sábado, 26 de mayo de 2012

Vanessa I



Base de Operaciones Provisional de la Guerrilla del Amazonas, cerca de Canea, Brasil.



— ¿Cómo carajos...? —se preguntaba Águila. Sacó de su bolsa el mapa que había podido copiar del original en la tienda de Vicente.

— Veamos —pensó, mientras lo extendía en el toldo de uno de los dos Jeeps— ¿Dónde estás, Vanessa?

— Bien, si nosotros estamos aquí —puso su dedo en un punto donde se leía "Canea". Entonces tú estarás.... —y se quedó pensando.

— Mmmmm... Si quiero saber que hiciste tú, debo preguntarme qué hubiera hecho yo... Pudiste haber ido al sur... al Aeropuerto de Santarém por agua... y luego ¿irías por aire hasta la costa? No. Muy complicado. Es inevitable viajar por Agua, y tus Humvees no son anfibias. Si es imprescindible moverse en bote... entonces...

Águila trazaba planos mentales a la velocidad del pensamiento. Mientras rastreaba los pasos en la mente de Vanessa, mil rutas se dibujaban en su cabeza, enredándose como una telaraña.

— ¡Monte Alegre! —exclamó y se maldijo por ser tan idiota. La ruta más corta era la carretera hasta Monte Alegre... y luego en bote por el Amazonas hacia la costa. Debía ser.

Tomó sus cosas y subió a la motocicleta y, con el ruido rasposo y fuerte del pequeño motor, emprendió la carrera. Si Vanessa llegaba al caudal del Amazonas, ya no habría modo de seguirla. Mientras tanto, Diana, Guillermo, Jessica y Mario se preparaban para despegar hacia Santarém. Cuatro días y medio de camino a pie le esperaban al grueso de la Guerrilla del Amazonas para alcanzar a un enemigo mermado, que aun así les superaba en armamento y número.

La caza había comenzado al fin. Si los planes de ensueño de Vicente salían como se suponía debieran, las cosas se tornarían fáciles; talvez demasiado fáciles para ser verdad. O eso era lo que rondaba por la cabeza de Águila mientras buscaba la carretera, en una carrera por alguien que alguna vez juró ser suya, y ahora juraba dispararle a matar si le volvía a ver. Un gran dilema. Su vida contra la de todos los guerrillas y todo el Amazonas. Y no era que apreciara mucho su propia existencia, sino que odiaba el pensar en tener que defenderse en nombre de la causa. Sacudiendo la cabeza y tratando de despejar su mente, tomó la carretera a toda velocidad, perdiéndose en el amanecer del horizonte y dejando una columna de polvo tras de sí.


*    *    *


Una parada en el Núcleo Inglés de Souza era lo que Águila necesitaba para reponerse, al tiempo que comía un plato de comida caliente mientras se mantenía alerta. Sólo otro poblado, Monte Alegre, le separaba de la rivera y todavía no había rastro de Vanessa siendo ya las cuatro de la tarde. Comiendo deprisa, la comida le supo a salitre, pasando el bolo y tomando el tenedor con tremendas ansias. Un vaso de agua para pasar la comida, pero casi se ahoga al escupir medio bocado cuando tres HMMWVs armadas doblan aprisa la calle frente al pequeño local.

Levantándose de golpe, dejando un billete en la mesa sacado de la bolsa, y corriendo hacia la vieja moto... todo tan rápido que derriba a tres personas en el trayecto.

— ¡Imbécil! —le reclama la gente, tratando de levantarse. El mesero le chifla creyéndole ladrón. No importa.

Sube a la motocicleta y, todavía comiendo el otro medio bocado conservado, la arranca. Ésta se queja como un pequeño felino y un cúmulo de humo negro sale por el mofle, amenazando con hacerse volar. Las llantas describen un sonido amortiguado contra la terracería. El diminuto motor a todo lo que da, con la moto a punto de caerse en pedazos. Águila pasa la comida al esófago y ya se encuentra oliendo el polvo de las Humvees.

— Señora, tenemos una motocicleta detrás de nosotros.

— ¡Señorita! —lo corrigió ella— ¡Cédame su lugar, soldado!

— ¡Sí mi señor...ita! —respondió aquel, y cedió su puesto de tirador del vehículo.

 Vanessa se colocó sus lentes de gota y subió al mando de la ametralladora. Águila la vio asomarse en la Humvee de en medio y rápidamente apuró a la moto para encontrarse a su altura y tener buen contacto visual.

— ¡Juan Carlos, otra vez! —exclamó ella para hacerse audible sobre el ruido de los motores y la atmósfera perturbada por la carrera de los vehículos. El viento entre la flora provocaba un fuerte susurro, además de la terracería contra el caucho de los neumáticos— ¡No creí que fueras tan tonto como para entregarte! —continuó

— ¡Necesito tu ayuda! —gritó Águila, con los ojos entreabiertos para protegerlos del polvo levantado por las HMMWVs— ¡Si te detienes y me das una oportunidad para explicarte...! —pero ella le interrumpió.

— ¡¿Explicarme?! ¡¡Oh, claro!! ¡Siempre he sido admiradora de tus explicaciones! —gritaba al tiempo que alistaba la gran ametralladora montada sobre la Humvee.

— ¡Claro que te mereces una oportunidad de ser escuchado! Es decir, ¡Después de habernos baleado y todo! Pero antes... ¡¡Necesitas tragar un poco de polvo!! —y abrió fuego hacia Águila, o mejor dicho, a su precaria motocicleta.

Las líneas de las balas, que primero impactaban sobre el camino, pronto llevaron su dirección hasta los delgados neumáticos, carcomiéndolos y reduciéndolos a tiras de caucho que se desparramaban sobre el rastro de la moto. Águila no podía seguir y vislumbraba una colisión inminente o la muerte por la metralla. Tiró del manubrio y derrapó lo que quedaba de la motocicleta sobre el camino, al tiempo que la dejaba ir. Él, deslizándose suavemente sobre la terracería, pronto comenzó a dar vueltas caóticas sobre sí mismo, reduciendo su velocidad dramáticamente, quedándose detrás de las Recon. La moto siguió su curso hasta quedar totalmente carcomida por la metralla. Una leve explosión desde el tanque de gasolina terminó con su lastimera existencia.

— ¡¡Alto!! —gritó ella desde el radio colgado sobre uno de sus varios tirantes. El convoy se detuvo en seco, derrapándose ligeramente sobre la terracería.

— ¡¿Por qué no mejor me lo escribes en una carta?! Imbécil —dijo luego para sí misma mientras quitaba las manos de la ametralladora para estirarlas un poco.

Águila se encontraba a unos cincuenta metros de las Recon. Vanessa bajó de su HMMWV, acompañada por un par de sus hombres. Corriendo superan la distancia entre Juan Carlos y sus monturas. El resto de los soldados sale a formar un perímetro a la orilla del camino.

— Di qué es lo que quieres, además de ser arrestado —le amenazó, a punta de Xiuhcoatl.

— ¡¿Qué diablos es eso?! —se intrigó Águila al observar el arma de Vanessa, y en sí, tratando de distraerla.

— Una serpiente... creo. Es lo que me da el Ejército para hacer mi trabajo... No se puede hacer mucho en estos días —dijo, llevándose la mano desarmada a la cintura.

— Me doy cuenta —respondió mientras observaba el cañón de aquella cosa— En fin, como dije, necesito su ayuda, señorita.

— ¿Y qué te hace pensar que te la voy a dar? —replicó ella— ¿Por lo menos tienes algo con qué negociar?

— Así es. Tú tienes algo que yo quiero —dijo señalando a las HMMWVs— y yo tengo algo que tú quieres.

— ¿Y eso es...?

— A mí, por supuesto —respondió seguro— Arrestado —corrigió. Ella volvió a apuntar con ambas manos mientras entrecerraba los ojos y fruncía el ceño.

— Bien podría arrestarte ahora, y en menos de una hora estar rumbo al defectuoso para que seas recibido con la apropiada bienvenida.

— Pero hay cosas que quieres más que a mí arrestado —le espetó Águila— La lista de direcciones, los teléfonos, los números de los contenedores, los lotes en las bodegas... las pruebas que ponen todo junto.

Vanessa volvió a abrir los ojos, ahora un tanto confundida. Sin embargo, no dejaba de apuntar, ni que las palabras de Águila alteraran su perspectiva de todo el asunto.

— Mis órdenes fueron venir hasta aquí a arrestar a un criminal, y es lo que voy a hacer —respondió mientras hacía señales a sus hombres para que levantaran a Águila del suelo.

— ¿Y qué hay de los civíles en peligro?

— No son mi asunto —replicó secamente.

— Pero son mexicanos —decía Águila mientras lo ponían bajo arresto— ¿Vas a dejarlos ahí, a su suerte?

— No se supone que yo sepa que estén allí. Media vuelta —ordenó a Águila para poder colocarle las esposas— Y en todo caso, no sé si lo que dices es cierto.

— Pues sí lo es. Piensa que cuando lleguemos a México, la bienvenida apropiada podría ser para ti y tus hombres —dijo mientras obedecía a punta de Serpiente de Fuego— O podría no serlo... dependiendo de lo que yo diga allá, y resulte ser cierto.

— ¡Cállate! — Vanessa lo hizo volver de la media vuelta con un golpe en las costillas, cortesía de la culata de su arma— ¡A veces te gusta soltar tantas palabras como balas! —y después ordenó a sus hombres— ¡¡Llévenselo!!

Necesitaba tiempo. ¿Valía la pena confiar en la palabra de un mercenario? Y no de cualquiera, sino del mejor que conocía hasta entonces. Por otro lado, podría torcer un poco la naturaleza de su misión con tal de sacar un poco de provecho.

— ¡¡Oye!! ¡Esa M-16 tiene mejor tino que tu viborita! ¡Más vale que no la pierdas! —le gritó al que lo había desarmado.

Y Vanessa se decidió

— ¡Tú, trae su arma de vuelta! ¡Necesitamos pruebas! Es por eso que daremos media vuelta —y luego avanzó hacia donde Juan Carlos, dándole unas palmaditas en la espalda y hablándole al oído— Si todo esto termina mejor que lo nuestro, puede que no te la pases tan mal en el bote —dijo, terminando la oración con una leve sonrisa, que se vio interrumpida por un sonido que cortaba el viento.

Un proyectil venido desde dentro de la selva se estrelló frente al primer Recon, levantándolo poco más de un metro y derribando a los soldados junto a él.

— ¡¡RPG!! —gritó uno de ellos.

— ¡¡¿Por qué no nos dijiste que trajiste a tus amiguitos, Juan Carlos?!! —gritó Vanessa sobre el caos que acababa de formarse— ¡Hombres, avisten!


30-06-2010


Fun Facts

  • No se como griten los soldados mexicanos cuando viene un RPG. Talvez "Granada" o "RPG" no lo sé D:
  • Esto se parece mucho (y es un minihomenaje) a la primera versión de 'Memo el Explorador', allá por 2005.



3 comentarios:

  1. no se por qué a la vanessa de tu historia me la imagino con un ass grande mjajajaja

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    1. jajaja pero ésta es otra Vanessa. No la que tú conoces D:

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