miércoles, 17 de agosto de 2011

Ángel Negro I

En medio de la noche, la luna se alza sobre la zona de bodegas, como un faro.

Una guía para alguien en busca de luz, de esperanza, de vida.

Y es por su vida que ese alguien corría a lo largo de toda la zona bodeguera, sin saber quién lo acechaba, pero sabiendo bien qué le aguardaba.


Cerca de la Bodega 66. 2:57 AM.



Sólo un punto ciego en el retrovisor.

Y la necesidad de huir.

De seguir corriendo.

De vivir para luchar otro día.

Para morir otro día.


¿Qué era más frustrante?

¿Correr, sabiendo que la carrera no sería eterna?

¿Morir, sin haber cumplido mi jurada meta?

¿Morir, sin saber por quién y por qué?

¿Morir, sabiendo que pude haber hecho algo para evitarlo?

Todo parece un laberinto. He estado aquí, pero no así.


Esas líneas cruzaban la mente de Águila al tiempo que corría, subía, esquivaba y bajaba a lo largo de la zona. Finalmente se encontró en el techo de una de las tantas de aquel casi infinito y desértico lote de bodegas.


Todo parece un callejón sin salida. El fin del camino.

¿Querría ser alcanzado sólo para revelar su identidad a cambio de mi vida?

¿Quién querría cazar a un hombre que está prácticamente muerto?


La energía se agota. La frustración se incrementa.


Juan Carlos se deja caer sobre el laminado y curvado techo de aquel edificio. De rodillas y luego con las manos. Su respiración es fuerte. Agitada.


¡¿Quién?!


Inmediatamente la mirada a un tragaluz.


Está ahí. No es el fin del camino.

Me lanzo hacia él. No hay tiempo para pensar.

Un golpe con el costado y el tragaluz se hace añicos.

Una lluvia de vidrio acompaña mi caída.

Dos metros abajo, trato de levantarme sobre el techo rojo del contenedor.

Algunas cortadas leves. Nada más.

¿Qué pasó? ¿Qué hice mal? ¿Cómo llegué a este punto?


*     *     *


— ¿Alfil blanco? — preguntó ella con cautela, mientras apuntaba a la sombra en traje del otro lado de la bodega.

— ¡Reina blanca! —gritó para superar la distancia, al tiempo que abría los brazos en señal de bienvenida— ¡O mejor dicho, Ángel Negro! Aunque preferiría llamarte sólo "Ángel".

— Ángel negro —le señaló ella cuando ya se encontraba a escasos metros de él, deteniéndose a apenas cuatro.

— Yo estoy desarmado y tú eres letal incluso sin ese subfusil. ¿Por qué no te acercas más para poder apreciar tu belleza? —dijo él para entrar en confianza.

Pero ella no se movió y seguía apuntando, mirando a su alrededor. Las lámparas de treinta watts de siempre colgando de las vigas del techo. Las obligadas ventanas a una altura de más de dos metros sobre el suelo y de 30 centímetros de alto que recorrían las cuatro paredes; rendijas hechas para espiar. Espacio suficiente para que una ráfaga de plomo viniera de ninguna parte para darle descanso eterno. Finalmente, y con los ojos vacilando entre el rostro del Alfil Blanco, sus manos envueltas en el traje, que era más grande de lo que debía ser, y la oscuridad de las ventanitas que amenazaba con ocultar a algún tirador, se atrevió a decir:

— ¿Perfil del susodicho?

— ¡¡Ah!! ¡Eso es lo lindo de matar a alguien tan famoso! ¡No hay archivo de perfil! Esto te resultará algo extraño, peculiar y notoriamente interesante —dijo, mientras su voz reflejaba la emoción de revelar el supuesto nombre, mientras revolvía las manos para efectos puramente dramáticos.

— Y, dejando la redundancia a un lado... ¡¿Podrías parar de decir estupideces y soltarlo de una vez?! —dijo alzando levemente la voz, aunque casi a punto de liberar una bala directo a su entreceja.

— Bien... —dijo con una sonrisa, al tiempo que sacaba un papelito doblado en cuatro de la bolsa superior de la camisa. Se aclaró levemente la garganta un par de veces y comenzó— "Ave de presa del orden Falconiforme, familia Accipitridae...".

— Suficiente —le interrumpió ella. Seguía apuntándole a la cabeza, pero ahora con los ojos entrecerrados y la mirada un tanto perdida— Lo haré.

Y retrocediendo poco a poco, sin decir nada más, dio media vuelta rápidamente y, a paso acelerado, salio de aquella pocilga, mientras el viento arrastrado por la cola de su gabardina cerraba la puerta con el número "67" tras de sí.



*     *     *


La luna puesta en el cielo. Su luz deja notar una silueta en negro sobre el tejado de aquella bodega. Delicada, delgada y ligera; ágil y fuerte, como el viento. Ahora inmóvil. Acosando a su presa a la distancia. Ni siquiera en las sombras. Ni siquiera apuntando con un arma. Ni siquiera algún tipo de blindaje que resalte con sus líneas ante la luna ni que interfiera con aquella gracia casi felina.

El aire húmedo de la noche acaricia su rostro. Su cabello se deja llevar. Negro ante el viento. Lejos de resistirlo, se vuelve Uno con él. Toda ella es Una con la noche. Su rostro, inmutable. Sus ojos, grises ante el baño de luna, siempre sobre el objetivo. Analizando cada movimiento, procesándolo y adivinando el siguiente. Todo en un flujo continuo. Todo en instantes tan rápidos como el pensamiento.

El viento sopla, ahora con más fuerza, revolviendo su cabello, como dramatizando la tormenta que se avecina; sacudiendo apenas las dos MP5 que colgaban de su cadera a cada costado, produciendo un leve sonido. Y luego, en un susurro, apenas perceptible y como parte de aquel viento que arrastraba las palabras:

— Te tengo.

Y así, como un fantasma, una sombra escurriéndose por el tejado, por las paredes y hasta el pavimento, baja y llega hasta la puerta principal de aquella bodega. El número en la puerta leía "65". A dos metros y sin detenerse, toma su arma derecha y asesta un solo disparo a la cerradura, haciéndola volar. Una patada y la puerta se abre completamente. Al dar un paso dentro, un sonido familiar. Un percutor.

Todo tan deprisa. Dos movimientos combinándose en uno solo. Ella, rápidamente apunta hacia las sombras a su izquierda, a una cabeza que no ve, pero que sabe que está ahí. Al mismo tiempo, desde las sombras emerge rápidamente un brazo, apuntándole con una pistola a la cabeza.

Inmóviles, dejan fluir el tiempo. Cinco, diez, quince segundos. El viento que entra desde afuera azota la puerta contra la pared y sacude su cabello, junto con el arma izquierda colgando de su cadera. Ambos sin moverse, hasta que ella camina dos pasos, aún apuntando recíprocamente. Su pierna izquierda, contra la que también chocaba la puerta, deja que ésta se cierre de golpe. Águila sale de las sombras sin dejar de apuntar, llevándolos a ambos hasta un espacio abierto entre los contenedores de aquella bodega.

— ¿Sabes? Ha pasado bastante desde que alguien logra apuntarme a la cabeza —dijo ella—... y por tanto tiempo.

— ¿A quién amenazas? ¿A ratones? Nadie ha logrado apuntarte porque sólo te mandan a limpiar la basura —respondió Águila, decidido, aunque también nervioso.

— ¿Y eso qué te hace a ti, Águila? —preguntó en un tono irónico.

— Me llamas por mi nombre y yo ni siquiera sé quién eres...

— ¡Alguien está asustado! —sonrió ella, y después de una pausa dijo, en un tono suave, casi burlón— Estoy segura de que habrás oído del Ángel Negro...

— ¡Ja! ¡¿Tú?! ¡¿El Ángel Negro?! —respondió Águila. Y, usando su Falcon para alejar de sí con un leve golpe el arma que le apuntaba, logra zafarse del candado. Estas décimas de segundo son suficientes para alejarse corriendo mientras suelta disparos ciegos hacia ella, al tiempo que ella corre para evadirlos, también disparando hacia él. En menos de dos segundos la bodega se había convertido en un campo de tiro y el plomo volaba en todas direcciones. Águila logra saltar detrás de un contenedor mientras suelta el último disparo hacia su objetivo. Ella corre también a cubrirse detrás de unos tambos metálicos.

Después del eco del último disparo todo vuelve a la calma, haciendo notar la lluvia que cae afuera y el viento que la mueve. El aire huele a pólvora y hay contenedores quemados por la metralla, todavía humeantes.

— El Ángel Negro, ¿eh? —dijo finalmente Águila— ¡Claro que he escuchado de él! ... Es decir, ella. —obviando con la voz

Dejó caer al suelo el cartucho vacío y continuó mientras cargaba el siguiente en su arma.

— Vaya que eres buena, muchacha. Hacerme correr de esa manera. Seguirme de esa manera —y luego alzó la voz— ¡Amenazarme de esa manera! Creo que son pruebas suficientes para suponer que eres quien dices ser.

— ¿Realmente quieres que te lo demuestre? —respondió ella desde el otro lado, desafiante. Aun había balas en su cargador.

— Supongamos que tú eres el Ángel Negro. —respondió— Estamos aquí, los dos, disparándonos a matar. Evidentemente esto no se resolverá así. Tengamos un duelo. A muerte. Una bala para cada uno.

— ¿Y cómo se te ocurre que podremos disponer de una bala cada uno? —lo interrumpió. Y Águila sacó con la zurda otra Falcon de su funda.

— Somos civilizados y podemos negociar. —dijo mientras las dos Falcon se sacudían en sus manos al aire para que ella pudiera verlas.

— ¿Te parece si salimos a las tres? —preguntó ella.

— A las tres.

Y ambos contaron en voz alta hasta tres.

Y salieron

Muy despacio.

Paso a paso.

Cuando se tuvieron a la vista, ambos apuntaron a la entreceja del otro. Avanzaban; sin embargo, sus miradas estaban ambas fijas en la del otro. Águila pateó una lata vacía de aerosol que no había notado, y se estremeció al hacerlo, despegando por unas milésimas sus ojos de los de ella. Un error casi mortal; y él esperaba que ella lo cometiera también. Una oportunidad.

Pero el Ángel Negro tenía un gran sentido del espacio, del tiempo, de Águila, de las tantas gotas de lluvia golpeando el techo laminado de la bodega, haciendo música con él. Dos cajas yuxtapuestas de un metro de alto le cerraban el paso, pero ella las rodeó lentamente, sin despegar las pupilas de las de Juan Carlos. Su andar, como el de una pantera negra, caminando tranquila y alerta. Gracia y estilo, que contrastaban con los pasos de Águila que deseaban no volverse a encontrar nada en su ciego andar, casi caminando a tientas, con ambas Falcon al objetivo. Deseando que llegara una oportunidad.

Pero no llegaría. Incluso teniendo mejores reflejos, el fuego rápido de las MP5 le inyectarían plomo antes de que él hiciese nada.

— ¿Y? —comenzó ella.

— ¿"Y", qué?

— ¿Y ahora? —volvió a preguntar ella.

— Mmh —frunció Águila, y su dedo derecho casi aprieta el gatillo— Toma. —dijo al tiempo que giraba la Falcon sobre su índice izquierdo y la sujetaba por el cañón, extendiéndosela, sin dejar de apuntar con la diestra.

Ella la tomó de la culata, también con la izquierda y, sin despegar la mirada de donde estaba Águila, quitó el seguro de la pistola y soltó un disparo al aire.

— Mmmm. Funciona, a pesar de que tenías el seguro puesto —pensó un instante y luego agregó— pero quiero la que tienes en la mano derecha.

— Bien —dijo él, mientras se reprochaba en silencio por haber sido tan estúpido— Dame la Falcon.

Ella obedeció y se la extendió de igual manera que él a ella unos segundos atrás. Él la tomó rápidamente y la acomodó con su mano izquierda, lista para disparar. Luego apuntó con ambas armas por un instante, y por último, bajó la Falcon de la mano derecha y se la entregó.

— ¡Qué dilema! ¿No? —dijo el Ángel, burlonamente. Águila hizo una mueca, al tiempo que tomaba la única Falcon con las dos manos, y luego con la derecha. Ella volvió a disparar al aire.

— Ambas son iguales.

— ¡Eso ya lo sé! —respondió Águila todavía más nervioso.

— Entonces...

— ¡¡Entonces... las balas no son gratis!! —gritó él, y ella apuntó la MP5 a su entreceja con más ahínco que antes— ¡Hey! ¡Cuida tu tono!

— Primero, baja la MP —y ella eventualmente obedeció, devolviéndola a su lugar en el costado derecho de su cadera.

A continuación, Águila dejó caer el cartucho de su pistola, cachándolo con la mano libre; ella hizo lo mismo y la cambió a la mano derecha.

— ¿Podemos bajar el arma? —preguntó él.

— Al mismo tiempo — respondió el Ángel Negro. Y así lo hicieron, muy lentamente.

— Bien... —comenzó Águila— Ahora ambos disponemos sólo de la única bala alojada en la recámara. —diciéndolo más para tranquilizarse a sí mismo que para explicarlo.

— Mmmm —pensaba ella mientras contemplaba la Falcón puesta en su mano, sin moverla de su costado, tratando de sortear su hombro derecho con la mirada, abriendo un tanto la boca.

— ¿Y? — preguntó ella, mientras alternaba su mirada entre la Falcon que habría de salvarla y Águila.

— ¿"Y", qué?

— ¿Y ahora? —volvió a preguntar ella.

— Mmh —frunció Águila, quien sentía que tenía una bomba en la espalda mientras una niña jugaba con el detonador.

— Y ahora, — continuó Águila— vas a decirme algo. —ella no mostró reacción alguna.

— Vas a decirme quién te envió a matarme, cuándo, por qué y cuánto te pago.

— Mmmm — comenzó ella después de un rato, al tiempo que tronaba un poco la boca y negaba con la cabeza.— No, no, no, no, Águila. ¡Así no funcionan las cosas! —dijo, llevándose la mano izquierda a la barbilla, como si estuviese discutiendo algún trato importante, del cual ella formase parte y no estuviese de acuerdo.

— Mira, mmmm, —continuó el Ángel— en primer lugar, ya sabes quién me mandó. —dijo, señalando a Águila con la mano izquierda desde su barbilla, No tienes más enemigo que él. Y si los tuvieses, mmm pues, digamos que fue el que te odia más. —y soltó una risita medio forzada.

— Pero, en fin, te voy a confesar algo. —siguió— Alguien quiso advertirme, diciéndome que podría llegar a complicarse el encargo; pero ya ves, pude haberte matado hace diez bodegas o más; y creo que sólo te he dejado llegar hasta aquí por mero deporte. Ya sabes, hay que disfrutar del trabajo — y mientras hablaba, fue dibujando una sonrisa, no tan forzada como las anteriores.— A decir verdad, me dijeron que eras bastante bueno disparando. Así que ¿Te parece si procedemos con nuestro duelo? Me estoy cansando de sostener esta cosa.

Terminó, pidiéndolo como pide una niña a alguien que juegue con ella. Águila tenía miedo; creyendo haberse adjudicado la ventaja con el asunto del duelo realmente se había puesto en igualdad de condiciones. Y en igualdad de condiciones siempre gana el mejor. La rapidez y precisión de un hombre asustado al borde de la muerte, contra las de una mujer con actitud de niña psicópata.

— A las tres... nos damos vuelta — dijo Águila finalmente

— Sólo quiero que sepas que en el cielo hay un Ángel con un rifle de francotirador, en caso de que hagas trampa. Y tú sabes que los Ángeles no fallan.

— Una —comenzó Águila, tratando de concentrarse para no caer en su juego.

— Dos —siguió ella.

— Tres —contaron los dos.

Y, muy lento, dieron un paso al frente con la pierna derecha, y luego media vuelta hacia su izquierda. Ambos retrocedieron hasta quedar espalda con espalda.

— ¿Me harías el honor de empezar? —sugirió el Ángel Negro.

— Uno —dijo Águila, al tiempo que los dos daban un paso.

— ¿Son diez, verdad? —preguntó ella.

— Sí.

— Ah, bueno. Dos.

Mientras Águila iba superando uno a uno los pasos que le separaban de su tumba, su figura aparecía errante a través de la mira telescópica de un rifle desde el vagón al que el vidrio del tragaluz le había llevado.


21-05-2009@2:57 a.m.

About

Sí, yo sé que está medio aburrido. Pero Águila me obligó a publicarlo D: (es decir, el verdadero Águila).

Por cierto, no leyeron mal ni tampoco me equivoqué. Hay una parte de diálogo que se repite, como si aquello hubiese sido copy-paste (no lo fue).

9 comentarios:

  1. Gogo dane? jajajaja, ps si ya la habia leido, pero me agrada el sarcasmo asi que no me canso de leer este tipo de historias. Lo único que deberías hacer por el amor de dios es ya terminar un maldito episodio.

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  2. Sí, en eso ando. Unos ya están cuasiterminados pero ps ya ves, las ganas de pasarlo a limpio y corregirlos y filtrarlos y amplificarlos y todo eso jaja

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  3. Hasta para publicar pareces quinceañera jajajaja, te tardas un resto, ni que jueras J.K. Rowling jajajaja nel, tu tienes mas inventiva, esa tipa nomas hizo un frankestein de mitologias. Pero bueno, esperare la historia con tanta emoción como cuando me compro un libro de Sandokán jajaja

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  4. jaja =D gracias muchacho, realmente me animas, incluso cuando este pedazo de historia no se ve tan bien como me gustaría; pero ps a lo mejor la continuidad del espacio-tiempo le puede dar el toque extra jaja

    Y ps Emilio Salgari siempre será mi (nuestro) héroe :]

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  5. jajajaja chale, no se me ponga sentimental, y mueva su trasero para que termine la historia. Y ps ya sabes, para eso andamos. Por cierto, taria chido que te rifaras una batalla aca con todos los originales y los nuevos, aca todo loco... un combate final juar juar

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  6. jaja de hecho ya existe esa batalla =D
    Será como un crossover :)

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  7. Dije que ya existe, pero aun no está escrita, y ya sabes como es eso... Fíjate esta entrada llevaba escrita dos años y apenas vió la luz D:

    :(

    Pero bueno, entre más temprano...

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  8. y luego mi ortografía toda chafa, que me sobran y me faltan acentos D:
    Eso pasa por leer puras cosas de programación y en inglés (no en ingles jaja WTF! D: )

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