, y, con la mirada y sin decir nada más, le di a entender que tomaríamos la conversación dentro del Sedán.

I know we ain't got much to say, before I let you get aw- —la canción ya iba en el segundo coro, antes de silenciarla con pausa, mientras rápidamente abría la puerta derecha del Vocho. Esa sería la última vez que la escucharía en un largo rato.


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