martes, 5 de febrero de 2019

Limbo en Loop


— Llévame a mi casa.


Sentada, en el asiento del copilóto del Volkswagen Type 1; cruzando los brazos en un movimiento. De repente, el enojo, la frustación, el miedo y parte del estrés postraumático se convertían en determinación. Casi no reconozco su voz al imperativo de su última frase.

— ¿Y que sepan dónde vives?  —contesto en automático— No quiero arriesg...

— ¡Ya saben dónde trabajo! —me interrumpe bruscamente— ¡¡Y ya saben dónde vivo!! —Su vocecita crecía a intervalos furiosos- ¡¡Por si no lo recuerdas, fui secuestrada!! ¡Déjame bajar en cualquier esquina, entonces!

— ¡¿... qué?!

— No me mataron antes y, de pronto, ¡¿ahora vienen a matarme?! ¡Apuesto mi vida a que es a ti es a quien buscan! —exclamó, clavando de pronto sus ojos gigantes en mí—. Me la apuesto, literalmente.

Es verdad. Los Dragones no habían encontrado mi Vocho, abandonado estocásticamente en alguna calle de la ciudad más grande del mundo. La habían encontrado a ella. Otra vez. Y por mi culpa. Siempre por mi gran culpa.

Casual. Haciendo una escena en el carro, afuera de su trabajo. Y luego la revelación, como golpe en el estómago, que casi me hace vomitar la poca comida que apenas llevaba en el día:

  • El departamento
  • El empleo
  • El Volkwsagen
  • Paz mental
  • Diana

Había estado tratando de tachar una lista genérica de "cosas" que debía tener. Los requisitos mínimos para la normalidad; y algo más. Fijándome sólo en obtenerlas, negando inconscientemente la realidad que se había cernido sobre mí. Y, por mi culpa, (por mi gran culpa,) también sobre personas inocentes.

La conmoción ya familiar vuelve como un rayo.
Instantánea. No alcanzo a distinguir nada.
Pero sé que he vivido mil vidas en un segundo
Siento el acto-reflejo del vómito en mi estómago.
Una gran contracción involuntaria.
Se encogen mis hombros, mi espalda.
Los siento moverse pero no pasa nada.

Un parpadeo, y Diana está sentada a mi lado en el Vocho.
¿Fast forward, o reset?
Su perfil angelical de siempre. La ira ha desaparecido de su rostro.
Como si nada hubiera pasado. ¿Acaso pasó?
Quiero acercarme a saludarla con un beso, pero mis manos no se despegan del volante.
Paralizado. Ni siquiera mi cuello obedece para voltear a verla.


Vacío en el estómago.
Escalofríos.
Estoy congelado.


¿Déjà vu?



Se hizo de noche.
El Type 1 sobre una avenida.
El acelerador está a fondo pero nada se mueve.
¿Qué carajos está pasando?

Los faros de niebla prendidos, pero no iluminan nada más.
Obscuridad perpetua e infinita delante.
Las ventanas abajo, ¿o los vidrios están rotos?

Rápidamente siento el frío del aire nocturno, haciéndome apretar los dientes y entrecerrar los ojos.
Pero el viento no fluye.
Y la sensación de fuerza no está.
¿Se ha ido la fuerza...? ¿O se han ido mis dientes...?


De repente, ya puedo voltear hacia ella.
Sólo mi cuello al fin obedece.
Mis ojos buscando los suyos.


— Guillermo, Guillermo... ¿Eres acaso tan ciego... o tan idiota?


Un tono condescendiente que no había escuchado en lo relativamente poco que llevamos de conocernos.
Es un enojo pacífico.
Diferente.
Otra vez frustración convertida en algo más.


Y yo, ¿qué hice?
¿Acaso fue llegar en el Vocho con esa actitud de Don Juan...?
¿Eso realmente sucedió?
Correr en círculos amnésicos parece inútil.


— Mírame bien. Estoy a punto de desaparecer para siempre de tu vida. Y no porque yo quiera.



Voltea de pronto hacia el frente, entrecerrando los ojos para pensar la siguiente oración. Uno de sus tics más adorables. De pronto, el parabrisas se hace añicos. Ella parece inmutable.


— Bueno, talvez sí quisiera. Pero no así...



Bajando la mirada un instante, y luego al frente otra vez mientras continúa.


— ¿Sabes que hay que ser el mayor imbécil de todos...


Voltea con ese enojo tranquilo. Esa determinación, apoyada por el hecho de tener la razón. La moraleja que supo desde el principio.


— ... para creer que todo gira alrededor tuyo? Preocuparse por pendejadas y dejar que a lo verdaderamente importante se lo cargue la chingada.



¿Acaso esto ya sucedió?
¿... sucedió realmente?
¿O está a punto de suceder?
(otra vez)


— Memo...


Comienza de nuevo, leyendo mi mente.


— Ya sabes que esto no sucedió.


Deja de hablar y tengo su mirada todavía clavada en mí. La escucho con claridad en mi mente.


«Está sucediendo»

«Dentro de ti»

«Y seguirá sucediendo»


Deja escapar por un instante una ligera sonrisa, no por eso menos sincera:


«oJaLÁ»


De pronto, con la prisa y el ánimo de alguien que ya lo ha ensayado, se acomoda en el asiento, (des)acomodándose la blusa para lucir descuadrada. De pronto, la telepatía se esfuma y usa los labios otra vez.


— Sólo por curiosidad...



Se vuelve a acomodar a movimientos rápidos, alborotándose el cabello con las manos y tres o cuatro sacudidas de cabeza. Caos premeditado


¿Cuántas veces soportarías verme morir?


Estira su mano, lentamente, hacia el stereo y, con un ligero toque, lo hace estallar en cámara lenta.
Cero gravedad en slowmotion.
Las frecuencias graves del sonido llegan con retraso a mis oídos.
Ella, contemplando las partículas suspendidas en el aire.
Jugando con ellas.
Combinando con el frizz de su cabello cargado por un aire eléctrico.
Caótica armonía.


Su mirada otra vez en mí. Las partículas del stereo se diseminan por el carro. Transformándose en otras de rellenos de asiento, vidrios rotos y tapicería.


«Ya estás aquí, aunque no quieras»

«...y no hay mucho qué hacer»

«Mátate. Bésame»

«Trata de detenerlo todo»

«No hay caso»

«No recordarás nada de esto y al final nada importa»

«Y, ¿acaso no es así la vida?»



«Lo sabrías más tú que yo. O eso pareces creer»

«Mientras estemos aquí, no hay certeza de quién está vivo y quién está muerto»


Una bala se materializa casi junto a su cabeza, rompiendo su cinturón de seguridad desde atras, atravesando después el inexistente parabrisas delantero, y desapareciendo en la oscuridad frente al Escarabajo.

Se acerca hacia mí. A un beso de distancia. Si tan sólo pudiera moverme... Y luego, con la voz más dulce del mundo:


—  Llévame aquí


Un ademán por agarrar mi pecho.


A un centímetro de distancia. Un toque de su mano y mi corazón estalla.


Toda la pólvora de aquella noche implotando y explotando dentro de mí en una conmoción eléctrica que devuelve el fluir del tiempo con una sacudida sísmica, llevando al sedán a una volcadura que se proyecta fractalmente hacía la vacía obscuridad del infinito.




*    *    *



— ¡¡No reacciona, doctor!!



*    *    *



El sol de un medio día de verano caía sobre la ciudad. Parado en la banqueta, recargado en la puerta del copiloto del VW Type 1, estacionado en la calle Castilla Oriente, Azcapotzalco. El brazo izquierdo cruzado y un vaso de agua de horchata en el otro. La veo salir del edificio y la saludo a la distancia, al otro lado de la calle. Queda petrificada al verme.

Finalmente la convenzo de subir de mala gana al Vocho. Enciendo el motor y, acto seguido, sólo cruza los brazos y lanza una orden seca.

— Llévame a mi casa.




01-01-2018

lunes, 13 de febrero de 2017

Running on fumes


I'm running on fumes right now
Barely alive
Running away from reality

Falling high

Triggered by the mere act of just knowing
the portion of real-life dreams that were originally denied,
By touching them, by getting to know them whole
By ultimately twisting and corrupting them

And now, awakening
Somehow managed to take away my whole will to live
Almost

Only this picture remains
As the ever-degenerating symbol of everything I never lived
Of everything I missed
By one fucking bit

Destroy a man's will by giving him the one thing he desires the most
The key is just to mess up the timing a little
... or a lot


I am not a blind believer of our suicidal mission's success
I only believe in our impending fall, indeed


And life

... life will take care of the rest



*    *    *



Realmente estoy descendiendo hacia la locura

Cartas sin destinatario
Con un remitente dentro de mí que no conozco

No tanto, todavía


Los recuerdos se mezclan entre sí
Los bellos y los que prefiero olvidar


Reales y ficticios
Sueños y tormentos
Anhelos y pesadillas


Sumado a las alucinaciones inducidas por el constante rush de adrenalina


El coctel perfecto de ansiedad


Extraño despertar sólo por los sobresaltos justificados por la guerra y la violencia
Y no por todo lo que han hecho surgir en mí

Las balas no tan perdidas son el menor de mis problemas
El frío omniprescente se mezcla con el fondo
El horizonte monocromático contra el permanente ruido blanco en mi cerebro

Las líneas se distorsionan
Los días también se mezclan
Las horas escurren como segundos
Logs llenos de blackouts

De repente ya es lunes otra vez. O talvez jueves
Es difícil discernir sin ver el sol salir
¿Será el halógeno, o la anfetámina que talvez le pongan a lo que aquí llaman café?

Y, a pesar de arrastrarte conmigo a la locura
Son también tu ancla

No sueltes la pluma ni el papel
No los pierdas nunca




*    *    *



Cuando no recuerdas si lo pensaste o lo escribiste
... sabes que al menos no lo dijiste...
¿Y a quién se lo ibas a decir?


Será que el remitente y el destinatario se vuelven un loop infinito
Cartas sin enviar que ya has recibido.



30-11-2014

viernes, 25 de abril de 2014

Intro - This is me

This is me, not getting all I ever wanted.

Then, this is me. Screwing up how I got what I've always wanted, even when I never deserved it in the first place.

And this is me, seeing how it all was just an illusion. How it never felt real.

Then, this is me. Screwing things up beyond all repair, just to see, just to know if they were ever real.


And they were real
 

Just as this pain is right now.

Finally, this is me. Making one last stand.

Cause, sadly, I'm not dead yet.

 

*    *    *



I

¿Por qué empezar esto en inglés?
Puede ser en nombre de la internacionalización
Para que lo entienda quien lo encuentre
¿Y quién crees que encontrará esto? 
¿Crees que alguien lo leerá?
Sólo estás desperdiciando provisiones
Gastando papel. Y la tinta de la única pluma
De eso a que se congele... Qué más da...

Pudiste haberlo intentado en francés o alemán
O hasta tu natal español mexicano
Pero el inglés se ha vuelto la roca a la que te aferras
Rogando no quedar a la deriva
De tu español mezclado entre tantos otros:
Ruso, ucraniano, azerí, turco, georgiano, kazajo, hindi, portugés, finés, noruego

Cualquiera pudo haberlo traducido a cualquier otro
Y es que se hablan tantos otros idiomas aquí

Pero el inglés es ahora el único puente
Entre la supervivencia y lo otro

México no es el ombligo del mundo
ÉSTE es el ombligo del mundo
Y es un abismo

Ser linguista precolombino no sirve de mucho aquí
Ya no hay National Geographic. Ya no hubo AMNH
Pero seguro hay palabras y frases en todos los idiomas que se acomodan a tu situación


Fucked Up Beyond All Recogniton


C'est la vie, foutre dans la merde
Dreit seg

Abgefuckt


Fodido


 I've said fucked up already



Y Ella


Mon amour


Meine Liebe


My love


Mērā pyāra


Min kjærlighet



Distintas versiones de la misma frase
Pero intercambiarlas no logrará cambiar tu historia

¿Qué idioma te es más ajeno?
¿ ...más dramático? ¿ ...menos doloroso?
¿Cuál es el idioma de la resignación?

El inglés, seguramente



II

Comisión por parte del Ejército de la Federación Rusa
O una subsidiaria de mercenarios a su servicio
Debe pasar por varios intermediarios
Talvez por eso a veces ella se pregunte... a veces te preguntes
por qué el pago viene en un sobre, dentro de otro sobre
A veces incluso dentro de otro más
Dinero lavado. Rubles por dólares. Todo en efectivo

Y, como dice Sabines,
No es mucho, ni es poco
Es bastante

Bastante para que ella sepa que yo no le convengo
Que nunca le convine
Bastante para volver a hacerse una vida. Buscar a otro
Por necesidad. Para darle un padre a nuestra hija
Uno que sí esté
Que vaya a los festivales que me he perdido y más
Bastante para rehacerse la vida por el mero gusto

Aquel otro, ideal
Uno con menos conciencia humana y más conciencia social
¿O era al revés?
En fin, uno sin un complejo de culpa que lo haga andar en círculos
Como el perro de las dos tortas perpetuas
Cambiando de opinión tan pronto avanza el segundero
Círculos que llevan a ninguna parte

Y es aquí donde estás ahora
En ninguna parte


Y hay tormenta de nieve...



viernes, 14 de febrero de 2014

Diana III - Closer to the truth


Y así viajamos
Jessica y Mario al frente
Atrás tú conmigo
Dormida. Mecida por la leve turbulencia del heli
Y el latido de mi corazón en tu oído

Y transportándome a sueños
Desde el sabor de tus labios
El perfume de tu cabello
La vida que surge de tu voz


¿Ya nos vamos, Memo?

Dime, ¿a dónde me vas a llevar?

¿Qué hay ahí?

¿Y nos iremos? ¿Sóloy yo?



Todavía recuerdo cómo te desperté
Cómo no pude explicarte lo que iba a pasar
Tu sonrisa, que hace siempre juego con tus ojos
Y el sueño y el cansancio
Las cajas y mi mochila
creando una armonía tan sublime


"Vamos a Santarém. Ahí podremos comprar ropa nueva.
Bañarnos y descansar como se debe.
Dormir en camas de verdad."


Ante esa sonrisa
No pude decirte más
Ni al estar comprando las cosas,
ni cuando terminaste de bañarte

Ni siquiera cuando me despertó el mono-tono del celular que Vicente me había dado.


— Señor, Guillermo. Sólo llamo para recordarle el trato que teníamos usted y yo, y que era parte de un acuerdo al que usted y Ág...

— ¡Comandante, los Dragones...!
— ¡¡Cállate!! ¡Qué no ves que estoy hablando por teléfono!
— ¿Con un radio?
— ¡¡Conmutado!! ¡Ahora déjame en paz! Ahh...

» Habíamos acordado que nos veríamos hoy mismo de regreso. Sin embargo, usted no está de vuelta.

» Así que quiero invitarlo a pedir una prorroga porque, verá, usted sabe que en este momento mis recursos son limitados, y que no puedo hacerle cumplir su promesa mediante su vida o la de su novia. Pero nada me impide ponerle una bala en la cabeza a su compatriota justo ahora; lo cuál sería una lástima, porque ha cumplido con su parte estupéndamente.


« ¡¿Qué carajos quiere de mí?! »


Sé que sufrió una herida en la pierna, así que por ahora justificaré su ausencia con su capacidad limitada de movimiento...

» En fin, el alma de Juan Carlos es mi única garantía de que usted volverá, como dijo que lo haría. Espero que el cargo en su conciencia que supondría su muerte sea suficiente para que considere las cosas, y tenerlo aquí mañana a primera hora.

» Porque una promesa es una promesa, Señor Guillermo.


Aquella noche no pude dormir
Por todas las razones equivocadas

Desperté a Jessica y a Mario a las 4 de la mañana
El mensaje grabado y mi mirada los convencieron


"Diana, amor... Nos tenemos que ir."

"¿Mmhh...? ¿Ya? ¿A dónde? ¿A México?"

"No."


Y lo demás no te lo dije.


Tengo miedo
de volver a perderte a merced de ellos
o del destino mismo

Y tampoco quiero llevarte conmigo
porque es posible que no vivamos para ver el sol salir mañana
La verdad es que lo único que quiero es irme contigo
Lejos. Volver a casa

Y aquí estamos. Al amanecer
Tú a mi lado. Tu cabeza en mi hombro
Y yo, pensando en cómo he de explicarte
que no seguí mis deseos,
que no hice lo que quería
y terminé trayéndote de vuelta al Infierno Verde

¿Cómo explicarte que debía volver?

Sólo te engañé regalándote ese día
Ese día a medias contigo
Paraíso ahora perdido

¿Cómo explicarles que no puedo dejarte ir?

Quiero leer tu mente
Adivinar lo que piensas
Aunque en el fondo sé
que la única pregunta rondándote es
'¿Por qué no nos fuimos juntos cuando pudimos?'
Sólo tú y yo
Adiós guerra. Adiós pólvora
Yo cojeando, sí. Pero juntos
Solos tú y yo

Trato de acariciar tu mano, pero ya no estás
Te has ido a contemplar el horizonte
El viento soplándote en la cara...

Decidí hacerle frente a mi destino
A mi deber. Al correcto
Al que accedí para llegar a ti
Al que, por más que me gustaría hacer trampa
Y dejarlo todo y a todos,
No puedo renunciar



Closer to the truth
Cryoshell



Destiny is hard to meet
It'll hunt you down somewhere along the way
Don't you see we're meant to be
The prodigies that came to show the way

'Cause I don't wanna rule the world alone
None of us can make it on our own
I'm screaming but I cannot hear a sound
The suffocation slowly comes around

Loneliness eating me inside
It's burning me alive
I'm travelling in my mind
And flying through a thousand lonely souls that cry
In swamps of evil lies
We're Closer To The Truth now
Take me home

Don't believe it's dark to see
When the sun has left you at the end of day
Suddenly it's hard to breathe
Resting in the trenches won't you say

Loneliness eating me inside
It's burning me alive
I'm travelling in my mind
And flying through a thousand lonely souls that cry
In swamps of evil lies
We're Closer To The Truth now
Take me home

06-05-2007
20-12-2008
14-02-2014

lunes, 6 de enero de 2014

Águila II


Me disculpé con Jessica y Mario. Diana debía seguir durmiendo, así que me dispuse a buscar a la única persona que creí que entendería cómo fue que nos involucramos en esta guerra. Una guerra que era, al principio, más mía que nuestra, y que terminó por golpearnos a ambos en un nivel muy personal. Todos sabían lo de Diana, pero yo sólo tenía rumores de lo que había acontecido exactamente en aquel tiroteo con nuestra propia Marina Armada.

— Si quieres que limpie por última vez tu .45, déjala sobre la mesa. Igual, ya casi me voy.

Lo encontré afuera de una de las tiendas, arreglando sus cosas sobre una mesita de madera podrida ya por la humedad. Vicente le había dado la moto como había prometido; si es que a esa chatarra podía llamársele moto.

No supe qué decirle y él ni siquiera levantó la mirada. Odiaba cuando hacía eso. Sabía que yo estaba ahí, pero no se dignaba a hacer más que reconocer mi prescencia al mismo tiempo que ignorarme. Un guerrilla se acercó para traerle una caja llena de cargadores con balas para su M-16, todavía con sangre seca de los Dragones a los que habían pertenecido.

— Gracias, Pedro.

Me di cuenta de que no era que no quisiera que nadie lo molestara.

— Buena suerte, mi Aguilín —respondió, después de dejarle la caja en el suelo.

Y no era que Águila no quisiera hablar con nadie.

— ¿Irás en la primera avanzada?

Era que no quería hablar conmigo.

— Nah. Me toca escoltar a Vicente. Dicen que los Dragones todavía tienen una posición de artillería por ahí en la selva. Disque con blanco en nosotros. A ver siscierto. Por lo mientras, hasta aquí.

Pedro le extendió la mano a Águila, que estaba sentado en una cajita de madera a punto de romperse. Éste se levantó mientras correspondía al saludo.

— Cuídate, cabrón. —Se dieron un abrazo efusivo. De esos con palmaditas— Y gracias por salvarme el pellejo. Dos veces.

— Simón. Cuando quieras —respondió Pedro.

— Ps a ver si nos vemos en la playa.

— Ps a ver... —Y, después de darse un último apretón de manos, se fue sin más. Águila volvió a su precario asiento.

Tras haber sido testigo de su despedida, e ignorado casi por completo, obedecí a Águila. Dejé mi Colt en la mesita, esperando que el peso del arma no venciera sus enclenques patas. Él siguió un rato en sus asuntos, hasta por fin volteó a verme, y luego a la semiautomática en la mesita. Quitó entonces sutilmente un papelito de abajo de la pistola.

— ¡Una foto! —dije sorprendido, refiriéndome al pedazo de papel que yo había confundido con cualquier cosa.  Él sólo me miró a los ojos medio segundo, antes de guardársela en alguna parte del chaleco.

— Perdón —alcancé a decir.— Está algo maltratada. Parece que la rescataste de la basura...

— Espero que ésta sea la última vez, y que aprendas a limpiar tu propia arma —dijo sin contestar nada— Pagaría por ver qué pasará cuando intentes disparar con un percutor oxidado.

Traté de no cometer más errores y saltar de lleno a la plática.

— Está bien. Te entiendo. —De la primera forma en que se me ocurrió.

— ¡¿Qué?! —y, aparentemente, la más estúpida.

— Sé como te sientes.

Él explotó.

— ¡¡¡¿QUÉ?!!! ¡¡Tú ni siquiera me conoces!!

— Sólo digo que... por ejemplo... ambos conservamos una foto. Ambos estamos en medio del Amazonas...

— ¡¡Cállate, Guillermo!! ¡Si te seguí fue porque no tenía nada que perder!

Águila bajó la mirada. Debía estar haciendo un esfuerzo por no sacar una bala de la caja de municiones y hacérmela tragar a golpes. Levantó un poco el puño que llevaba apretando desde el último grito, y estuvo a punto de golpearlo contra la mesita, de no ser porque, aparentemente, su sentido común le hizo notar a tiempo que aquel pobre mueble no lo soportaría.

— Tú no sabes cómo es —dijo por fin, con el puño aún apretado.— Cómo es estar ahí. Vivir así. Llegar al punto de no sentir nada —hizo una pausa para bajar el puño.— No tener sueños, ni esperanzas, ni nada por delante. Sólo los recuerdos... Los pinches malditos recuerdos— lo miré con los ojos bien abiertos, dándome cuenta de que ésta era la primera vez que platicábamos de verdad.— Repetir una y otra vez en tu cabeza cómo fue que cometiste cada error. Cada decisión equivocada. El camino que seguiste. Viendo fracasar aquel último intento por volver a comenzar. No teniendo otra opción...

Negó un par de veces con la cabeza. Despacio, con la mirada perdida en cualquier lado. Como quien a cada hora se pregunta por qué la muerte no se lo ha llevado ya.

— No sabes cómo es —continuó.—  Arrepentirte de lo que no hiciste. De lo que no viviste. Saber que sólo sirves para esto. Y al mismo tiempo, hacerlo tan bien. Hacerlo como nadie. Preguntándote si acaso hubieses sido bueno para otra cosa. Hacer pasteles. Pintar cuadros. Escribir libros. Otra cosa...

Fruncí un poco la boca, creyendo comprender por dónde iba la cosa. Él lo notó.

— Pensarías que si pienso lo que estoy pensando entonces debería retirarme —y continuó antes de que yo pudiera decir nada.— Pero después del retiro ya no hay nada para mí.

— Creo...

— Y que sea ésta —me interrumpió— la última vez que creas que me conoces. Y que creas que me entiendes. Porque tú y yo no somos amigos.

Y siguió medio minuto de silencio. Uno. Él alternaba su mirada entre mí y la .45. Supuse que había dejado pasar el tiempo para que realmente comprendiera yo las implicaciones de aquella última oración. También supuse que miraba la .45 para comenzar a limpiarla o, siendo paranoico como él solo, para impedir que cometiera yo alguna irracionalidad.

— Pero, y tú —dijo más tranquilo, tomando mi .45 y subiendo los pies a la mesa, que crujió en agonía,— ¿crees que tienes problemas? —le quitó el cargador a la pistola.— Mírate. En tu fantasía, llena de riesgos y peligros y realidad en dósis a la cara —comenzó a desarmarla.— De repente, ya tienes la vida resuelta —botó algunas partes en lo que quedaba de espacio en la mesita.— ¿Qué crees que pasará después?

» Si sales vivo, con la evidencia que has recolectado, serán unos imbéciles si no te contratan en NatGeo.

Águila limpiaba el percutor con una franela, con un ímpetu y familiaridad sólo conocidos para él. Las balas sobre la mesita chocaban levemente entre sí, produciendo aquel tintineo ya familiar.

— Y ella. Soñaste con volver a verla, y ahora duerme en tus brazos— la Colt estaba ahora completamente desarmada.

— Es cierto. Sólo que, todo esto es tan irreal. Hasta somos prisioneros de guerra, y todavía no puedo creer el estar aquí. Y todo lo que ha pasado... Como un sueño, pero no.

— A veces eres brillante —dijo Águila ante lo obtuso de mis palabras.— Sé que tienes miedo. Que sabes lo que puede pasar. Que es probable que mueras ahora, teniéndolo todo.

— Es sólo la falta de realidad. De mi realidad, al menos.

— ¡¿Y qué otra realidad quieres?! —me miró por encima de la mesita, las partes de la pistola, las balas y sus propias botas. Comenzó entonces a armar la pistola de vuelta, tan seguro de lo que hacía como de lo que estaba a punto de decir.

— Disparas, y el retroceso de la pistola te lastima el hombro. El sonido de la detonación te deja temporalmente sordo —me miraba a los ojos, mientras que sus manos se encargaban del arma.

— En lugar de atravesarte la pierna, esa bala pudo haberte partido el cráneo —y luego hizo una pausa.— ¡¿Qué más quieres que te suceda para estar seguro de que no estás soñando?!

Estaba seguro de que él no me conocía. Sólo habíamos platicado un par de veces sobre asuntos que no fueran propiamente de la expedición. Le había confiado mi vida a un extraño que creía entender, y del que me sentía protegido. Sólo la ilusión de certeza.

— Tu carrera. Tu trabajo. El departamento. Nueva York. National Geographic. Todas esas tonterías de las que te preocupas. ¿Qué crees tú que es más real?

— "No le apuntes a nada..."

— "...que no estés dispuesto a ver muerto" —sonrió al completar la primera frase que me salió de la mente. El arma estaba casi lista. Tomó las balas regadas en la mesita y empezó a rellenar el cargador.

— Una de éstas en la cabeza —dijo, con la última Parabellum entre los dedos— y nada te puede traer de vuelta.

Había ya colocado el cargador. Aquella bala la cargó manualmente en la recámara. Finalmente, me entregó el arma, pero sólo la soltó hasta que terminó de decir lo que debía:

— Ya la trajiste hasta aquí. Lograste lo imposible. Tu culpa o no, ya le salvaste la vida.

» Pero para que este cuento termine bien, deben salir con vida de aquí. Ambos.

Un crujido. Rápidamente se incorporó. El impulso con el que lo hizo terminó por destrozar la cajita que lo había sostenido. Inmutable, puso algunas balas 5.56 sobre la mesita y comenzó a cargar su propio rifle, mientras me dijo lo último de aquel día:

— Sí, somos prisioneros. Atrapados en medio de una guerra que se ha vuelto nuestra. Y la única forma de salir de aquí es ganándola. Así que creo que los dos sabemos qué es lo que tenemos que hacer.



About

Esta entrada es la secuencia de Diana II. Le antecede a Diana III, y se le hace referencia en El fin del principio. En realidad no supe qué poner aquí.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Train of life


And you got left behind
By the ones you met,
the ones you grew fond of
By the ones you learned to love

Sometimes they just say goodbye
They don't realize they're leaving
Thinking it's just the world outside in motion
And that is life just passing by

So they're the ones who leave
And non stopping unto death
Leaving without turning back
In this mercyless train of life

Some of them call you friend
Though some tend to forget
Saying you are letting them go
But you are the abandoned one

You find yourself in the bench
Waiting for the chosen one
For the one to share the Pullman
But no one seems quite in the mood

And true friends sit next to you
But no one can wait forever
And you watch them go on the rail
Gone forever. Far away

Though some of them stay true
Always sitting next to you
Turning hours into seconds
Watching day come afternoon

Times when friends are more than gold
What saves for you the horizon at the break of dawn?

And what awaits you?

When you are the only left
Left alone. Left behind
Lying in your bench of sorrow

You may just stay the night
Sleep on your side. Hoping for a better tomorrow
Or may as well get down the tracks
And start walking the longest mile

But thread careful down the rails
The path you choose is the only one you'll wander.

And watch yourself for each step given
For life takes it all
No one's forgiven.

24-10-2011@11:04 p.m.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ready to Strike II: "Te amo, María"


Entrada anterior: Ready to Strike I: Corvo




 Y sus miradas se unieron


Y ambos se contemplaron a través de aquellos ventanales blancos
Mientras sus ojos hablaban de besos
En el pretérito de algún futuro posible
Prometían besos. Pedían besos
Deseaban besos. Suspiraban besos


Una confesión en silencio
Una alegría contenida
Una sorpresa repentina
Rematada por una sonrisa tímida y sincera
Obligándolos a bajar la mirada por unos instantes


Su tercera y más deliciosa fuente la encontró allí...


Teniéndola ahí enfrente, bajo la estela celeste
Su cintura entre mis brazos
¿Qué más habría que decir?

Ella había sido mi oásis en esta isla
La única y verdadera razón para no volverme loco durante los últimos treinta y dos meses
Rodeado por sólo mar y más mar
Y la razón de no volverme loco en el caos que se desataría ahí afuera
Al enfrentarme a sabe Dios qué, en sabe Dios dónde

Al subir a ese helicóptero, no habría marcha atras
Sin garantía de regresar con vida
De si volvería a verla
De si ella me esperaría

Porque a las palabras se las lleva el viento
A todas las palabras
Hasta a las de ella y las mías
Esta brisa marina
Que rogaba no nos separara
Al menos no tanto
Al menos no todavía

¿Y qué sería de mí?
De mí sin ella y de ella con nada más que la bici que aquí dejo

Si el tiempo se detuviera por dos amantes
En una isla en medio de la nada
Lo maldigo. A él y a mi elocuencia

Tantas cosas hay que quisiera decirle
Todo lo que veo en el brillo de sus ojos
Cómo me gusta su sonrisa
Que su voz resonará en mi mente
En medio de la guerra y el caos

Que si he de caer, mis últimas palabras serán 'Te amo, María'
Pronunciadas con mi último aliento hasta la eternidad
Que no quiero que sea ésta la última vez que la vea
Y todo el miedo que tengo de a veces saber que así será

Sólo una guerra, y toda una vida sin preocupaciones en este paraíso
O en cualquier otro
Siempre a su lado

Empezar una vida
Sobre el legado del acto que definirá mi existencia
Y hasta comprar el restaurante

Hoy empiezo a morir un poco
Para comenzar a vivir el día que vuelva a pisar esta isla
El día que ella vuelva a mis brazos


Te amo, María


*    *    *


No supo por cuánto tiempo se quedaron así, casi bajando a ratos la mirada, dibujándose quién sabe cuántas sonrisas en sus rostros. Procurando no evocar a la tristeza, ni al sabor amargo del adios. Así lo habían prometido. Y es que la alegría de tan sólo volver a verse casi opacaba el dolor que provocaba aquel encuentro nocturno. Casi.

— ¡¡María!! —les interrumpió María— ¡¿Es que acaso no te piensas mover?! ¡¡Ya está cerrado!!

Pero ella no se movió.


*    *    *




Aunque las sillas ya se encontraban sobre sus respectivas mesas, Richard ayudó a María a bajar las cuatro de una de las que estaban junto a la ventana sur. "Si lo vas a dejar pasar, haz que pague su consumo", le había dicho María, la dueña del restaurante, junto con el ya clásico "Te dejo las llaves, pero cierras bien". Ambos se sentaron en las sillas junto a la pared, colocando sus manos sobre la mesa, y tomando siempre las del otro. Una sonrisa más de María sin saber qué decir.

— Voy a poner un café —dijo por fin. Soltando de repente las manos de su amado y levantándose rumbo a la cocina.

— Te ayudo —fue lo primero que se le ocurrió a él, levantándose también.

Ambos fueron entonces rumbo a la cocina, hasta que ella se detuvo frente a la pared que la separaba de su meta.




—Espérame aquí, ¿sí? —Le señaló la ventanita de servicio que dividía la cocina de la zona de mesas— No me tardo.

Ya dentro, llenó el pocillo con agua del garrafón. Al ponerlo a calentar, trató de secarse una lágrima como pudo, notándose en su respiración aquella onomatopeya del llanto reprimido.




Él desobedeció su indicación y entró como pudo. Desde atras, la abrazó de la cintura, envolviéndola en sus brazos.  Y, dándole un beso en el cuello, se preparó para decir la oración más importante que habría dicho hasta entonces en toda su vida.

— ¿Sabes? Creo que nunca te lo he dicho. Pero, te amo.

Pronto, el calor de la estufa convirtió el posillo con agua en un susurro, haciéndose cada vez más fuerte.


Spoiler Alert


This is Starling two-four, sitting on deck, over. —El acento escocés del piloto invadió el canal del radio— We are outbound in fourty seconds. Awaiting for cargo on board.


Eran casi las once de la noche. Recien puesto el impermeable, Roger Morton salió a cubierta, recibiendo de inmediato las implacables gotas lluvia en la cara, combinadas con el sabor de la brisa marina. Además de los dos pilotos del MH-6, la tripulación presente en ese lado de la cubierta se limitaba únicamente a un oficial anónimo, haciendo guardia en la puerta de salida. Morton lo saludó sin muchas ganas al salir, aunque ni siquiera pudo distinguir si éste le respondió.

Como pudo, se sentó sobre la barra de "tripulación táctica". Al terminar de ajustarse el arnés, dió un par de palmadas al fuselaje del helicóptero. Alistó su M4. Mera burocracia. Sabía que no lo necesitaría. Ésta sería una reunión de hermanos. La voz del piloto se dejó escuchar de nuevo.

Alright, my' mates. We are out.


22-06-2013@08:27 p.m.

martes, 19 de noviembre de 2013

Tras el escarabajo (Intermedio)


Frente a ellos el Vocho se desmorona, dejando rastros de aceite y la defensa en el camino. Con una rapidez inesperada, dobla en una esquina hacia la izquierda y el BMW hace rechinar las llantas al tratar de mantenerse al paso.

— No puedo creer que ese infeliz escarabajo siga corriendo.

— Ingeniería alemana de los cuarentas.

— Ah.

Morton y Foston eran los responsables de aquella persecución nocturna que interrumpía la calma de Eje 1 Poniente.

— ¡¿Tenemos más cartuchos?! —preguntó Morton por sobre todo aquel ruido, mientras seguía disparando al Vocho negro desde el quemacocos del Beamer— Éste está casi vacío.

— ¡Fíjate en la guantera! Ahí puse tres.

De pronto, el VolksWagen gira bruscamente en medio de la avenida, volcándose sobre sí mismo. Foston maniobra el M3 para no chocar, rebasando al Sedán y derribando a Morton de su puesto de tiro.

— ¡¡Hey, imbécil!! ¡Más cuidado! —grita tratando de incorporarse.

— ¡Quita tu maldita cabeza de la palanca!

— ¡Mira! ¡Encontré uno lleno!

Por el retrovisor, Foston veía al Vocho terminar su barrida sobre el pavimento hasta quedar inmóvil. Metió el freno de mano al tiempo que giraba a su izquierda, derrapándose en media vuelta.

— Bien, acabémoslo —dijo Morton terminando de cargar el G36.

Tiene el rugido de una pantera —manejado por Foston, el Beamer daba acelerones con la caja en neutral. Como si hiciera falta intimidar a personas agonizantes.

— ¿Y tenía que ser amarillo?

— ¡Yo no elegí el color!

— ¡¡Arranca ya!!

El BMW quemó llantas al arrancar. Al instante, otro auto esquivaba una defensa en medio de la calle y giraba a la izquierda, entrando a Guerrero y quedando frente a ellos.

— ¿Y ése quién es?

— Algún despistado sin suerte. También te lo cargas con el rifle.

El tercer carro avanzó rápidamente hasta frenar bruscamente hacia su derecha, quedando de perfil. La sombra de un Mini Cooper se dibujaba, mientras el Beamer se encontraba a doscientos metros del escarabajo.

La puerta izquierda del Vocho se abrió, cayendo Guillermo de un golpe hacia el pavimento.

— ¡¡¡Dispárale, Morton!!!

De la ventana del conductor del Mini salió, como un cometa, una estela de humo, casi como vapor, seguida de un sonido que cortaba el aire a su paso.

— ¡¿Qué demonios?!

— ¡¡RPG!! —gritó Foston, dando un volantazo a la derecha para tratar de esquivar al cohete. Éste paso de largo al M3 e hizo estallar a algún pobre auto estacionado a un centenar de metros.

El Beamer se encontraba ya en alto total. El copiloto del Mini descendió y, sin retraso, comenzó a vaciar el cartucho del subfusil que portaba sobre el BMW, que se encontraba lo bastante lejos como para no distinguir a su atacante. Aquel salvador armado corría hacia Memo sin dejar de disparar.

— ¡¡Arranca!! ¡¡Ya!! ¡¡Vámonos!! —exclamó Morton, mientras se agachaba en el asiento del copiloto.

Foston dió un arrancón en dona y aceleraron a toda prisa sobre Guerrero, en sentido contrario. Un cartucho de MP5 cayó al lado de la cabeza de Guillermo, mientras el sonido de otro RPG provenía desde el Mini. El M3 apenas se las arregló para evadirlo, desapareciendo de Eje 1 Poniente y dejando una explosión tras de sí. Aquella figura en negro se hincó para tratar de ayudar a Guillermo, quien ya había perdido el conocimiento.


Fun facts & Easter Eggs



Spoiler Alert

— ¡¡Cuidado!! —gritó Gabriela instintivamente al ver la defensa a la mitad de la calle.

Sara giró el volante del Cooper hacia la izquierda tan rápido como pudo— ¡¡Maldita sea!! Espero que no sea muy tarde.


 12-10-2011

martes, 12 de noviembre de 2013

You are...

You are life. And chaos
Uncertainty
A set of good choices gone wrong
Real-life miracle

You are an empty promise
Just freedom. And hearbreaks
Always hearbreaks
You are an errant soul

You are lies. White and black
A double standard
Half hypocrite, half chameleon
You are smoke and mirrors

You are a mystery. The Mystery
See-through desire
Unexpected dopamine
The highest high before the fall

You are lies. Your eyes
Enigmatic, deep and brown
More than mystical cat's eyes
Hypnotizing stars

You are hesitation. Back and fort
A void in goodbye and hello
An ever moving pendulum
Three suspension points

You are hope. And sorrow
Light within the dark
A blinding one. Misleading one
A Zeno's paradox

You are fire. Wildfire
Chaos in the woods
Borealis aurora heaven
Hell just cut loose

You are e
Infinite linear momentum
Nonlinear one-line equation
An asymptotic me

You are an ever lasting moment
The torture that never ends
The one I'm dreaming and realizing
There's not a single chance of escape


martes, 1 de enero de 2013

Are you gonna be my girl?


Foreword


La idea para una "escena" así ya la tenía desde hace 4 años. Sin embargo, tuve que vivir una situación similar para realmente poder intentar describir aquello que debe ser descrito.



Are you gonna be my girl?



La limusina naranja emergía de la obscuridad del túnel, comenzando a frenar léntamente. Aquel polímero traslucido que hacía de ventana imitaba copiosamente mi imagen, hasta que la pálida luz que alumbraba el andén terminó por casi aniquilar mi reflejo, perceptible ahora sólo a quemarropa.

Bajé en Camarones. Había dejado mi carro estacionado por ahí, en alguna calle no muy lejos. Con todo el escándalo que se armó confiaba en que alguien no lo mirara dos veces. Ya suficiente tenía con que hubieran registrado y 'asegurado' mi departamento. Recuperar mi carrito sería el primer paso en volver mi vida a la normalidad. Paz, al fin.

Ferrocarriles Nacionales. Había ya recordado la calle, y mi Vocho me esperaba ahí, sonriente, con tierra y mugre por la lluvia. Los limpiadores custom seguían intactos, aunque en realidad ahora daba lo mismo. Su sonrisa formada por el cofre y los faros eran la bienvenida a casa que ya necesitaba. Antes de arrancar, lo primero que hice fue prender el stereo y darle play al disco que hubiese dejado adentro.

Stop, play: Lady de Modjo. No me había dado cuenta de lo tontamente romántico e ingenuo que me había vuelto antes.


Can't you see? You're my delight


Antes.

I won't get you out of my mind


Ahora ya no sabía qué pensar. Estuve tan cerca de la muerte, tan lejos de casa. Tan cerca del éxito profesional. Tan lejos de toda realidad, de todo lo que importaba. De algún modo se habían reacomodado las prioridades. De un departamento más grande a no alojar balas en el cuerpo. Y no sólo eso. Todo lo que creía real, que daba por sentado, resultó ser un conjunto de sombras, siempre cambiantes. Ilusiones de que tenía el control de mi vida. De que sabía lo que quería de ella. Certeza de saber qué esperar. Y de pronto, me encuentro tomando decisiones que no sabía que tomaría; que tendría que tomar. Luchar por mi vida. Batirme a duelo por ella con arma en mano. Literalmente. Y en medio estaba ella.


I feel love. For the first time


Y, a pesar de todo lo que luché, parece que sólo me dejé llevar; pues no quedaba nada más. Sobrevivir. Probarme a mí mismo que era más valiente de lo que creía. Realmente valiente. Creer de algún modo que las cosas habían resultado mejor a que si nada de esto hubiera pasado. No arrepentirme de nada y contemplarlo todo cuando comenzaba a disiparse la niebla. Tener, otra vez, una ilusión de orden y control. De saber que estoy haciendo las cosas bien. Ahora sí. Que mi cerebro puede dejar de perseguirse la cola existencial. He vuelto.

Algo me movía, sin embargo, a ir a buscarla a su trabajo. Casi las seis de la tarde y yo tendría una hora para pasar por ella, mientras hubiera algo de luz todavía. Aún teníamos una plática pendiente. La plática. Lejos de saber si ella se sentía con ánimos, era algo que tenía que hacer.


And I know that it's true. I can tell by the look in your eyes



*    *    *



Sonaba Are You Gonna Be My Girl, cuando la vi salir. El audio insistía con aquello del romanticismo ciego. Lo primero que se me ocurrió fue tocar el cláxon. Estando a escasos tres metros, llamarle por la ventanilla hubiera sido menos perturbador. O quién sabe. Ella volteó de inmediato. Sin embargo, tuvo que agudizar la mirada, entrecerrando los ojos, para distinguirme. Frunció un poco la boca, aguantándose la risa al reconocerme. O eso creí ver yo a través de la oscuridad de la apenas caída noche.

— ¿Te llevo? —fue lo primero que se me ocurrió, después de haber bajado el vidrio con la manivela.

— ¡Hola! Mmmm... de hecho mi Datsun está aquí adelantito...

— Podemos ir a algún lado... A cenar, talvez... o sólo un café... Prometo regresarte a tu carro —solté de repente, con una seguridad venida de no sé dónde. Ya no estábamos en la selva. Ya no era un salvador, guerrero o mercenario reivindicado; sólo un ciudadano más peligroso que el promedio. Talvez sólo por eso no opondría mucha resistencia. "Valiente" lógica.— Sólo para platicar.

— ¿Sabes? Yo... sí he querido platicar contigo, pero no creo que ahora sea el momento...

— Oye —comencé de nuevo, más serio— La plática... Creo que la merezco. Es decir, merecemos... Después de todo lo que pasó en el Infierno Verde... creo que ya sería sensato ir arreglando las cosas... atar cabos sueltos.

Al parecer no se estaba aguantando la risa. Eran sorpresa y desconcierto auténticos. Yo bajé la mirada, pues aquella seguridad era no sólo de origen desconocido, sino también a intervalos; y había decidido abandonarme mientras terminaba de decir la última oración. Ella permaneció en silencio algunos segundos.

— Yo —comenzó, y prosiguió lentamente— tengo un trabajo, un novio, una vida... Aquí, en el mundo real —hizo una pausa— Lo que sucedió allá... fue una desafortunada coincidencia... —y luego agregó, bajando el tono de voz— Y, al final, creo que todo lo que pasó fue por tu culpa...

Aquello me dejó estupefacto. Me sacó de mi juego, con mi VW negr
o y mi seguridad fingida. De repente, me encontraba ahí, sentado, preguntándome qué había ido a hacer allí en primer lugar.

Por suerte, aquel momento de distracción bastó para notar a un auto en el retrovisor que se había estacionado de prisa. Muy de prisa. Echando las luces al apagarse y bajando de él dos extraños.

Y ni siquiera disimulaban. Portaban nada menos que el uniforme de los Dragones. Blindaje incluido y todo. Debí haber adivinado que la Policía no encontraría mi VW, pero sí un enemigo que había viajado un largo camino, sólo para volver a meterse en mi vida. Diana también los vio, y, con la mirada y sin decir nada más, le di a entender que tomaríamos la conversación dentro del Sedán.

I know we ain't got much to say, before I let you get aw- —la canción ya iba en el segundo coro, antes de silenciarla con pausa, mientras rápidamente abría la puerta derecha del Vocho. Esa sería la última vez que la escucharía en un largo rato.


sábado, 24 de noviembre de 2012

Autoconcepto


Foreword

Bueno, pues como he tenido abandonado esto, y con la inestabilidad mental, emocional y etc. que se me ha venido encima en los últimos meses no he podido concretar ninguna entrada. Así que les dejo esto que me dejaron de tarea en una materia que no me gusta, pero es lo último que he escrito oficialmente.



Autoconcepto

El engaño es la base del arte de la guerra. Iniciando con esa premisa, uno no podría confiar en todo lo que aquí se plasma. Ni siquiera en la aparente sinceridad de este párrafo.

Alejandro sabe que no es alguien normal, y que no llegará a serlo. Esa parte de él, forjada a través de escasos veintidós años y que se ha convertido en su personalidad, ahora se lo agradece.

Aprendió algunas cosas en esos veintidós años.

Aprendió a no esperar nada de la vida. Que la vida no es justa. Aprendió a abandonar toda esperanza (o eso cree creer). Que todo cuesta. Que, a pesar del esfuerzo con el que se pague, no hay garantía en nada. Que no hay certeza y sólo oportunidad. Que a veces la oportunidad es sólo una ilusión, y que, como un cristal impecablemente limpio, la única forma de advertir su existencia es topándose con él de frente.

Y, como de la vida, aprendió a no esperar nada de los demás. Que nada es lo que parece. Aprendió a no confiar salvo en unos cuantos, que podría contar con los dedos de una mano. Aprendió también a no traicionarlos; a hacer sin esperar nada a cambio. Porque traicionarlos a ellos es traicionarse a sí mismo. Odia hacer promesas en vano. Procura siempre cumplirlas. Aunque a veces esas promesas parezcan, de algún modo u otro, irreales.

Le resulta curioso cómo esa creencia inculcada en la niñez, de verse bien ante los demás y para los demás, de hacer algo para los demás, de relacionarse con los demás, de compararse con los demás para valorarse a sí mismo después; la haya inicialmente rechazado para de algún modo adaptarla después a su propia versión. Con los demás como él mismo, y él mismo como él mismo.

Siente la necesidad de no justificar sus actos ante nadie más que él. Siente la necesidad de expresar que tiene la razón cuando realmente la tiene. Sabe admitir su ignorancia, así como cuando se equivoca. Sabe que esa admisión le cuesta demasiado, pero al final lo logra, o, de nuevo, eso le gusta creer. Le resulta divertida la ironía envuelta en el presente trabajo. En como escribe para los demás y no para él mismo. En cómo justifica ante los demás la necesidad de no justificarse ante los demás. Porque aquí plasma algo que él ya sabe; de lo que está seguro a pesar de su inconsistente y paradójica naturaleza. Puede parecer arrogante, y casi siempre ególatra. Eso cree quien no lo conoce. Y seguramente quien no llegará a conocerlo mejor. Quien lo conoce sabe por qué es arrogante, por qué se pone esa máscara todos los días. Suele alimentarse frecuentemente de frustración e ira. Ha aprendido a canalizarlas en su mayoría, y a soltarlas poco a poco, por miedo a un aneurisma cerebral. Pero generalmente no se fija en quién ni por qué.

Sabe que no tiene tacto. Porque poco le importan los demás. Aunque en el fondo sea empático, no garantiza un buen trato. Usa la sinceridad como pretexto. Tratando de unificar en sí mismo esa doble moral con la que todos cargan. Y es sincero respecto a esta sinceridad. Parte por lo que las mentiras y omisiones le han hecho vivir. Parte porque todavía cree en aquello tan vago y fantástico que llama honor. Parte por su naturaleza pragmática, todo sin comprometer sus principios y creencias, derivando en algo tan inútil como un código de caballería del siglo XII.

Aprendió a no rendirse. Que su tiempo vale. Que su esfuerzo vale. No para los demás, sino para él mismo. Aprendió a hacer uso útil de su tiempo, o al menos a creer que lo que hace le es o será útil en algún punto de su existencia. Sabe que cada día vivido se va y jamás vuelve. Sabe que hay pocos días en el año que puede considerar como algo más allá de lo ordinario. Lucha todos los días por volver ese subconjunto más grande. Le duele el tiempo perdido. Le duele no hacer algo de lo que pueda sentirse orgulloso después. Odia que le quiten el tiempo con tareas irrelevantes. Cumple con las obligaciones que él considera banales sólo cuando tiene que hacerlo. Viene, hace su asunto y se va. Casi como Quetzalcoatl. Le gusta ponerse retos, casi siempre imposibles. Porque la historia de sus contados éxitos está escrita sobre las ruinas de sus demás intentos. De sus fracasos.

Sin embargo, disfruta de la vida, especialmente de las cosas que otros pasan desapercibidas o incluso ni siquiera saben que existen. Disfruta de lo simple, de lo subestimado, de lo sublime. Sabe sacar lo bueno de la porquería. Porque eso bueno es mejor que nada, especialmente si es inesperado. Le gusta la consistencia. Le cuesta adaptarse al cambio si éste viene del exterior, pero no soporta no cambiar cuando sabe que tiene que hacerlo, y sobretodo, que hay mejora en ello.

Es valiente, abnegado, altruista. Es un héroe. O eso le gusta creer a su alter ego. Estos son en realidad remanentes de su yo anterior, ahora extinto. Le duele admitir que es una perra egocéntrica. Le gusta creer que puede llegar a cambiar el mundo de algún modo. Que quiere dejar huella. Un legado. Algo menos etéreo que su prisión de carne y hueso. En el fondo disfruta la atención. Pero no para ser admirado como alguien ejemplar, sino simplemente por demostrar que es capaz. Que puede hacerlo. Disfruta que a los que les importa crean que no le importa. Talvez no le importa si no lo hacen, pero simplemente disfruta si lo hacen. Como una venganza por los traumas de la infancia.

Él escribe esto en tercera persona por aquello de la perspectiva. Porque es más fácil salir y ver a esa otra persona. A ese otro yo. Imaginarse por un momento que no está atrapado con él hasta el fin de sus días. Poder juzgarlo a diestra y siniestra. En el fondo le encanta la perspectiva. Y le gusta la atención de quien se supone tiene control sobre su existencia, aunque esta relación tenga un carácter bidireccional.

domingo, 5 de agosto de 2012

Ready to Strike I: Corvo


"Una casa en la villa
. Consigue una casa en la villa", le había dicho él. Pero no.

Llegar pedaleando desde allá no habría representado tanto esfuerzo, de no ser porque había remolcado gran parte de sus pertenencias en una carretilla que había soldado, exprofesamente, a su bici. Y no era que cuatro kilómetros fueran demasiado. Eran nada. Hasta el camino estaba de bajada. El problema eran las curvas, la oscuridad de la noche, la terracería disimulada y los malditos frenos, convenientemente reemplazados por la suela de sus botas cuando era necesario.

Sabía el camino de memoria. Lo recorría al menos una vez por día, ida y vuelta. Había entrenado para eso. Sacaba la bici casi diario. Parte para entrenar; parte para no volverse loco. La casa era ya suficientemente pequeña. La villa era ya lo suficientemente monótona. La isla estaba ya suficientemente aislada de todo. Además de su otro entrenamiento, la bici era su segunda fuente, que le proporcionaba la dosis diaria de adrenalina para no olvidar que estaba vivo.

La carga no representaba un problema en absoluto. Lejos de pensar en el peso, de alguna manera le reconfortaba que toda su vida cupiera en esa carretilla, o al menos casi toda. Lo feo empezaba cuando recordaba que casi toda esa carga estaba conformada por plomo, bronce, Kevlar, nitrocelulosa y otras entidades químicas cuyo contexto común deseaba no evocar tal cual, al menos en lo que le quedaba de tiempo en la isla.

Después de la cuarta curva mortal (mortal debido a sus inexistenteseficientes frenos), la terracería improvisada pronto se convirtió en empedrado. Y al cruzar la villa, aquel empedrado variado se tornó en vestigios de asfalto. Ya pasaban de las diez de la noche, por lo que no tuvo que preocuparse mucho por arroyar a algún cristiano. De cualquier modo, el amarillo de los varios faroles esparcidos por las contadas cuadras que conformaban la villa habría de advertirle sobre cualquier inocente que se apareciese en su camino.

Pudo haber seguido por Avenida Nova casi todo el trayecto y haber atravesado el pueblito sin más ni más; pero la verdad era que le gustaba pasar por aquellas callejuelas, entre las casas. Era la última vez que se pasearía por ahí en un rato. Rato cuya verdadera duración todavía ignoraba. Aún tenía tiempo, así que aprovechó para pasearse por cada calle, a veces más de una ocasión, a pesar de las miradas de los pocos curiosos que quedaban en la acera o miraban desde sus ventanas aquella singular figura: no todos los días algún fulano hacía ruido en medio de la noche, arrastrando un montón de bultos y cajas en una carretilla remolcada por una bicicleta, aparentemente sin frenos. Al menos no envuelto en cuarenta kilos de equipo militar táctico (casco incluido y necesario en caso de accidentes).

Por calles con nombres tan simples como Rua das Pedras, Rua da Matriz, Rua da Fonte y Rua do Rego, hasta algunas con resemblanza honorable como Rua Juaquim Pedro Coelho o Rua Ex-Combatentes do Ultramar, y pasando incluso por una graciosa como Rua do Jogo da Bola; finalmente se encontró en el conocido camino Largo das Forças Armadas, que se convertía después en la última de las calles que habría de recorrer en toda la isla: Caminho dos Moinhos; con sus dos (evidentes y) distintivos molinos, ondeando tranquilamente lo que quedaba de sus aspas, ante aquella versión nocturna de una brisa marina que soplaba desde el sur.

Entró al estacionamiento del lugar y aparcó la bici ocupando un cajón completo. Bajó aquel fierrito que sirve para que la bici pueda mantenerse erguida por sí misma sobre el suelo*. Le costó subir la pierna para bajarse, gracias a sus cuarenta kilos de equipo encima. Debía apurarse si quería tomar por lo menos una taza de café. Sin embargo, no pudo evitar detenerse a contemplar esa fachada, sin saber si volvería a verla de nuevo.

Blanca, tejas naranjas, delineada por un empedrado rústico, la antena de televisión satelital y el caldero de siempre humildemente pintado, fungiendo como logo y complementando el nombre del lugar: Restaurante O Caldeirão.

Subió los siete escalones que le separaban de la entrada. La leve humedad acumulada, gracias a la brisa marina, hacía que sus botas produjeran un sonido bastante particular. Uno que no podría escuchar en ningún otro lado. El sonido de su séptimo paso habría de verse interrumpido por una voz dentro del restaurante.

— ¡No, no, no, María! ¡Andamos levantando todo y ya vamos a cerrar! ¡Dile que ya no hay servicio! —gritó la encargada al verle por la ventana que daba hacia el estacionamiento.

No se molestó por no haber terminado de escuchar aquel soneto que habían compuesto sus pasos. Los gritos de la encargada, María, hacia su homónima eran de las cosas que seguramente extrañaría en un par de semanas.

María, a la que le habían gritado, salió a recibir a aquel que había provocado los gritos en primer lugar, deteniéndose todavía dentro del restaurante al verlo afuera, a través de los ventanales de canceles blancos y con una gran sorpresa dibujada en el rostro.

Quiso articular palabra alguna, pero la figura que tenía delante se lo impedía de algún modo. Él se detuvo al notarla, apenas a dos pasos de las escaleras.


Y sus miradas se unieron


Y ambos se contemplaron a través de aquellos ventanales blancos.

Mientras sus ojos hablaban de besos.

En el pretérito de algún futuro posible.

Prometían besos. Pedían besos.

Deseaban besos. Suspiraban besos.


Una confesión en silencio.

Una alegría contenida.

Una sorpresa repentina.

Rematada por una sonrisa tímida y sincera.

Obligándolos a bajar la mirada por unos instantes.


Y mientras el tiempo se detenía entre ambas miradas, entre ambos corazones, la brisa marina desde el sur seguía soplando, haciendo más que mecer sus cuarenta kilos de equipo y dando una sensación de flujo temporal sobre aquella quietud, trayendo consigo algo más que el sonido de la noche.


Fun Facts & Easter Eggs

  • * Para los ignorantes como yo, ese fierrito se llama caballete o también "pata de cabra".
  • Me emocioné tanto que estuve a punto de llamar al restaurante para preguntar por horarios. Lástima que está en otro país u_u
  • A ver si les da la gana adivinar en qué parte del mundo está esto (está bien fácil :) )




Spoiler Alert 

Su tercera y más deliciosa fuente la encontró allí.

Ella era especial...