Mostrando entradas con la etiqueta Escapando del Infierno Verde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escapando del Infierno Verde. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de febrero de 2014

Diana III - Closer to the truth


Y así viajamos
Jessica y Mario al frente
Atrás tú conmigo
Dormida. Mecida por la leve turbulencia del heli
Y el latido de mi corazón en tu oído

Y transportándome a sueños
Desde el sabor de tus labios
El perfume de tu cabello
La vida que surge de tu voz


¿Ya nos vamos, Memo?

Dime, ¿a dónde me vas a llevar?

¿Qué hay ahí?

¿Y nos iremos? ¿Sóloy yo?



Todavía recuerdo cómo te desperté
Cómo no pude explicarte lo que iba a pasar
Tu sonrisa, que hace siempre juego con tus ojos
Y el sueño y el cansancio
Las cajas y mi mochila
creando una armonía tan sublime


"Vamos a Santarém. Ahí podremos comprar ropa nueva.
Bañarnos y descansar como se debe.
Dormir en camas de verdad."


Ante esa sonrisa
No pude decirte más
Ni al estar comprando las cosas,
ni cuando terminaste de bañarte

Ni siquiera cuando me despertó el mono-tono del celular que Vicente me había dado.


— Señor, Guillermo. Sólo llamo para recordarle el trato que teníamos usted y yo, y que era parte de un acuerdo al que usted y Ág...

— ¡Comandante, los Dragones...!
— ¡¡Cállate!! ¡Qué no ves que estoy hablando por teléfono!
— ¿Con un radio?
— ¡¡Conmutado!! ¡Ahora déjame en paz! Ahh...

» Habíamos acordado que nos veríamos hoy mismo de regreso. Sin embargo, usted no está de vuelta.

» Así que quiero invitarlo a pedir una prorroga porque, verá, usted sabe que en este momento mis recursos son limitados, y que no puedo hacerle cumplir su promesa mediante su vida o la de su novia. Pero nada me impide ponerle una bala en la cabeza a su compatriota justo ahora; lo cuál sería una lástima, porque ha cumplido con su parte estupéndamente.


« ¡¿Qué carajos quiere de mí?! »


Sé que sufrió una herida en la pierna, así que por ahora justificaré su ausencia con su capacidad limitada de movimiento...

» En fin, el alma de Juan Carlos es mi única garantía de que usted volverá, como dijo que lo haría. Espero que el cargo en su conciencia que supondría su muerte sea suficiente para que considere las cosas, y tenerlo aquí mañana a primera hora.

» Porque una promesa es una promesa, Señor Guillermo.


Aquella noche no pude dormir
Por todas las razones equivocadas

Desperté a Jessica y a Mario a las 4 de la mañana
El mensaje grabado y mi mirada los convencieron


"Diana, amor... Nos tenemos que ir."

"¿Mmhh...? ¿Ya? ¿A dónde? ¿A México?"

"No."


Y lo demás no te lo dije.


Tengo miedo
de volver a perderte a merced de ellos
o del destino mismo

Y tampoco quiero llevarte conmigo
porque es posible que no vivamos para ver el sol salir mañana
La verdad es que lo único que quiero es irme contigo
Lejos. Volver a casa

Y aquí estamos. Al amanecer
Tú a mi lado. Tu cabeza en mi hombro
Y yo, pensando en cómo he de explicarte
que no seguí mis deseos,
que no hice lo que quería
y terminé trayéndote de vuelta al Infierno Verde

¿Cómo explicarte que debía volver?

Sólo te engañé regalándote ese día
Ese día a medias contigo
Paraíso ahora perdido

¿Cómo explicarles que no puedo dejarte ir?

Quiero leer tu mente
Adivinar lo que piensas
Aunque en el fondo sé
que la única pregunta rondándote es
'¿Por qué no nos fuimos juntos cuando pudimos?'
Sólo tú y yo
Adiós guerra. Adiós pólvora
Yo cojeando, sí. Pero juntos
Solos tú y yo

Trato de acariciar tu mano, pero ya no estás
Te has ido a contemplar el horizonte
El viento soplándote en la cara...

Decidí hacerle frente a mi destino
A mi deber. Al correcto
Al que accedí para llegar a ti
Al que, por más que me gustaría hacer trampa
Y dejarlo todo y a todos,
No puedo renunciar



Closer to the truth
Cryoshell



Destiny is hard to meet
It'll hunt you down somewhere along the way
Don't you see we're meant to be
The prodigies that came to show the way

'Cause I don't wanna rule the world alone
None of us can make it on our own
I'm screaming but I cannot hear a sound
The suffocation slowly comes around

Loneliness eating me inside
It's burning me alive
I'm travelling in my mind
And flying through a thousand lonely souls that cry
In swamps of evil lies
We're Closer To The Truth now
Take me home

Don't believe it's dark to see
When the sun has left you at the end of day
Suddenly it's hard to breathe
Resting in the trenches won't you say

Loneliness eating me inside
It's burning me alive
I'm travelling in my mind
And flying through a thousand lonely souls that cry
In swamps of evil lies
We're Closer To The Truth now
Take me home

06-05-2007
20-12-2008
14-02-2014

lunes, 6 de enero de 2014

Águila II


Me disculpé con Jessica y Mario. Diana debía seguir durmiendo, así que me dispuse a buscar a la única persona que creí que entendería cómo fue que nos involucramos en esta guerra. Una guerra que era, al principio, más mía que nuestra, y que terminó por golpearnos a ambos en un nivel muy personal. Todos sabían lo de Diana, pero yo sólo tenía rumores de lo que había acontecido exactamente en aquel tiroteo con nuestra propia Marina Armada.

— Si quieres que limpie por última vez tu .45, déjala sobre la mesa. Igual, ya casi me voy.

Lo encontré afuera de una de las tiendas, arreglando sus cosas sobre una mesita de madera podrida ya por la humedad. Vicente le había dado la moto como había prometido; si es que a esa chatarra podía llamársele moto.

No supe qué decirle y él ni siquiera levantó la mirada. Odiaba cuando hacía eso. Sabía que yo estaba ahí, pero no se dignaba a hacer más que reconocer mi prescencia al mismo tiempo que ignorarme. Un guerrilla se acercó para traerle una caja llena de cargadores con balas para su M-16, todavía con sangre seca de los Dragones a los que habían pertenecido.

— Gracias, Pedro.

Me di cuenta de que no era que no quisiera que nadie lo molestara.

— Buena suerte, mi Aguilín —respondió, después de dejarle la caja en el suelo.

Y no era que Águila no quisiera hablar con nadie.

— ¿Irás en la primera avanzada?

Era que no quería hablar conmigo.

— Nah. Me toca escoltar a Vicente. Dicen que los Dragones todavía tienen una posición de artillería por ahí en la selva. Disque con blanco en nosotros. A ver siscierto. Por lo mientras, hasta aquí.

Pedro le extendió la mano a Águila, que estaba sentado en una cajita de madera a punto de romperse. Éste se levantó mientras correspondía al saludo.

— Cuídate, cabrón. —Se dieron un abrazo efusivo. De esos con palmaditas— Y gracias por salvarme el pellejo. Dos veces.

— Simón. Cuando quieras —respondió Pedro.

— Ps a ver si nos vemos en la playa.

— Ps a ver... —Y, después de darse un último apretón de manos, se fue sin más. Águila volvió a su precario asiento.

Tras haber sido testigo de su despedida, e ignorado casi por completo, obedecí a Águila. Dejé mi Colt en la mesita, esperando que el peso del arma no venciera sus enclenques patas. Él siguió un rato en sus asuntos, hasta por fin volteó a verme, y luego a la semiautomática en la mesita. Quitó entonces sutilmente un papelito de abajo de la pistola.

— ¡Una foto! —dije sorprendido, refiriéndome al pedazo de papel que yo había confundido con cualquier cosa.  Él sólo me miró a los ojos medio segundo, antes de guardársela en alguna parte del chaleco.

— Perdón —alcancé a decir.— Está algo maltratada. Parece que la rescataste de la basura...

— Espero que ésta sea la última vez, y que aprendas a limpiar tu propia arma —dijo sin contestar nada— Pagaría por ver qué pasará cuando intentes disparar con un percutor oxidado.

Traté de no cometer más errores y saltar de lleno a la plática.

— Está bien. Te entiendo. —De la primera forma en que se me ocurrió.

— ¡¿Qué?! —y, aparentemente, la más estúpida.

— Sé como te sientes.

Él explotó.

— ¡¡¡¿QUÉ?!!! ¡¡Tú ni siquiera me conoces!!

— Sólo digo que... por ejemplo... ambos conservamos una foto. Ambos estamos en medio del Amazonas...

— ¡¡Cállate, Guillermo!! ¡Si te seguí fue porque no tenía nada que perder!

Águila bajó la mirada. Debía estar haciendo un esfuerzo por no sacar una bala de la caja de municiones y hacérmela tragar a golpes. Levantó un poco el puño que llevaba apretando desde el último grito, y estuvo a punto de golpearlo contra la mesita, de no ser porque, aparentemente, su sentido común le hizo notar a tiempo que aquel pobre mueble no lo soportaría.

— Tú no sabes cómo es —dijo por fin, con el puño aún apretado.— Cómo es estar ahí. Vivir así. Llegar al punto de no sentir nada —hizo una pausa para bajar el puño.— No tener sueños, ni esperanzas, ni nada por delante. Sólo los recuerdos... Los pinches malditos recuerdos— lo miré con los ojos bien abiertos, dándome cuenta de que ésta era la primera vez que platicábamos de verdad.— Repetir una y otra vez en tu cabeza cómo fue que cometiste cada error. Cada decisión equivocada. El camino que seguiste. Viendo fracasar aquel último intento por volver a comenzar. No teniendo otra opción...

Negó un par de veces con la cabeza. Despacio, con la mirada perdida en cualquier lado. Como quien a cada hora se pregunta por qué la muerte no se lo ha llevado ya.

— No sabes cómo es —continuó.—  Arrepentirte de lo que no hiciste. De lo que no viviste. Saber que sólo sirves para esto. Y al mismo tiempo, hacerlo tan bien. Hacerlo como nadie. Preguntándote si acaso hubieses sido bueno para otra cosa. Hacer pasteles. Pintar cuadros. Escribir libros. Otra cosa...

Fruncí un poco la boca, creyendo comprender por dónde iba la cosa. Él lo notó.

— Pensarías que si pienso lo que estoy pensando entonces debería retirarme —y continuó antes de que yo pudiera decir nada.— Pero después del retiro ya no hay nada para mí.

— Creo...

— Y que sea ésta —me interrumpió— la última vez que creas que me conoces. Y que creas que me entiendes. Porque tú y yo no somos amigos.

Y siguió medio minuto de silencio. Uno. Él alternaba su mirada entre mí y la .45. Supuse que había dejado pasar el tiempo para que realmente comprendiera yo las implicaciones de aquella última oración. También supuse que miraba la .45 para comenzar a limpiarla o, siendo paranoico como él solo, para impedir que cometiera yo alguna irracionalidad.

— Pero, y tú —dijo más tranquilo, tomando mi .45 y subiendo los pies a la mesa, que crujió en agonía,— ¿crees que tienes problemas? —le quitó el cargador a la pistola.— Mírate. En tu fantasía, llena de riesgos y peligros y realidad en dósis a la cara —comenzó a desarmarla.— De repente, ya tienes la vida resuelta —botó algunas partes en lo que quedaba de espacio en la mesita.— ¿Qué crees que pasará después?

» Si sales vivo, con la evidencia que has recolectado, serán unos imbéciles si no te contratan en NatGeo.

Águila limpiaba el percutor con una franela, con un ímpetu y familiaridad sólo conocidos para él. Las balas sobre la mesita chocaban levemente entre sí, produciendo aquel tintineo ya familiar.

— Y ella. Soñaste con volver a verla, y ahora duerme en tus brazos— la Colt estaba ahora completamente desarmada.

— Es cierto. Sólo que, todo esto es tan irreal. Hasta somos prisioneros de guerra, y todavía no puedo creer el estar aquí. Y todo lo que ha pasado... Como un sueño, pero no.

— A veces eres brillante —dijo Águila ante lo obtuso de mis palabras.— Sé que tienes miedo. Que sabes lo que puede pasar. Que es probable que mueras ahora, teniéndolo todo.

— Es sólo la falta de realidad. De mi realidad, al menos.

— ¡¿Y qué otra realidad quieres?! —me miró por encima de la mesita, las partes de la pistola, las balas y sus propias botas. Comenzó entonces a armar la pistola de vuelta, tan seguro de lo que hacía como de lo que estaba a punto de decir.

— Disparas, y el retroceso de la pistola te lastima el hombro. El sonido de la detonación te deja temporalmente sordo —me miraba a los ojos, mientras que sus manos se encargaban del arma.

— En lugar de atravesarte la pierna, esa bala pudo haberte partido el cráneo —y luego hizo una pausa.— ¡¿Qué más quieres que te suceda para estar seguro de que no estás soñando?!

Estaba seguro de que él no me conocía. Sólo habíamos platicado un par de veces sobre asuntos que no fueran propiamente de la expedición. Le había confiado mi vida a un extraño que creía entender, y del que me sentía protegido. Sólo la ilusión de certeza.

— Tu carrera. Tu trabajo. El departamento. Nueva York. National Geographic. Todas esas tonterías de las que te preocupas. ¿Qué crees tú que es más real?

— "No le apuntes a nada..."

— "...que no estés dispuesto a ver muerto" —sonrió al completar la primera frase que me salió de la mente. El arma estaba casi lista. Tomó las balas regadas en la mesita y empezó a rellenar el cargador.

— Una de éstas en la cabeza —dijo, con la última Parabellum entre los dedos— y nada te puede traer de vuelta.

Había ya colocado el cargador. Aquella bala la cargó manualmente en la recámara. Finalmente, me entregó el arma, pero sólo la soltó hasta que terminó de decir lo que debía:

— Ya la trajiste hasta aquí. Lograste lo imposible. Tu culpa o no, ya le salvaste la vida.

» Pero para que este cuento termine bien, deben salir con vida de aquí. Ambos.

Un crujido. Rápidamente se incorporó. El impulso con el que lo hizo terminó por destrozar la cajita que lo había sostenido. Inmutable, puso algunas balas 5.56 sobre la mesita y comenzó a cargar su propio rifle, mientras me dijo lo último de aquel día:

— Sí, somos prisioneros. Atrapados en medio de una guerra que se ha vuelto nuestra. Y la única forma de salir de aquí es ganándola. Así que creo que los dos sabemos qué es lo que tenemos que hacer.



About

Esta entrada es la secuencia de Diana II. Le antecede a Diana III, y se le hace referencia en El fin del principio. En realidad no supe qué poner aquí.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ready to Strike II: "Te amo, María"


Entrada anterior: Ready to Strike I: Corvo




 Y sus miradas se unieron


Y ambos se contemplaron a través de aquellos ventanales blancos
Mientras sus ojos hablaban de besos
En el pretérito de algún futuro posible
Prometían besos. Pedían besos
Deseaban besos. Suspiraban besos


Una confesión en silencio
Una alegría contenida
Una sorpresa repentina
Rematada por una sonrisa tímida y sincera
Obligándolos a bajar la mirada por unos instantes


Su tercera y más deliciosa fuente la encontró allí...


Teniéndola ahí enfrente, bajo la estela celeste
Su cintura entre mis brazos
¿Qué más habría que decir?

Ella había sido mi oásis en esta isla
La única y verdadera razón para no volverme loco durante los últimos treinta y dos meses
Rodeado por sólo mar y más mar
Y la razón de no volverme loco en el caos que se desataría ahí afuera
Al enfrentarme a sabe Dios qué, en sabe Dios dónde

Al subir a ese helicóptero, no habría marcha atras
Sin garantía de regresar con vida
De si volvería a verla
De si ella me esperaría

Porque a las palabras se las lleva el viento
A todas las palabras
Hasta a las de ella y las mías
Esta brisa marina
Que rogaba no nos separara
Al menos no tanto
Al menos no todavía

¿Y qué sería de mí?
De mí sin ella y de ella con nada más que la bici que aquí dejo

Si el tiempo se detuviera por dos amantes
En una isla en medio de la nada
Lo maldigo. A él y a mi elocuencia

Tantas cosas hay que quisiera decirle
Todo lo que veo en el brillo de sus ojos
Cómo me gusta su sonrisa
Que su voz resonará en mi mente
En medio de la guerra y el caos

Que si he de caer, mis últimas palabras serán 'Te amo, María'
Pronunciadas con mi último aliento hasta la eternidad
Que no quiero que sea ésta la última vez que la vea
Y todo el miedo que tengo de a veces saber que así será

Sólo una guerra, y toda una vida sin preocupaciones en este paraíso
O en cualquier otro
Siempre a su lado

Empezar una vida
Sobre el legado del acto que definirá mi existencia
Y hasta comprar el restaurante

Hoy empiezo a morir un poco
Para comenzar a vivir el día que vuelva a pisar esta isla
El día que ella vuelva a mis brazos


Te amo, María


*    *    *


No supo por cuánto tiempo se quedaron así, casi bajando a ratos la mirada, dibujándose quién sabe cuántas sonrisas en sus rostros. Procurando no evocar a la tristeza, ni al sabor amargo del adios. Así lo habían prometido. Y es que la alegría de tan sólo volver a verse casi opacaba el dolor que provocaba aquel encuentro nocturno. Casi.

— ¡¡María!! —les interrumpió María— ¡¿Es que acaso no te piensas mover?! ¡¡Ya está cerrado!!

Pero ella no se movió.


*    *    *




Aunque las sillas ya se encontraban sobre sus respectivas mesas, Richard ayudó a María a bajar las cuatro de una de las que estaban junto a la ventana sur. "Si lo vas a dejar pasar, haz que pague su consumo", le había dicho María, la dueña del restaurante, junto con el ya clásico "Te dejo las llaves, pero cierras bien". Ambos se sentaron en las sillas junto a la pared, colocando sus manos sobre la mesa, y tomando siempre las del otro. Una sonrisa más de María sin saber qué decir.

— Voy a poner un café —dijo por fin. Soltando de repente las manos de su amado y levantándose rumbo a la cocina.

— Te ayudo —fue lo primero que se le ocurrió a él, levantándose también.

Ambos fueron entonces rumbo a la cocina, hasta que ella se detuvo frente a la pared que la separaba de su meta.




—Espérame aquí, ¿sí? —Le señaló la ventanita de servicio que dividía la cocina de la zona de mesas— No me tardo.

Ya dentro, llenó el pocillo con agua del garrafón. Al ponerlo a calentar, trató de secarse una lágrima como pudo, notándose en su respiración aquella onomatopeya del llanto reprimido.




Él desobedeció su indicación y entró como pudo. Desde atras, la abrazó de la cintura, envolviéndola en sus brazos.  Y, dándole un beso en el cuello, se preparó para decir la oración más importante que habría dicho hasta entonces en toda su vida.

— ¿Sabes? Creo que nunca te lo he dicho. Pero, te amo.

Pronto, el calor de la estufa convirtió el posillo con agua en un susurro, haciéndose cada vez más fuerte.


Spoiler Alert


This is Starling two-four, sitting on deck, over. —El acento escocés del piloto invadió el canal del radio— We are outbound in fourty seconds. Awaiting for cargo on board.


Eran casi las once de la noche. Recien puesto el impermeable, Roger Morton salió a cubierta, recibiendo de inmediato las implacables gotas lluvia en la cara, combinadas con el sabor de la brisa marina. Además de los dos pilotos del MH-6, la tripulación presente en ese lado de la cubierta se limitaba únicamente a un oficial anónimo, haciendo guardia en la puerta de salida. Morton lo saludó sin muchas ganas al salir, aunque ni siquiera pudo distinguir si éste le respondió.

Como pudo, se sentó sobre la barra de "tripulación táctica". Al terminar de ajustarse el arnés, dió un par de palmadas al fuselaje del helicóptero. Alistó su M4. Mera burocracia. Sabía que no lo necesitaría. Ésta sería una reunión de hermanos. La voz del piloto se dejó escuchar de nuevo.

Alright, my' mates. We are out.


22-06-2013@08:27 p.m.

domingo, 5 de agosto de 2012

Ready to Strike I: Corvo


"Una casa en la villa
. Consigue una casa en la villa", le había dicho él. Pero no.

Llegar pedaleando desde allá no habría representado tanto esfuerzo, de no ser porque había remolcado gran parte de sus pertenencias en una carretilla que había soldado, exprofesamente, a su bici. Y no era que cuatro kilómetros fueran demasiado. Eran nada. Hasta el camino estaba de bajada. El problema eran las curvas, la oscuridad de la noche, la terracería disimulada y los malditos frenos, convenientemente reemplazados por la suela de sus botas cuando era necesario.

Sabía el camino de memoria. Lo recorría al menos una vez por día, ida y vuelta. Había entrenado para eso. Sacaba la bici casi diario. Parte para entrenar; parte para no volverse loco. La casa era ya suficientemente pequeña. La villa era ya lo suficientemente monótona. La isla estaba ya suficientemente aislada de todo. Además de su otro entrenamiento, la bici era su segunda fuente, que le proporcionaba la dosis diaria de adrenalina para no olvidar que estaba vivo.

La carga no representaba un problema en absoluto. Lejos de pensar en el peso, de alguna manera le reconfortaba que toda su vida cupiera en esa carretilla, o al menos casi toda. Lo feo empezaba cuando recordaba que casi toda esa carga estaba conformada por plomo, bronce, Kevlar, nitrocelulosa y otras entidades químicas cuyo contexto común deseaba no evocar tal cual, al menos en lo que le quedaba de tiempo en la isla.

Después de la cuarta curva mortal (mortal debido a sus inexistenteseficientes frenos), la terracería improvisada pronto se convirtió en empedrado. Y al cruzar la villa, aquel empedrado variado se tornó en vestigios de asfalto. Ya pasaban de las diez de la noche, por lo que no tuvo que preocuparse mucho por arroyar a algún cristiano. De cualquier modo, el amarillo de los varios faroles esparcidos por las contadas cuadras que conformaban la villa habría de advertirle sobre cualquier inocente que se apareciese en su camino.

Pudo haber seguido por Avenida Nova casi todo el trayecto y haber atravesado el pueblito sin más ni más; pero la verdad era que le gustaba pasar por aquellas callejuelas, entre las casas. Era la última vez que se pasearía por ahí en un rato. Rato cuya verdadera duración todavía ignoraba. Aún tenía tiempo, así que aprovechó para pasearse por cada calle, a veces más de una ocasión, a pesar de las miradas de los pocos curiosos que quedaban en la acera o miraban desde sus ventanas aquella singular figura: no todos los días algún fulano hacía ruido en medio de la noche, arrastrando un montón de bultos y cajas en una carretilla remolcada por una bicicleta, aparentemente sin frenos. Al menos no envuelto en cuarenta kilos de equipo militar táctico (casco incluido y necesario en caso de accidentes).

Por calles con nombres tan simples como Rua das Pedras, Rua da Matriz, Rua da Fonte y Rua do Rego, hasta algunas con resemblanza honorable como Rua Juaquim Pedro Coelho o Rua Ex-Combatentes do Ultramar, y pasando incluso por una graciosa como Rua do Jogo da Bola; finalmente se encontró en el conocido camino Largo das Forças Armadas, que se convertía después en la última de las calles que habría de recorrer en toda la isla: Caminho dos Moinhos; con sus dos (evidentes y) distintivos molinos, ondeando tranquilamente lo que quedaba de sus aspas, ante aquella versión nocturna de una brisa marina que soplaba desde el sur.

Entró al estacionamiento del lugar y aparcó la bici ocupando un cajón completo. Bajó aquel fierrito que sirve para que la bici pueda mantenerse erguida por sí misma sobre el suelo*. Le costó subir la pierna para bajarse, gracias a sus cuarenta kilos de equipo encima. Debía apurarse si quería tomar por lo menos una taza de café. Sin embargo, no pudo evitar detenerse a contemplar esa fachada, sin saber si volvería a verla de nuevo.

Blanca, tejas naranjas, delineada por un empedrado rústico, la antena de televisión satelital y el caldero de siempre humildemente pintado, fungiendo como logo y complementando el nombre del lugar: Restaurante O Caldeirão.

Subió los siete escalones que le separaban de la entrada. La leve humedad acumulada, gracias a la brisa marina, hacía que sus botas produjeran un sonido bastante particular. Uno que no podría escuchar en ningún otro lado. El sonido de su séptimo paso habría de verse interrumpido por una voz dentro del restaurante.

— ¡No, no, no, María! ¡Andamos levantando todo y ya vamos a cerrar! ¡Dile que ya no hay servicio! —gritó la encargada al verle por la ventana que daba hacia el estacionamiento.

No se molestó por no haber terminado de escuchar aquel soneto que habían compuesto sus pasos. Los gritos de la encargada, María, hacia su homónima eran de las cosas que seguramente extrañaría en un par de semanas.

María, a la que le habían gritado, salió a recibir a aquel que había provocado los gritos en primer lugar, deteniéndose todavía dentro del restaurante al verlo afuera, a través de los ventanales de canceles blancos y con una gran sorpresa dibujada en el rostro.

Quiso articular palabra alguna, pero la figura que tenía delante se lo impedía de algún modo. Él se detuvo al notarla, apenas a dos pasos de las escaleras.


Y sus miradas se unieron


Y ambos se contemplaron a través de aquellos ventanales blancos.

Mientras sus ojos hablaban de besos.

En el pretérito de algún futuro posible.

Prometían besos. Pedían besos.

Deseaban besos. Suspiraban besos.


Una confesión en silencio.

Una alegría contenida.

Una sorpresa repentina.

Rematada por una sonrisa tímida y sincera.

Obligándolos a bajar la mirada por unos instantes.


Y mientras el tiempo se detenía entre ambas miradas, entre ambos corazones, la brisa marina desde el sur seguía soplando, haciendo más que mecer sus cuarenta kilos de equipo y dando una sensación de flujo temporal sobre aquella quietud, trayendo consigo algo más que el sonido de la noche.


Fun Facts & Easter Eggs

  • * Para los ignorantes como yo, ese fierrito se llama caballete o también "pata de cabra".
  • Me emocioné tanto que estuve a punto de llamar al restaurante para preguntar por horarios. Lástima que está en otro país u_u
  • A ver si les da la gana adivinar en qué parte del mundo está esto (está bien fácil :) )




Spoiler Alert 

Su tercera y más deliciosa fuente la encontró allí.

Ella era especial...



sábado, 26 de mayo de 2012

Vanessa I



Base de Operaciones Provisional de la Guerrilla del Amazonas, cerca de Canea, Brasil.



— ¿Cómo carajos...? —se preguntaba Águila. Sacó de su bolsa el mapa que había podido copiar del original en la tienda de Vicente.

— Veamos —pensó, mientras lo extendía en el toldo de uno de los dos Jeeps— ¿Dónde estás, Vanessa?

— Bien, si nosotros estamos aquí —puso su dedo en un punto donde se leía "Canea". Entonces tú estarás.... —y se quedó pensando.

— Mmmmm... Si quiero saber que hiciste tú, debo preguntarme qué hubiera hecho yo... Pudiste haber ido al sur... al Aeropuerto de Santarém por agua... y luego ¿irías por aire hasta la costa? No. Muy complicado. Es inevitable viajar por Agua, y tus Humvees no son anfibias. Si es imprescindible moverse en bote... entonces...

Águila trazaba planos mentales a la velocidad del pensamiento. Mientras rastreaba los pasos en la mente de Vanessa, mil rutas se dibujaban en su cabeza, enredándose como una telaraña.

— ¡Monte Alegre! —exclamó y se maldijo por ser tan idiota. La ruta más corta era la carretera hasta Monte Alegre... y luego en bote por el Amazonas hacia la costa. Debía ser.

Tomó sus cosas y subió a la motocicleta y, con el ruido rasposo y fuerte del pequeño motor, emprendió la carrera. Si Vanessa llegaba al caudal del Amazonas, ya no habría modo de seguirla. Mientras tanto, Diana, Guillermo, Jessica y Mario se preparaban para despegar hacia Santarém. Cuatro días y medio de camino a pie le esperaban al grueso de la Guerrilla del Amazonas para alcanzar a un enemigo mermado, que aun así les superaba en armamento y número.

La caza había comenzado al fin. Si los planes de ensueño de Vicente salían como se suponía debieran, las cosas se tornarían fáciles; talvez demasiado fáciles para ser verdad. O eso era lo que rondaba por la cabeza de Águila mientras buscaba la carretera, en una carrera por alguien que alguna vez juró ser suya, y ahora juraba dispararle a matar si le volvía a ver. Un gran dilema. Su vida contra la de todos los guerrillas y todo el Amazonas. Y no era que apreciara mucho su propia existencia, sino que odiaba el pensar en tener que defenderse en nombre de la causa. Sacudiendo la cabeza y tratando de despejar su mente, tomó la carretera a toda velocidad, perdiéndose en el amanecer del horizonte y dejando una columna de polvo tras de sí.


*    *    *


Una parada en el Núcleo Inglés de Souza era lo que Águila necesitaba para reponerse, al tiempo que comía un plato de comida caliente mientras se mantenía alerta. Sólo otro poblado, Monte Alegre, le separaba de la rivera y todavía no había rastro de Vanessa siendo ya las cuatro de la tarde. Comiendo deprisa, la comida le supo a salitre, pasando el bolo y tomando el tenedor con tremendas ansias. Un vaso de agua para pasar la comida, pero casi se ahoga al escupir medio bocado cuando tres HMMWVs armadas doblan aprisa la calle frente al pequeño local.

Levantándose de golpe, dejando un billete en la mesa sacado de la bolsa, y corriendo hacia la vieja moto... todo tan rápido que derriba a tres personas en el trayecto.

— ¡Idiota! —le reclama la gente en portugués, tratando de levantarse. El mesero le chifla creyéndole ladrón. No importa.

Sube a la motocicleta y, todavía comiendo el otro medio bocado conservado, la arranca. Ésta se queja como un pequeño felino y un cúmulo de humo negro sale por el mofle, amenazando con hacerse volar. Las llantas describen un sonido amortiguado contra la terracería. El diminuto motor a todo lo que da, con la moto a punto de caerse en pedazos. Águila pasa la comida al esófago y ya se encuentra oliendo el polvo de las Humvees.

— Señora, tenemos una motocicleta detrás de nosotros.

— ¡Señorita! —lo corrigió ella— ¡Cédame su lugar, soldado!

— ¡Sí mi señor...ita! —respondió aquel, y cedió su puesto de tirador del vehículo.

 Vanessa se colocó sus lentes de gota y subió al mando de la ametralladora. Águila la vio asomarse en la Humvee de en medio y rápidamente apuró la moto para encontrarse a su altura y tener buen contacto visual.

— ¡Juan Carlos, otra vez! —exclamó ella para hacerse audible sobre el ruido de los motores y la atmósfera perturbada por la carrera de los vehículos. El viento entre la flora provocaba un fuerte susurro, además de la terracería contra el caucho de los neumáticos— ¡No creí que fueras tan tonto como para entregarte! —continuó

— ¡Necesito tu ayuda! —gritó Águila, con los ojos entreabiertos para protegerlos del polvo levantado por las HMMWVs— ¡Si te detienes y me das una oportunidad para explicarte...! —pero ella le interrumpió.

— ¡¿Explicarme?! ¡¡Oh, claro!! ¡Siempre he sido admiradora de tus explicaciones! —gritaba al tiempo que alistaba la gran ametralladora montada sobre la Humvee.

— ¡Claro que te mereces una oportunidad de ser escuchado! Es decir, ¡Después de habernos baleado y todo! Pero antes... ¡¡Necesitas tragar un poco de polvo!! —y abrió fuego hacia Águila, o mejor dicho, a su precaria motocicleta.

Las líneas de las balas, que primero impactaban sobre el camino, pronto llevaron su dirección hasta los delgados neumáticos, carcomiéndolos y reduciéndolos a tiras de caucho que se desparramaban sobre el rastro de la moto. Águila no podía seguir y vislumbraba una colisión inminente o la muerte por la metralla. Tiró del manubrio y derrapó lo que quedaba de la motocicleta sobre el camino, al tiempo que la dejaba ir. Él, deslizándose suavemente sobre la terracería, pronto comenzó a dar vueltas caóticas sobre sí mismo, reduciendo su velocidad dramáticamente, quedándose detrás de las Recon. La moto siguió su curso hasta quedar totalmente carcomida por la metralla. Una leve explosión desde el tanque de gasolina terminó con su lastimera existencia.

— ¡¡Alto!! —gritó ella desde el radio colgado sobre uno de sus varios tirantes. El convoy se detuvo en seco, derrapándose ligeramente sobre la terracería.

— ¡¿Por qué no mejor me lo escribes en una carta?! Imbécil —dijo luego para sí misma mientras quitaba las manos de la ametralladora para estirarlas un poco.

Águila se encontraba a unos cincuenta metros de las Recon. Vanessa bajó de su HMMWV, acompañada por un par de sus hombres. Corriendo superan la distancia entre Juan Carlos y sus monturas. El resto de los soldados sale a formar un perímetro a la orilla del camino.

— Di qué es lo que quieres, además de ser arrestado —le amenazó, a punta de Xiuhcoatl.

— ¡¿Qué diablos es eso?! —se intrigó Águila al observar el arma de Vanessa, y en sí, tratando de distraerla.

— Una serpiente... creo. Es lo que me da el Ejército para hacer mi trabajo... No se puede hacer mucho en estos días —dijo, llevándose la mano desarmada a la cintura.

— Me doy cuenta —respondió mientras observaba el cañón de aquella cosa— En fin, como dije, necesito su ayuda, señorita.

— ¿Y qué te hace pensar que te la voy a dar? —replicó ella— ¿Por lo menos tienes algo con qué negociar?

— Así es. Tú tienes algo que yo quiero —dijo señalando a las HMMWVs— y yo tengo algo que tú quieres.

— ¿Y eso es...?

— A mí, por supuesto —respondió seguro— Arrestado —corrigió. Ella volvió a apuntar con ambas manos mientras entrecerraba los ojos y fruncía el ceño.

— Bien podría arrestarte ahora, y en menos de una hora estar rumbo al defectuoso para que seas recibido con la apropiada bienvenida.

— Pero hay cosas que quieres más que a mí arrestado —le espetó Águila— La lista de direcciones, los teléfonos, los números de los contenedores, los lotes en las bodegas... las pruebas que ponen todo junto.

Vanessa volvió a abrir los ojos, ahora un tanto confundida. Sin embargo, no dejaba de apuntar, ni que las palabras de Águila alteraran su perspectiva de todo el asunto.

— Mis órdenes fueron venir hasta aquí a arrestar a un criminal, y es lo que voy a hacer —respondió mientras hacía señales a sus hombres para que levantaran a Águila del suelo.

— ¿Y qué hay de los civíles en peligro?

— No son mi asunto —replicó secamente.

— Pero son mexicanos —decía Águila mientras lo ponían bajo arresto— ¿Vas a dejarlos ahí, a su suerte?

— No se supone que yo sepa que estén allí. Media vuelta —ordenó a Águila para poder colocarle las esposas— Y en todo caso, no sé si lo que dices es cierto.

— Pues sí lo es. Piensa que cuando lleguemos a México, la bienvenida apropiada podría ser para ti y tus hombres —dijo mientras obedecía a punta de Serpiente de Fuego— O podría no serlo... dependiendo de lo que yo diga allá, y resulte ser cierto.

— ¡Cállate! — Vanessa lo hizo volver de la media vuelta con un culatazo en las costillas— ¡A veces te gusta soltar tantas palabras como balas! —y después ordenó a sus hombres— ¡¡Llévenselo!!

Necesitaba tiempo. ¿Valía la pena confiar en la palabra de un mercenario? Y no de cualquiera, sino del mejor que conocía hasta entonces. Por otro lado, podría torcer un poco la naturaleza de su misión con tal de sacar un poco de provecho.

— ¡¡Oye!! ¡Esa M-16 tiene mejor tino que tu viborita! ¡Más vale que no la pierdas! —le gritó al que lo había desarmado.

Y Vanessa se decidió

— ¡Tú, trae su arma de vuelta! ¡Necesitamos pruebas! Es por eso que daremos media vuelta —y luego avanzó hacia donde Juan Carlos, dándole unas palmaditas en la espalda y hablándole al oído— Si todo esto termina mejor que lo nuestro, puede que no te la pases tan mal en el bote —dijo, terminando la oración con una leve sonrisa, que se vio interrumpida por un sonido que cortaba el viento.

Un proyectil venido desde dentro de la selva se estrelló frente al primer Recon, levantándolo poco más de un metro y derribando a los soldados junto a él.

— ¡¡RPG!! —gritó uno de ellos.

— ¡¡¿Por qué no nos dijiste que trajiste a tus amiguitos, Juan Carlos?!! —gritó Vanessa sobre el caos que acababa de formarse— ¡Hombres, avisten!


30-06-2010


Fun Facts

  • No se como griten los soldados mexicanos cuando viene un RPG. Talvez "Granada" o "RPG" no lo sé D:
  • Esto se parece mucho (y es un minihomenaje) a la primera versión de 'Memo el Explorador', allá por 2005.



domingo, 25 de marzo de 2012

Diana IV - This is it


So this is it
Is this where your dreams brought you?
Is this where your life ends?
Or where it really begins?


Make sure you've got enough to lose
Little to sacrifice might not be worth the hell


Look at her
There she is
Eyes-squeezed shut
Embracing herself
Lying at the wind
Defenseless


Is this what you really wanted?
Can't do much for a difference now


There it is
Lying in front of you
Is this where it really ends?
Is this the real monster's face?
Armaggedon? Ragnarok?


Hell of a battlefield
All against all
Bets are off
Stage is set


This is it
At last
The goddamn motherfucking end


So go, embrace her in your arms
And blow promises into the stormy day


And now, look at her
There she is
Staring at the edge
Eyes on the horizon


You've gotten so far
Both of you
Pray for you to see the next day
There is really so little to do now


Say goodbye
But never really mean it
Farewell
Just a look at her eyes
Her big pretty amber eyes


A kiss
A chill in the storm
Rising through your backbone
Delivering pieces of paradise per second


Don't lie to yourself
It might be the last time


Don't screw yourself
It will not be the last time


One last look
'Goodbye'


Turn around
Walk into that Jeep
Don't look back


No room for weakness
No room for sorrow
You love her and she loves you
It's all that matters


So take your gun
Load some ammo
Get ready
For this is the day
Anything that shall come after it is bliss


Just go

04-12-2010


Fun Facts & Easter Eggs

  • Smells like Max Payne



jueves, 29 de diciembre de 2011

Diana II

Foreword

La última entrada del año. ¿O no? D: 



Diana II


Aunque breve, aquel beso se sintió como una eternidad. La noche había caído en aquel claro, ahora iluminado por una pequeña fogata. Las lámparas portables de los guerrillas complementaban la iluminación. La abracé y tomé sus manos. Estaban frías. Recargada en mí, quedó dormida al poco tiempo. Yo, con el perfume de su cabello en mi rostro, cerré los ojos, esperando descansar un poco. Delirando entre vainilla, sentado entre cajas de parque, también concilié el sueño.

Una ligera sacudida a mi hombro bastó para traerme de vuelta de aquella ilusión inundada de dopamina.

— Señor Guillermo —dijo en un susurro. Abrí los ojos y todo estaba obscuro todavía. Sólo vi una sombra.

— ¡Señor Guillermo! —volvió a llamar en voz baja. Al hacerlo pude escuchar como se sacudía ligeramente un arma. Un rifle. Definitivamente era un guerrilla. Por no sé cuánto tiempo me perdí en el paraíso sin saber dónde estaba realmente.

— ¿Sí? —respondí, con la cintura de Diana todavía entre mis brazos, pero no obtuve respuesta. Era evidente que quería que me levantara y lo acompañara. A una hora desconocida, en medio de la noche y con la mujer de mi vida en mis brazos. De haber tenido una mano desocupada lo habría asesinado al instante con la .45.

En los sueños todo es fácil, un rescate salido de la nada. De un lugar a otro en un parpadeo. Todo lo malo se desvanece a voluntad. Y, de repente, una salida mágica. Pero nada es así y todo cuesta más de lo que imaginamos. Resignado a dejar mi pequeño fragmento de cielo, suavemente me despegué de ella y dejé mi mochila como su almohada.

— ¿Memo? —me llamó ella aún entre sueños.

— Debo ir al baño —mentí— Descansa —le sacudí suavemente el cabello. Ella sonrió dulcemente con los ojos cerrados y yo salí de la tienda.

El calor siempre frecuente de la flora sustituía a nuestras cobijas y, de hecho, yo estaba sudando. Finalmente me levanté y me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano.

— Por aquí —dijo.

Nuestros pasos hacían ruido sobre la tierra recubierta en hojas de toda clase, aunque no tanto como el de la fauna nocturna. Mire mi reloj en medio de la oscuridad. 4:30 de la mañana entre fosforescencia. Había dormido casi siete horas y aún así no me sentía con ánimos de otra cosa más que de volver al montón de munición de donde había sido 'cruelmente' sacado, con la excusa de dormir un par de horas más.

Finalmente llegamos a la tienda más grande y la única iluminada. Dos guerrillas en posición de firmes nos abrieron la cortina.

— ¡Es bueno verlo levantado, Guillermo! —dijo nada menos que Vicente. Se veía como si nada hubiera pasado. A pesar de haber tenido un día completo intercambiando plomo con los Dragones, estaba fresco como lechuga. Una mesa en el centro con mapas, radios, tachuelas y otras tantas cosas. Varios alrededor de ella. Pensé estar en una película y me tallé los ojos. Al hacerlo, todo lo sucedido desde que subí a ese helicóptero hacía casi un año vino a mi mente de una manera repentina y un poco violenta.

Y de pronto, la nitidez volvía. Todos mirándome, y ya no parecía un filme. Era tan real como el dolor de cabeza y el hambre que me asaltaban. Diana, al mismo tiempo que enviarme a un lugar que ni siquiera creí existente, también me había devuelto algo del Guillermo que se levantaba todos los días para ir al trabajo. Soñador, inocente y con esperanzas. Qué poco quedaba de ese yo...

— Bien —continuó Vicente— ahora que estamos todos...

El malestar físico, los recuerdos, y el estar lejos de ella, aunque sólo fueran unos metros, eran como una aguja sondeándome el cerebro. Concéntrate, Guillermo.

—... huye ahora por tierra ya que el último helicóptero que tenía está ahora en nuestro poder.

— Sin embargo podrían recogerlos por aire en algún punto de la ruta a la costa —agregó Víctor.

— Así es —respondió— Por eso he ordenado despertar al señor Guillermo. Él y Águila han de contactar con sus amigos de la Naval para hacer un bloqueo entre la costa y aquel otro barco.

— ¿Barco? —pregunté realmente sorprendido. El sueño y el hambre desaparecieron con mi asombro.

— ¡Ah! ¡Creí que sabía! —se sorprendió Víctor.

— Lo mencionaron, pero estaba ocupado con su noviecita — agregó Águila. No lo había visto, pero estaba allí, en un rincón. Los brazos cruzados y recargado en una de las almas de la tienda. Ese tono de odio. ¿Realmente lo era? ¿Cómo pudimos haber cambiado tanto en tan poco?

— El que tiene idea de como contactar a la Naval es él — dije refiriéndome a Juan Carlos.

La verdad, yo me encontraba bastante sorprendido por aquel comentario de la Naval. ¿Es que acaso Vicente no había sido testigo de como los marines mexicanos habían abierto fuego contra nosotros? Siendo más específicos contra Águila; y ahora, ¿se suponía que debíamos ir en busca de su auxilio? Pero pensándolo bien, talvez valía la pena intentar. Si Manolo lograba huir, todo el esfuerzo hasta ahora hecho sería en vano. Y ahora, en nuestra hora más desesperada, no había mucho que perder (en realidad a Águila y a mí talvez, pero eso no era lo importante). Supuse que Juan Carlos habría pensado lo mismo que yo para entonces. Y así, vagando por mi mente y después de un rato de silencio e incluso tensión, él se incorporó de donde estaba.

— Prometo que tendrás tu bloqueo —le dijo a Vicente— Pero presiento que se pondrá feo en la playa. Será todo contra todo... —Vicente, Víctor y los demás asintieron seriamente— Necesitaremos a cada guerrilla allí si quieres evitar que Manolo escape de nuevo... y esta vez no habrá otra oportunidad.

— Tenemos un trato, señor Águila. —concluyó Vicente.

— Sin embargo —agregó Águila, tomando aire— necesito un día para convencerlos. Aprovéchalo para enviar a tus tropas por tierra —se puso los guantes negros y comenzó a caminar hacia la salida— Y en cuanto a mí —se detuvo— Dame una moto con tanque lleno y un poco de dinero. Será una larga búsqueda.

— Hecho — y luego de un rato de espera agregó— ¡Bien señores! ¡Muévanse! ¡El día comienza y ellos ya llevan medio de ventaja!

La reunión se dio por terminada, y justo cuando salí por la cortina, alguien me tomó del brazo. Era Vicente.

— Señor Guillermo —dijo. Comenzaba a hartarme que me llamaran de esa forma.

— ¿Sí? —y sin embargo, ese era mi nombre.

Debo requerir su presencia en la costa —dijo mirándome a los ojos, como para convencerme— Ya ha demostrado su valía en combate y su destreza al frente de mis hombres —continuó— Tu papel en este conflicto es crucial ahora más que nunca. Por favor, no me defraudes.

Había dejado repentinamente las formalidades y vuelto a ser aquél que me había salvado la vida hacía tiempo. Pero ¡Oh, Dios! ¡Cuánto me arrepiento de ser héroe ahora! ¡Cómo me gustaría tomar a Diana e irnos en el primer avión de vuelta a casa! Con toda la pesadilla atrás. Talvez era sólo el sueño lo que me hacía pensar así; sin embargo, era lo que más deseaba.

— Si cree indispensable el estar con ella —dijo— pueden viajar ambos con las cosas en el helicóptero.

Debió haber adivinado mi pensamiento a través de mis ojos.

— Eso no hará falta —se dejó escuchar una voz. Debo imaginar que mi rostro se iluminó, porque eso sucedió con mi alma al reconocer a Jessica detrás de mí.

— ¡¡Memo!!

No hubo palabras. Sólo un gran abrazo que ya necesitaba. Y a pesar de no haberme bañado en días, ella no se quejó como solía acerca de mí. Sólo esa sensación reconfortante...

— Los llevaremos en el Huey — agregó otra voz que yo conocía.

Era Mario, recargado en un árbol con la chamarra negra de siempre y la mirada despreocupada. Un pedazo de mi mundo como una vela en medio de aquella oscuridad. Y la mención del Huey convertía aquella vela en un faro de esperanza. No sólo tendría a mis amigos y a la mujer de mis sueños a mi lado, sino también un buen helicóptero, y una mínima oportunidad de escapar.

— ¡Vaya que luce feliz! —agregó con una sonrisa— ¡Vamos, shamakin! ¡Debemos prepararlo todo para el viaje!

— Sí, otro viaje en helicóptero con ustedes. Qué emoción —agregué con un tono que rayaba en el sarcasmo y un entusiasmo de caracol.

— ¡¡Hey!! ¡Agradece que no eres parte de la guerrilla! Porque, a menos que supieses pilotear esa cosa —dijo refiriéndose al Black Hawk— tragarías agua de pantano como los demás mortales, porque desde Canea hasta la costa más cercana casi no hay caminos.

— ¡Así es, señor...! — dijo Vicente, quien se había ausentado y había vuelto a aparecer.

— Mario —respondió él.

— ¿Y esta hermosa señorita es...?

— Jessica —dijo ella sonriendo. Aquella sonrisa me parecía tan irreal en esa atmósfera tan verde y con un olor a pólvora tan frecuente— Investigadora.

— ¡Vaya! Si los amigos de Guillermo son tan buenos como él, entonces espero tenerlos a ustedes también entre mis filas —dijo sonriendo.

Pude ignorar esta vez el hecho de que Águila y yo servíamos, aunque como comandantes, en estado de prisioneros. No éramos libres de abandonar la lucha hasta que él lo decidiera (lo cual parecía ahora bastante lejano), o hasta terminar muertos (lo que evidentemente era más probable). Águila pasó en ese momento y nos ignoró sutilmente. Debía tomarme el tiempo para hablar con él antes de que cada uno tomara su camino hacia lo incierto.

— En fin. Esperemos que algunos vehículos de Manolo no sean completamente anfibios... Eso los retrasaría lo suficiente...  —dijo Vicente antes de despedirse— Tengo algo de trabajo que hacer... ¡Lo veo en la playa, señor Guillermo!

— Adiós... —me despedí con mi entusiasmo de caracol.

— ¡Anímate, Memo! Esta vez el viaje será diferente y podrás dormir a bordo...

Pero el sueño era lo que menos me preocupaba. Definitivamente sería diferente.

— Quiero que conozcan a alguien...


20-12-2008

domingo, 27 de noviembre de 2011

Diana I


Foreword


¿Creyeron que ya no iba a postear este mes? Ps ¿qué creen?
Namás que no me había dado tiempo, pero ps ahí quedó :D



Diana I



— Nos tienen rodeados, señor Guillermo. No podemos hacer nada.

— "Al despuntar el quinto día" la caballería llegará demasiado tarde.



— Todo esto es tan... raro.

— Jamás creí que sucedería.



— La tienen como rehén. Ella es su única garantía de salida. No la dejarán ir.

— Ese helicóptero no despegará. No con ella dentro.



— ¿Qué?

— Reunirnos. Yo... estar aquí... contigo a mi lado.



— ¿Qué planeas?

— ¡Prepárate, Vicente! Es mi culpa que ella haya terminado aquí, y voy a sacarla aunque me cueste la vida.



— Desde aquella vez... jamás creí volver a verte ¿sabes?

— Nunca lo hubiera adivinado —Memo esbozó una sonrisa.



— ¡¡Guillermo!! ¡¡¡¿Qué carajos haces?!!! ¡¡Espera!! ¡Maldito demente!

— ¡Ven aquí! —lo desafió Manolo.



— Y mucho menos de esta manera —agregó— Todo esto es mi culpa... Yo...

— Shhh —colocó su índice en los labios de Guillermo.



Con el arma en la nuca de la chica, Manolo ordenaba a sus tropas desde dentro del helicóptero, a punto de cerrar la compuerta.


— ¡¡Guerrilla!! ¡¡Carga!! —Vicente ordenó a los hombres que quedaban el avance hacia una muerte casi segura.



— Ya pasó —sonrió ella. El naranja de la fogata brillaba en sus ojos— Ya estamos aquí.

Lo tomó suavemente de la mejilla y lo besó.



La .45 de Guillermo apenas le bastaba para mantenerse intacto. Águila y cuatro guerrillas más llegaban del oeste, justo a tiempo para crear una distracción. Cubierto por Vicente y sus nueve hombres, Memo llegó hasta la puerta del helicóptero, en la cima de aquella pequeña colina en medio de la selva.

Al verse rodeado, Manolo arrojó a Diana, al tiempo que tomaba un rifle semiautomático de un costado del helicóptero con intención de acribillar a Guillermo. Ella se estrelló contra uno de los extremos de la cabina y perdió el conocimiento.



— Vainilla

— ¿Qué dices?

— Tus labios —se perdió en el paraíso de sus ojos.



— ¡¡Fin del camino!! —gritó Manolo antes de apuntarle, mientras Memo corría colina arriba sin detenerse. Parecía que ni siquiera se había percatado y Vicente trató de advertirle, pero sus gritos se ahogaban entre la pólvora explotada por los percutores. Guillermo se había dispuesto a pelear hasta la muerte.



— ¡Eres un tonto! —rió, y rozó la nariz de Memo con la mano, acariciándolo apenas.

— ¡Y tú eres hermosa! —tomó su mano con singular ternura. El tiempo y el espacio alrededor parecían no tener sentido. Sólo estaba ella, que era una luz de tranquilidad y paz en medio de aquel infierno verde.



Avanzó decidido y tan rápido que Manolo lo tuvo casi encima. Alcanzó a dar un manotazo que cerraría la puerta del helicóptero en un instante. Memo no se detendría por nada, pero la trayectoria de una Parabellum atraviesa su muslo derecho. El impulso de la carrera convierte aquella caótica caída en una entrada casi triunfal, derribando a Manolo y cerrándose la compuerta tras de sí.



— Al final, no es tan malo que estemos los dos aquí, Memo.

— Hasta el infierno es el paraíso si estamos juntos.



Manolo tenía todavía el rifle al alcance. Guillermo se levantó rápidamente y le apuntó antes de que éste pudiese hacer nada.

— Bájala, o no volverá a despertar

Memo no se movió. Manolo alzó la mano izquierda para alcanzar la palanca de la compuerta opuesta. Al afianzarse de ella, la jaló para abrirla e incorporarse. A pesar de su complexión, su agilidad le permitió hacerlo tan rápido que en un instante saltó de espaldas hacia afuera, mientras accionaba su rifle. Guillermo apenas corrió hacia donde Diana, escapando del plomo.



— Quiero que me prometas algo.



Manolo emprendió la huída hacia el este junto con el resto de los Dragones, perseguidos por algunos guerrillas.



— ¿Qué?



Miró a Diana y la levantó con suavidad. Al salir del helicóptero, Vicente lo admiró un tanto consternado, tratando de asimilar lo que había sucedido. Guillermo se había trastornado por un momento y, de algún modo, la locura había resultado. Y ahora, cojeando, salía con aquella señorita entre sus brazos.



— Que no me abandonarás aquí. Que estarás conmigo siempre, sin importar lo que pase.

– Te lo prometo —sonrió y lo selló con un sublime beso.



Obviamente continuará...

06-05-2007


About

  • Esta entrada está basada en un borrador de hace 5 años. Unas cuantas modificaciones y ya quedó medio chido :)
  • A ver si no los deja ciegos el color verde (de por sí, el blanco...)



Fun Facts & Easter Eggs

  • Esta entrada está dedicada a la verdadera Diana.
  • Le puse una rola a la entrada. Espero hacerlo más seguido :)



Music

Se supone que la rola va mas o menos con el hilo de la historia (según yo, verdá), así que ahí les van las letras y un link a la canción en MP3 (porque es la versión gratuita :) )

La canción se grabó originalmente para un comercial de Lego allá por 2007, y desde entonces pensé en incluirla en esta entrada (cuando tuviera forma, claro).


MP3: Creeping in my soul — Cryoshell (2007)



Creeping in my soul

Cryoshell (Christine Lorentzen)



I see your face before my eyes
I’m falling into darkness
Why must I fight to stay alive?
Heroes fallen


Wake me, can’t you hear me calling?
Out of darkness they come crawling


Here I am, I am lost in your land
And I hope you will be
Creeping in my soul
Shadows fall, let me out, hear my call
And I'll always believe
Creeping in my soul


Creeps from the deeps gonna be freaking up your mind
Creeps from the deeps gonna be feeding off the spine


I fade away into the night
My eyes are closing in
(They're gonna get you soon)
Shadows are fleeing from the light
My nightmares can begin


Wake me, can’t you hear me calling?
Out of darkness they come crawling


Here I am, I am lost in your land
And I hope you will be
Creeping in my soul
Shadows fall, let me out, hear my call
And I'll always believe
Creeping in my soul


Creeping in my soul it’s getting out of control
I got to find my escape and get out of this black hole
Cause justice in the world is hard to find
Time has come. Got to make up my mind
No matter how deep or remote you hide
All my thoughts seem caught up inside
Creeps from the deeps gonna be freaking up your mind
Creeps from the deeps gonna be feeding off your spine


Here I am, I am lost in your land
And I hope you will be
Creeping in my soul
Shadows fall, let me out, hear my call
And I'll always believe
Creeping in my soul



Y si se picaron con la rola:

Cryoshell @TuTubo
Cryoshell - Wiki
Cryoshell - Band Members
Cryoshell @iTunes
Cryoshell @LyricWiki
Cryoshell @Wikipedia
Cryoshell - The Official Fan Page @libroDeCaras
Creeping in my soul - Lyrics (en un PDF medio pesado)



Próximamente:

La segunda parte de esta entrada, posts inéditos (no sólo de Memo el Explorador), la megadedicatoria acumulada de toda la historia, y un post extraordinario de por qué soy un fraude D:

This is far from over :]





domingo, 9 de octubre de 2011

Fuego Cruzado II

Foreword

Después de esa masiva redundancia y bizárramente bélica cursilería, he aquí la segunda parte.



Fuego Cruzado II


Y tú, vida mía, sé que librarás todas las balas; y ni todo el plomo que descienda sobre ti podrá jamás acabar con tu lucha. Eres así de buena.


— ¡Águila! —escuché decir a alguien. Me saqué la Falcon de la espalda y apunté hacia el dueño de aquella voz, incluso antes de abrir los ojos.

— ¡Tranquilo, hombre! ¡Soy yo! —Aquella figura borrosa resultó ser la de Pedro.

Afuera del camión ya era de día, aunque la abundancia del follaje de los árboles que rodeaban aquel claro bloqueaba la entrada de luz solar. Mis acompañantes ya habían bajado y se encontraban hincados en el suelo, preparando sus armas.

— ¡¿Vas a dejarme de apuntar o qué?! ¡Levántate, pues! ¡Que hoy sí cazamos a los Dragones!

La Falcon de vuelta a su funda y trato de despejar mi mente.


Eres mi heroína


Fast Forward. Desde aquella última noche en la que fuiste mía, hasta despertar en paranoia en la parte trasera de un camión, en el húmedo corazón del Amazonas.


— Todavía te ves dormido, mi buen. Pídele agua a los muchachos de ahí para que te eches un poco en la cara.

— ¿Y el otro camión? —le pregunté. Si Guillermo venía con nosotros, completar el trabajo me hubiera resultado insoportable. Ya bastante era saber que todo este asunto había sido su culpa: lo del campamento de Víctor, el que nos encontraran, la toma de Radio Guerrilla, y ahora esa muchacha. Después de tantos errores, él no tenía que ir a un psicólogo para saber que no había hecho nada bien últimamente.

— El otro MAN se dio la vuelta hace seis kilómetros... —hizo una pausa para sacar un encendedor de las muchas bolsitas de su chaleco y prenderse un cigarro— Y tu amigo... —fumó, y sacó el aire con un soplido medio lento— ...tu amigo y Vicente van a intentar hacer que no despegue el Blak Joc. —dijo sin mucha prisa, volviendo a fumar ocasionalmente—  A ver si se les hace y logran rescatar a aquella señorita...


Vivir sin ti es morir un poco cada día.


Ja —traté de reír para mis adentros, diciéndolo sin ánimo alguno. Odiaba cuando las navidades pasadas se colaban a la realidad.

— Y a nosotros, Aguilín —volvió a darle una buena inhalada a su cigarro, como si fuera el último—  ...nos toca la parte fea. Parar el convoy de los Dragones que van por tierra. Avanzar a pie y cerrar la trampa.


Y yo, no sé si veré el día de mañana


— ¡Pero venga, pues! Te ayudo a levantarte.

Le agradezco, al tiempo que me agarro de su brazo para incorporarme.

Sabía, por supuesto, que aquello de la trampa era meramente un decir. Seguramente debíamos apostarnos en algún punto, no dejar que nadie saliera y resistir el embate del grueso de los destacamentos de Dragones hasta que se rindieran o no quedara ni uno.

Un brinco hacia afuera y estoy en el suelo. Del radio de Pedro, colgado en su hombro, sale una voz hueca.

— ¡¡Muchachos!! ¡Tienen compañía! ¡Tres caballeros por el suroeste a cuatro minutos!

Era bueno saber que Radio Guerrilla estaba de vuelta en operación. No era tan bueno saber que tres Humvees armadas venían hacia nosotros.



*    *    *



Aquel viaje en camión me había dado tiempo para pensar. A través de la ventana del acompañante, trataba de recordar su fotografía. El recuerdo de un recuerdo. Un ícono de la primera y última vez que la vería. Pensando que la he conocido ya en tantas otras realidades. En todas, salvo en esta. Y pensar que lo único que había hecho bien por ella hasta ahora había sido conservar su foto, para hacerla sufrir ahora de esta manera. De todo lo que pudo salir mal...

— No se preocupe, señor Guillermo. Ella debe estar bien —comenzó Vicente, al volante del camión— La necesitan viva si han de conducirnos a su trampa —dijo mientras viraba fuera del camino principal, separándonos de los demás.

Yo no dije nada, y así el silencio volvió a la cabina. Y, como mi esperanza, se veían despuntando unos cuantos rayos de sol a través del gris intenso de las nubes. El monótono rechinar de los limpiavidrios y la lluvia sobre el techo no hacían nada más que ponerme más nervioso. ¿Cómo explicarle cómo es que terminó en medio de la selva? Salvarla. Sobrevivir al ataque. Llegar a tiempo. Recorriendo el plan en reversa. No había atajos.



*    *    *



Aquellos costales apilados servirían para cubrirnos tanto de las HMMWV por el suroeste, como de los Dragones a pie por el noreste; pero no de ambos al mismo tiempo.

Escuchamos el sonido de los motores acercándose sobre el camino. Nos apostamos sobre la barricada con los rifles listos, esperando a los "caballeros". Las Recon, encontrándose con nuestra barrera improvisada, bien pudieron arrollarnos y pasar de largo, pero se detuvieron a unos metros de la línea de defensa. No había nadie al mando de las ametralladoras; y entonces noté también que no estaban camufladas como las Iguanas de los Dragones, sino más bien eran de un verde militar olivo... muy estándar y conocido.

El piloto de la primera bajó con una bandera blanca (o bien pudo haber sido un trapo) levantada con su brazo derecho. Otro soldado bajó por la puerta contraria, apuntando presto hacia nosotros en caso de que todo se fuera al carajo. Reconocí al instante aquella fea arma que portaba.

— En nombre del Ejército Mexicano y la Defensa Nacional, a través de las Fuerzas Especiales, solicitamos pacíficamente la entrega del sicario Juan Carlos "El Águila" Pérez. —o eso fue lo que creímos escucharle con su remedo de tono marcial. Yo me enojé bastante por la inclusión del artículo "El" en mi sobrenombre. Me incorporé y salté la barricada, apuntando con la M16 que traía, como siempre, colgada a la espalda.

— Lo siento, caballeros, pero el Águila jamás será enjaulado —por desgracia no captarían el triple juego de palabras.

— ¿A quién quieres engañar, Juan Carlos? Todos sabemos que no tienes munición en el cargador. —dijo la voz de una fémina. Se abrió la puerta del acompañante de una de las Humvees y salió. Ella.


¿Y si algún día nuestras miras se cruzaran?


Sin palabras, inmóvil. Los guerrillas no sabían si aquellos eran amigos o enemigos. (Y en realidad yo tampoco). Los soldados ya no estaban tan seguros de si era yo capaz de abrirles fuego con la M. Las exclamaciones a través de los radios provenientes de Radio Guerrilla indicaban que ellos no estaban seguros de si seguíamos con vida. Sólo ella estaba segura de que, pronunciando mal mi nombre, me haría salir del escondite sin más ni más.

Una mirada a sus ojos de gato. Grandes, diciendo tantas cosas, reclamando tantas otras. Todos los años, los recuerdos, todo lo que no dijimos y todo lo que no vivimos me golpeó con esa mirada.

— Arréstenlo —dijo Vanessa, sin moverse siquiera. Ambos soldados corrieron hacia mí.


Y sólo estamos tú y yo en este fuego cruzado.


— ¡¡Fuego, fuego, fuego!! —gritó Pedro.

Un guerrilla me tacleó de vuelta hacia el cubierto de la barricada; entonces se desató el primer infierno. Aquel guerrilla era Pedro de nuevo.

— ¡No podemos quedarnos aquí! ¡¡Los Dragones seguramente ya escucharon todo este jaleo!! —gritó sobre el ruido de los rifles (y los gritos de los soldados mexicanos del otro lado de los costales).— ¡¡Tenemos que avanzar por fueras del camino y emboscarlos como podamos!!

Asentí con la cabeza. Señalé a tres de los nuestros para que nos siguieran. Esperaba que cinco pudieran contra los tres caballeros.

— ¡¡Toma!! —gritó Pedro, mientras me daba una Kalashnikova ¡¡Buena hora para descubrir que ya no tenías balas, cabrón!!

— ¡¡Esta chingadera es meramente decorativa!! —grité, refiriéndome a la M y con una sonrisa de agradecimiento. Al instante, comenzaron a escucharse las ametralladoras de las Humvees, y así, dejando a los mexicanos y a la tormenta de mi pasado detrás, corrimos hacia el helipuerto, donde parecía que el combate ya había comenzado.



*    *    *


Llegamos al fin. Los Dragones nos rodearon y nos obligaron a bajar del camión. Nos quitaron los rifles, pero no así mi .45. A punta de espada, nos condujeron colina arriba hacia el helipuerto, donde esperaba un Halcón Negro.


— ¡Bien hecho, comandante Vicente! Pero la próxima vez considere un caballo de madera. —revelándose desde atras del halcón, el responsable de aquel mal chiste. El mismísimo Manolo.

Y ahí, parada, con la misma ropa con la que fue secuestrada, inmóvil, junto al helicóptero y con la mirada al vacío estaba ella.


09-10-2011

About

  • Es de las pocas entradas que he escrito ipso facto (osea que la acabo de escribir y la posteo, con riesgo de errores de semántica, gramática, ortografía y sentido común). 
  • Sí, lo sé. Los diálogos folk no son lo mío.
  • Tampoco lo es Águila hablando en primera persona.
  • Ni Guillermo, porque parecen la misma persona narrando :(



Fun Facts

¿Puedes (y quieres) citar el juego de palabras que no captarían los soldados mexicanos?

(En realidad no se me ocurrió nada para esta sección).