sábado, 31 de diciembre de 2011

De estelas, cometas y meteoros I


Foreword

Ps éste es un borrador medio gacho de hace tantos ayeres que ya no recuerdo, disque corregido un poquitín.


De estelas, cometas y meteoros I


Me levanté y sin despedirme salí corriendo de aquel cuarto. Alerta roja general. Nunca sonó por tanto tiempo. Más de cien zancadas me llevan hasta el cuartito de 3X3 que hace de Cuartel General, pero alguien me detiene en la puerta. “Sólo oficiales de alto mando” dijo. Con la mirada en el hueco de la puerta antes de cerrarse, temo que el monstruo por fin haya llegado a casa de la peor forma posible.

— Perdón, Adrián. Prometo contarte — dijo ella a través del umbral, que terminó cerrándose para no dejar siquiera escuchar nada más.

Quedarse ahí hubiera sido inútil. Aún debía volver por mis cosas y todo lo necesario a mi cuarto. El monstruo ha llegado a casa. Estoy seguro.

Dos minutos han pasado y, aunque ahora en intervalos, la alarma sigue sonando. De inmediato las bocinas del bunker comienzan a repartir órdenes. En medio de aquel caos en los pasillos, trato de descifrar aquella voz hueca de la que dependían nuestras vidas. Y por fin escucho.

— Primera y Segunda División Escorpión A Insurgentes Norte. Tercera y Cuarta División Escorpión a Eje Central sección Norte.

La orden se repite dos veces más. Mientras tanto, yo casi llego a una de las salidas del bunker. Un viejo y parcialmente oxidado Jeep Wrangler me espera. Alguien se ha molestado en pintar el logotipo de las Divisiones Escorpión sobre las puertas y los costados del vehículo, aunque la pintura en realidad comenzaba ya a caerse. Un número 3 en blanco y encerrado en un círculo del mismo color también figuraba en los costados y las salpicaduras. No tenía techo, más que un parabrisas abatible para el piloto y acompañante. En la parte de atrás había espacio para los tres que yacían abordo, para mí y otros dos que faltaban. Uno de los que están arriba me extiende el brazo. Me sujeto de él y, con mi pie derecho sobre la defensa del Jeep, logro incorporarme hasta el lugar que me correspondía.

— Gracias.

No sé quién es, ni cómo se llama. Sin embargo, recuerdo su cara en el  “Curso Intensivo de Introducción para las Divisiones Escorpión” (o cómo derribar un avión sin desperdiciar medio millón de pesos). Consideré apropiado presentarme. Allí, en medio del miedo y el caos, y prácticamente a punto de enfrentar a la muerte.

— Adrián —dije y le estreché mi mano.

— Alfredo —respondió con un apretón de manos.

A las cuatro Divisiones Escorpión nos habían entrenado de la misma manera. El simple número era una manera aleatoria de dividir a los reclutas en grupos que fuesen móviles, coordinables y eficientes. En realidad no había conocido a nadie hasta ahora y no esperaba familiarizarme con nadie más. No quería desconcentrarme ni preocuparme por un conocido más que perder. Ya había sido yo suficientemente estúpido por encontrarme en esta situación tan...

Al fin llegaron los dos que faltaban, con algo de “armamento adicional”. Unos mediocres lanzagranadas para “blancos seguros”: aquellos a los que pudiésemos darles hasta con los ojos cerrados. Ayudamos a ambos a subir, y enseguida el Wrangler comenzó a moverse hasta quedar (mas o menos) junto a los otros dos que conformaban la, valiente y hasta ahora no combatiente, tercera división Escorpión. La tripulación del tercer Jeep se limitaba a cuatro personas, con dos a cargo de la ametralladora trasera.

No sé de dónde habrán sacado a estos tipos; si eran ex militares, guerrillas, nacotraficantes o civiles Don Nadie como yo. La única interrogante que importaba contestar era si haríamos un mejor trabajo que nuestro cobardemente ausente ejército. Y así, con tres cargas en nuestro Stinger abordo y algunos RPGs, esperábamos enfrentar al enjambre que se avecina.


22-05-2009

jueves, 29 de diciembre de 2011

Diana II

Foreword

La última entrada del año. ¿O no? D: 



Diana II


Aunque breve, aquel beso se sintió como una eternidad. La noche había caído en aquel claro, ahora iluminado por una pequeña fogata. Las lámparas portables de los guerrillas complementaban la iluminación. La abracé y tomé sus manos. Estaban frías. Recargada en mí, quedó dormida al poco tiempo. Yo, con el perfume de su cabello en mi rostro, cerré los ojos, esperando descansar un poco. Delirando entre vainilla, sentado entre cajas de parque, también concilié el sueño.

Una ligera sacudida a mi hombro bastó para traerme de vuelta de aquella ilusión inundada de melatonina.

— Señor Guillermo —dijo en un susurro. Abrí los ojos y todo estaba obscuro todavía. Sólo vi una sombra.

— ¡Señor Guillermo! —volvió a llamar en voz baja. Al hacerlo pude escuchar como se sacudía ligeramente un arma. Un rifle. Definitivamente era un guerrilla. Por no sé cuánto tiempo me perdí en el paraíso sin saber dónde estaba realmente.

— ¿Sí? —respondí, con la cintura de Diana todavía entre mis brazos, pero no obtuve respuesta. Era evidente que quería que me levantara y lo acompañara. A una hora desconocida, en medio de la noche y con la mujer de mi vida en mis brazos. De haber tenido una mano desocupada lo habría asesinado al instante con la .45.

En los sueños todo es fácil, un rescate salido de la nada. De un lugar a otro en un parpadeo. Todo lo malo se desvanece a voluntad. Y, de repente, una salida mágica. Pero nada es así y todo cuesta más de lo que imaginamos. Resignado a dejar mi pequeño fragmento de cielo, suavemente me despegué de ella y dejé mi mochila como su almohada.

— ¿Memo? —me llamó ella aún entre sueños.

— Debo ir al baño —mentí— Descansa —le sacudí suavemente el cabello. Ella sonrió dulcemente con los ojos cerrados y yo salí de la tienda.

El calor siempre frecuente de la flora sustituía a nuestras cobijas y, de hecho, yo estaba sudando. Finalmente me levanté y me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano.

— Por aquí —dijo.

Nuestros pasos hacían ruido sobre la tierra recubierta en hojas de toda clase, aunque no tanto como el de la fauna nocturna. Mire mi reloj en medio de la oscuridad. 4:30 de la mañana entre fosforescencia. Había dormido casi siete horas y aún así no me sentía con ánimos de otra cosa más que de volver al montón de munición de donde había sido 'cruelmente' sacado, con la excusa de dormir un par de horas más.

Finalmente llegamos a la tienda más grande y la única iluminada. Dos guerrillas en posición de firmes nos abrieron la cortina.

— ¡Es bueno verlo levantado, Guillermo! —dijo nada menos que Vicente. Se veía como si nada hubiera pasado. A pesar de haber tenido un día completo intercambiando plomo con los Dragones, estaba fresco como lechuga. Una mesa en el centro con mapas, radios, tachuelas y otras tantas cosas. Varios alrededor de ella. Pensé estar en una película y me tallé los ojos. Al hacerlo, todo lo sucedido desde que subí a ese helicóptero hacía casi un año vino a mi mente de una manera repentina y un poco violenta.

Y de pronto, la nitidez volvía. Todos mirándome, y ya no parecía un filme. Era tan real como el dolor de cabeza y el hambre que me asaltaban. Diana, al mismo tiempo que enviarme a un lugar que ni siquiera creí existente, también me había devuelto algo del Guillermo que se levantaba todos los días para ir al trabajo. Soñador, inocente y con esperanzas. Qué poco quedaba de ese yo...

— Bien —continuó Vicente— ahora que estamos todos...

El malestar físico, los recuerdos, y el estar lejos de ella, aunque sólo fueran unos metros, eran como una aguja sondeándome el cerebro. Concéntrate, Guillermo.

—... huye ahora por tierra ya que el último helicóptero que tenía está ahora en nuestro poder.

— Sin embargo podrían recogerlos por aire en algún punto de la ruta a la costa —agregó Víctor.

— Así es —respondió— Por eso he ordenado despertar al señor Guillermo. Él y Águila han de contactar con sus amigos de la Naval para hacer un bloqueo entre la costa y aquel otro barco.

— ¿Barco? —pregunté realmente sorprendido. El sueño y el hambre desaparecieron con mi asombro.

— ¡Ah! ¡Creí que sabía! —se sorprendió Víctor.

— Lo mencionaron, pero estaba ocupado con su noviecita — agregó Águila. No lo había visto, pero estaba allí, en un rincón. Los brazos cruzados y recargado en una de las almas de la tienda. Ese tono de odio. ¿Realmente lo era? ¿Cómo pudimos haber cambiado tanto en tan poco?

— El que tiene idea de como contactar a la Naval es él — dije refiriéndome a Juan Carlos.

La verdad, yo me encontraba bastante sorprendido por aquel comentario de la Naval. ¿Es que acaso Vicente no había sido testigo de como los marines mexicanos habían abierto fuego contra nosotros? Siendo más específicos contra Águila; y ahora, ¿se suponía que debíamos ir en busca de su auxilio? Pero pensándolo bien, talvez valía la pena intentar. Si Manolo lograba huir, todo el esfuerzo hasta ahora hecho sería en vano. Y ahora, en nuestra hora más desesperada, no había mucho que perder (en realidad a Águila y a mí talvez, pero eso no era lo importante). Supuse que Juan Carlos habría pensado lo mismo que yo para entonces. Y así, vagando por mi mente y después de un rato de silencio e incluso tensión, él se incorporó de donde estaba.

— Prometo que tendrás tu bloqueo —le dijo a Vicente— Pero presiento que se pondrá feo en la playa. Será todo contra todo... —Vicente, Víctor y los demás asintieron seriamente— Necesitaremos a cada guerrilla allí si quiere evitar que Manolo escape de nuevo... y esta vez no habrá otra oportunidad.

— Tenemos un trato, señor Águila. —concluyó Vicente.

— Sin embargo —agregó Águila, tomando aire— necesito un día para convencerlos. Aprovéchalo para enviar a tus tropas por tierra —se puso los guantes negros y comenzó a caminar hacia la salida— Y en cuanto a mí —se detuvo— Dame una moto con tanque lleno y un poco de dinero. Será una larga búsqueda.

— Hecho — y luego de un rato de espera agregó— ¡Bien señores! ¡Muévanse! ¡El día comienza y ellos ya llevan medio de ventaja!

La reunión se dio por terminada, y justo cuando salí por la cortina, alguien me tomó del brazo. Era Vicente.

— Señor Guillermo —dijo. Comenzaba a hartarme que me llamaran de esa forma.

— ¿Sí? —y sin embargo, ese era mi nombre.

Debo requerir su presencia en la costa —dijo mirándome a los ojos, como para convencerme— Ya ha demostrado su valía en combate y su destreza al frente de mis hombres —continuó— Tu papel en este conflicto es crucial ahora más que nunca. Por favor, no me defraudes.

Había dejado repentinamente las formalidades y vuelto a ser aquél que me había salvado la vida hacía tiempo. Pero ¡Oh, Dios! ¡Cuánto me arrepiento de ser héroe ahora! ¡Cómo me gustaría tomar a Diana e irnos en el primer avión de vuelta a casa! Con toda la pesadilla atrás. Talvez era sólo el sueño lo que me hacía pensar así; sin embargo, era lo que más deseaba.

— Si cree indispensable el estar con ella —dijo— pueden viajar ambos con las cosas en el helicóptero.

Debió haber adivinado mi pensamiento a través de mis ojos.

— Eso no hará falta —se dejó escuchar una voz. Debo imaginar que mi rostro se iluminó, porque eso sucedió con mi alma al reconocer a Jessica detrás de mí.

— ¡¡Memo!!

No hubo palabras. Sólo un gran abrazo que ya necesitaba. Y a pesar de no haberme bañado en días, ella no se quejó como solía acerca de mí. Sólo esa sensación reconfortante...

— Los llevaremos en el Huey — agregó otra voz que yo conocía.

Era Mario, recargado en un árbol con la chamarra negra de siempre y la mirada despreocupada. Un pedazo de mi mundo como una vela en medio de aquella oscuridad. Y la mención del Huey convertía aquella vela en un faro de esperanza. No sólo tendría a mis amigos y a la mujer de mis sueños a mi lado, sino también un buen helicóptero, y una mínima oportunidad de escapar.

— ¡Vaya que luce feliz! —agregó con una sonrisa— ¡Vamos, shamakin! ¡Debemos prepararlo todo para el viaje!

— Sí, otro viaje en helicóptero con ustedes. Qué emoción —agregué con un tono que rayaba en el sarcasmo y un entusiasmo de caracol.

— ¡¡Hey!! ¡Agradece que no eres parte de la guerrilla! Porque, a menos que supieses pilotear esa cosa —dijo refiriéndose al Black Hawk— tragarías agua de pantano como los demás mortales, porque desde Canea hasta la costa más cercana casi no hay caminos.

— ¡Así es, señor...! — dijo Vicente, quien se había ausentado y había vuelto a aparecer.

— Mario —respondió él.

— ¿Y esta hermosa señorita es...?

— Jessica —dijo ella sonriendo. Aquella sonrisa me parecía tan irreal en esa atmósfera tan verde y con un olor a pólvora tan frecuente— Investigadora.

— ¡Vaya! Si los amigos de Guillermo son tan buenos como él, entonces espero tenerlos a ustedes también entre mis filas —dijo sonriendo.

Pude ignorar esta vez el hecho de que Águila y yo servíamos, aunque como comandantes, en estado de prisioneros. No éramos libres de abandonar la lucha hasta que él lo decidiera (lo cual parecía ahora bastante lejano), o hasta terminar muertos (lo que evidentemente era más probable). Águila pasó en ese momento y nos ignoró sutilmente. Debía tomarme el tiempo para hablar con él antes de que cada uno tomara su camino hacia lo incierto.

— En fin. Esperemos que algunos vehículos de Manolo no sean completamente anfibios... Eso los retrasaría lo suficiente...  —dijo Vicente antes de despedirse— Tengo algo de trabajo que hacer... ¡Lo veo en la playa, señor Guillermo!

— Adiós... —me despedí con mi entusiasmo de caracol.

— ¡Anímate, Memo! Esta vez el viaje será diferente y podrás dormir a bordo...

Pero el sueño era lo que menos me preocupaba. Definitivamente sería diferente.

— Quiero que conozcan a alguien...


20-12-2008

domingo, 27 de noviembre de 2011

Diana I


Foreword


¿Creyeron que ya no iba a postear este mes? Ps ¿qué creen?
Namás que no me había dado tiempo, pero ps ahí quedó :D



Diana I



— Nos tienen rodeados, señor Guillermo. No podemos hacer nada.

— "Al despuntar el quinto día" la caballería llegará demasiado tarde.



— Todo esto es tan... raro.

— Jamás creí que sucedería.



— La tienen como rehén. Ella es su única garantía de salida. No la dejarán ir.

— Ese helicóptero no despegará. No con ella dentro.



— ¿Qué?

— Reunirnos. Yo... estar aquí... contigo a mi lado.



— ¿Qué planeas?

— ¡Prepárate, Vicente! Es mi culpa que ella haya terminado aquí, y voy a sacarla aunque me cueste la vida.



— Desde aquella vez... jamás creí volver a verte ¿sabes?

— Nunca lo hubiera adivinado —Memo esbozó una sonrisa.



— ¡¡Guillermo!! ¡¡¡¿Qué carajos haces?!!! ¡¡Espera!! ¡Maldito demente!

— ¡Ven aquí! —lo desafió Manolo.



— Y mucho menos de esta manera —agregó— Todo esto es mi culpa... Yo...

— Shhh —colocó su índice en los labios de Guillermo.



Con el arma en la nuca de la chica, Manolo ordenaba a sus tropas desde dentro del helicóptero, a punto de cerrar la compuerta.


— ¡¡Guerrilla!! ¡¡Carga!! —Vicente ordenó a los hombres que quedaban el avance hacia una muerte casi segura.



— Ya pasó —sonrió ella. El naranja de la fogata brillaba en sus ojos— Ya estamos aquí.

Lo tomó suavemente de la mejilla y lo besó.



La .45 de Guillermo apenas le bastaba para mantenerse intacto. Águila y cuatro guerrillas más llegaban del oeste, justo a tiempo para crear una distracción. Cubierto por Vicente y sus nueve hombres, Memo llegó hasta la puerta del helicóptero, en la cima de aquella pequeña colina en medio de la selva.

Al verse rodeado, Manolo arrojó a Diana, al tiempo que tomaba un rifle semiautomático de un costado del helicóptero con intención de acribillar a Guillermo. Ella se estrelló contra uno de los extremos de la cabina y perdió el conocimiento.



— Vainilla

— ¿Qué dices?

— Tus labios —se perdió en el paraíso de sus ojos.



— ¡¡Fin del camino!! —gritó Manolo antes de apuntarle, mientras Memo corría colina arriba sin detenerse. Parecía que ni siquiera se había percatado y Vicente trató de advertirle, pero sus gritos se ahogaban entre la pólvora explotada por los percutores. Guillermo se había dispuesto a pelear hasta la muerte.



— ¡Eres un tonto! —rió, y rozó la nariz de Memo con la mano, acariciándolo apenas.

— ¡Y tú eres hermosa! —tomó su mano con singular ternura. El tiempo y el espacio alrededor parecían no tener sentido. Sólo estaba ella, que era una luz de tranquilidad y paz en medio de aquel infierno verde.



Avanzó decidido y tan rápido que Manolo lo tuvo casi encima. Alcanzó a dar un manotazo que cerraría la puerta del helicóptero en un instante. Memo no se detendría por nada, pero la trayectoria de una Parabellum atraviesa su muslo derecho. El impulso de la carrera convierte aquella caótica caída en una entrada casi triunfal, derribando a Manolo y cerrándose la compuerta tras de sí.



— Al final, no es tan malo que estemos los dos aquí, Memo.

— Hasta el infierno es el paraíso si estamos juntos.



Manolo tenía todavía el rifle al alcance. Guillermo se levantó rápidamente y le apuntó antes de que éste pudiese hacer nada.

— Bájala, o no volverá a despertar

Memo no se movió. Manolo alzó la mano izquierda para alcanzar la palanca de la compuerta opuesta. Al afianzarse de ella, la jaló para abrirla e incorporarse. A pesar de su complexión, su agilidad le permitió hacerlo tan rápido que en un instante saltó de espaldas hacia afuera, mientras accionaba su rifle. Guillermo apenas corrió hacia donde Diana, escapando del plomo.



— Quiero que me prometas algo.



Manolo emprendió la huída hacia el este junto con el resto de los Dragones, perseguidos por algunos guerrillas.



— ¿Qué?



Miró a Diana y la levantó con suavidad. Al salir del helicóptero, Vicente lo admiró un tanto consternado, tratando de asimilar lo que había sucedido. Guillermo se había trastornado por un momento y, de algún modo, la locura había resultado. Y ahora, cojeando, salía con aquella señorita entre sus brazos.



— Que no me abandonarás aquí. Que estarás conmigo siempre, sin importar lo que pase.

– Te lo prometo —sonrió y lo selló con un sublime beso.



Obviamente continuará...

06-05-2007


About

  • Esta entrada está basada en un borrador de hace 5 años. Unas cuantas modificaciones y ya quedó medio chido :)
  • A ver si no los deja ciegos el color verde (de por sí, el blanco...)



Fun Facts & Easter Eggs

  • Esta entrada está dedicada a la verdadera Diana.
  • Le puse una rola a la entrada. Espero hacerlo más seguido :)



Music

Se supone que la rola va mas o menos con el hilo de la historia (según yo, verdá), así que ahí les van las letras y un link a la canción en MP3 (porque es la versión gratuita :) )

La canción se grabó originalmente para un comercial de Lego allá por 2007, y desde entonces pensé en incluirla en esta entrada (cuando tuviera forma, claro).


MP3: Creeping in my soul — Cryoshell (2007)



Creeping in my soul

Cryoshell (Christine Lorentzen)



I see your face before my eyes
I’m falling into darkness
Why must I fight to stay alive?
Heroes fallen


Wake me, can’t you hear me calling?
Out of darkness they come crawling


Here I am, I am lost in your land
And I hope you will be
Creeping in my soul
Shadows fall, let me out, hear my call
And I'll always believe
Creeping in my soul


Creeps from the deeps gonna be freaking up your mind
Creeps from the deeps gonna be feeding off the spine


I fade away into the night
My eyes are closing in
(They're gonna get you soon)
Shadows are fleeing from the light
My nightmares can begin


Wake me, can’t you hear me calling?
Out of darkness they come crawling


Here I am, I am lost in your land
And I hope you will be
Creeping in my soul
Shadows fall, let me out, hear my call
And I'll always believe
Creeping in my soul


Creeping in my soul it’s getting out of control
I got to find my escape and get out of this black hole
Cause justice in the world is hard to find
Time has come. Got to make up my mind
No matter how deep or remote you hide
All my thoughts seem caught up inside
Creeps from the deeps gonna be freaking up your mind
Creeps from the deeps gonna be feeding off your spine


Here I am, I am lost in your land
And I hope you will be
Creeping in my soul
Shadows fall, let me out, hear my call
And I'll always believe
Creeping in my soul



Y si se picaron con la rola:

Cryoshell @TuTubo
Cryoshell - Wiki
Cryoshell - Band Members
Cryoshell @iTunes
Cryoshell @LyricWiki
Cryoshell @Wikipedia
Cryoshell - The Official Fan Page @libroDeCaras
Creeping in my soul - Lyrics (en un PDF medio pesado)



Próximamente:

La segunda parte de esta entrada, posts inéditos (no sólo de Memo el Explorador), la megadedicatoria acumulada de toda la historia, y un post extraordinario de por qué soy un fraude D:

This is far from over :]





domingo, 9 de octubre de 2011

Fuego Cruzado II

Foreword

Después de esa masiva redundancia y bizárramente bélica cursilería, he aquí la segunda parte.



Fuego Cruzado II


Y tú, vida mía, sé que librarás todas las balas; y ni todo el plomo que descienda sobre ti podrá jamás acabar con tu lucha. Eres así de buena.


— ¡Águila! —escuché decir a alguien. Me saqué la Falcon de la espalda y apunté hacia el dueño de aquella voz, incluso antes de abrir los ojos.

— ¡Tranquilo, hombre! ¡Soy yo! —Aquella figura borrosa resultó ser la de Pedro.

Afuera del camión ya era de día, aunque la abundancia del follaje de los árboles que rodeaban aquel claro bloqueaba la entrada de luz solar. Mis acompañantes ya habían bajado y se encontraban hincados en el suelo, preparando sus armas.

— ¡¿Vas a dejarme de apuntar o qué?! ¡Levántate, pues! ¡Que hoy sí cazamos a los Dragones!

La Falcon de vuelta a su funda y trato de despejar mi mente.


Eres mi heroína


Fast Forward. Desde aquella última noche en la que fuiste mía, hasta despertar en paranoia en la parte trasera de un camión, en el húmedo corazón del Amazonas.


— Todavía te ves dormido, mi buen. Pídele agua a los muchachos de ahí para que te eches un poco en la cara.

— ¿Y el otro camión? —le pregunté. Si Guillermo venía con nosotros, completar el trabajo me hubiera resultado insoportable. Ya bastante era saber que todo este asunto había sido su culpa: lo del campamento de Víctor, el que nos encontraran, la toma de Radio Guerrilla, y ahora esa muchacha. Después de tantos errores, él no tenía que ir a un psicólogo para saber que no había hecho nada bien últimamente.

— El otro MAN se dio la vuelta hace seis kilómetros... —hizo una pausa para sacar un encendedor de las muchas bolsitas de su chaleco y prenderse un cigarro— Y tu amigo... —fumó, y sacó el aire con un soplido medio lento— ...tu amigo y Vicente van a intentar hacer que no despegue el Blak Joc. —dijo sin mucha prisa, volviendo a fumar ocasionalmente—  A ver si se les hace y logran rescatar a aquella señorita...


Vivir sin ti es morir un poco cada día.


Ja —traté de reír para mis adentros, diciéndolo sin ánimo alguno. Odiaba cuando las navidades pasadas se colaban a la realidad.

— Y a nosotros, Aguilín —volvió a darle una buena inhalada a su cigarro, como si fuera el último—  ...nos toca la parte fea. Parar el convoy de los Dragones que van por tierra. Avanzar a pie y cerrar la trampa.


Y yo, no sé si veré el día de mañana


— ¡Pero venga, pues! Te ayudo a levantarte.

Le agradezco, al tiempo que me agarro de su brazo para incorporarme.

Sabía, por supuesto, que aquello de la trampa era meramente un decir. Seguramente debíamos apostarnos en algún punto, no dejar que nadie saliera y resistir el embate del grueso de los destacamentos de Dragones hasta que se rindieran o no quedara ni uno.

Un brinco hacia afuera y estoy en el suelo. Del radio de Pedro, colgado en su hombro, sale una voz hueca.

— ¡¡Muchachos!! ¡Tienen compañía! ¡Tres caballeros por el suroeste a cuatro minutos!

Era bueno saber que Radio Guerrilla estaba de vuelta en operación. No era tan bueno saber que tres Humvees armadas venían hacia nosotros.



*    *    *



Aquel viaje en camión me había dado tiempo para pensar. A través de la ventana del acompañante, trataba de recordar su fotografía. El recuerdo de un recuerdo. Un ícono de la primera y última vez que la vería. Pensando que la he conocido ya en tantas otras realidades. En todas, salvo en esta. Y pensar que lo único que había hecho bien por ella hasta ahora había sido conservar su foto, para hacerla sufrir ahora de esta manera. De todo lo que pudo salir mal...

— No se preocupe, señor Guillermo. Ella debe estar bien —comenzó Vicente, al volante del camión— La necesitan viva si han de conducirnos a su trampa —dijo mientras viraba fuera del camino principal, separándonos de los demás.

Yo no dije nada, y así el silencio volvió a la cabina. Y, como mi esperanza, se veían despuntando unos cuantos rayos de sol a través del gris intenso de las nubes. El monótono rechinar de los limpiavidrios y la lluvia sobre el techo no hacían nada más que ponerme más nervioso. ¿Cómo explicarle cómo es que terminó en medio de la selva? Salvarla. Sobrevivir al ataque. Llegar a tiempo. Recorriendo el plan en reversa. No había atajos.



*    *    *



Aquellos costales apilados servirían para cubrirnos tanto de las HMMWV por el suroeste, como de los Dragones a pie por el noreste; pero no de ambos al mismo tiempo.

Escuchamos el sonido de los motores acercándose sobre el camino. Nos apostamos sobre la barricada con los rifles listos, esperando a los "caballeros". Las Recon, encontrándose con nuestra barrera improvisada, bien pudieron arrollarnos y pasar de largo, pero se detuvieron a unos metros de la línea de defensa. No había nadie al mando de las ametralladoras; y entonces noté también que no estaban camufladas como las Iguanas de los Dragones, sino más bien eran de un verde militar olivo... muy estándar y conocido.

El piloto de la primera bajó con una bandera blanca (o bien pudo haber sido un trapo) levantada con su brazo derecho. Otro soldado bajó por la puerta contraria. Reconocí al instante aquella fea arma que portaba.

— En nombre del Ejército Mexicano y la Defensa Nacional, a través de las Fuerzas Especiales, solicitamos pacíficamente la entrega del sicario Juan Carlos "El Águila" Pérez. —o eso fue lo que creímos escucharle con su remedo de tono marcial. Yo me enojé bastante por la inclusión del artículo "El" en mi sobrenombre. Me incorporé y salté la barricada, apuntando con la M16 que traía, como siempre, colgada a la espalda.

— Lo siento, caballeros, pero Águila jamás será enjaulado —por desgracia no captarían el juego de palabras— y, por cierto, sólo es "Águila".

— ¿A quién quieres engañar, Juan Carlos? Todos sabemos que no tienes munición en el cargador. —dijo la voz de una fémina. Se abrió la puerta del acompañante de una de las Humvees y salió. Ella.


¿Y si algún día nuestras miras se cruzaran?


Sin palabras, inmóvil. Los guerrillas no sabían si aquellos eran amigos o enemigos. (Y en realidad yo tampoco). Los soldados ya no estaban tan seguros de si era yo capaz de abrirles fuego con la M. Las exclamaciones a través de los radios provenientes de Radio Guerrilla indicaban que ellos no estaban seguros de si seguíamos con vida. Sólo ella estaba segura de que, pronunciando mal mi nombre, me haría salir del escondite sin más ni más.

Una mirada a sus ojos de gato. Grandes, diciendo tantas cosas, reclamando tantas otras. Todos los años, los recuerdos, todo lo que no dijimos y todo lo que no vivimos me golpeó con esa mirada.

— Arréstenlo —dijo Vanessa, sin moverse siquiera. Ambos soldados corrieron hacia mí.


Y sólo estamos tú y yo en este fuego cruzado.


— ¡¡Fuego, fuego, fuego!! —gritó Pedro.

Un guerrilla me tacleó de vuelta hacia el cubierto de la barricada; entonces se desató el primer infierno. Aquel guerrilla era Pedro de nuevo.

— ¡No podemos quedarnos aquí! ¡¡Los Dragones seguramente ya escucharon todo este jaleo!! —gritó sobre el ruido de los rifles (y los gritos de los soldados mexicanos del otro lado de los costales).— ¡¡Tenemos que avanzar por fueras del camino y emboscarlos como podamos!!

Asentí con la cabeza. Señalé a tres de los nuestros para que nos siguieran. Esperaba que cinco pudieran contra los tres caballeros.

— ¡¡Toma!! —gritó Pedro, mientras me daba una Kalashnikova ¡¡Buena hora para descubrir que ya no tenías balas, cabrón!!

— ¡¡Esta chingadera es meramente decorativa!! —grité, refiriéndome a la M y con una sonrisa de agradecimiento. Al instante, comenzaron a escucharse las ametralladoras de las Humvees, y así, dejando a los mexicanos y a la tormenta de mi pasado detrás, corrimos hacia el helipuerto, donde parecía que el combate ya había comenzado.



*    *    *


Llegamos al fin. Los Dragones nos rodearon y nos obligaron a bajar del camión. Nos quitaron los rifles, pero no así mi .45. A punta de espada, nos condujeron colina arriba hacia el helipuerto, donde esperaba un Halcón Negro.


— ¡Bien hecho, comandante Vicente! Pero la próxima vez considere un caballo de madera. —revelándose desde atras del halcón, el responsable de aquel mal chiste. El mismísimo Manolo.

Y ahí, parada, con la misma ropa con la que fue secuestrada, inmóvil, junto al helicóptero y con la mirada al vacío estaba ella.


09-10-2011

About

  • Es de las pocas entradas que he escrito ipso facto (osea que la acabo de escribir y la posteo, con riesgo de errores de semántica, gramática, ortografía y sentido común). 
  • Sí, lo sé. Los diálogos folk no son lo mío.
  • Tampoco lo es Águila hablando en primera persona.
  • Ni Guillermo, porque parecen la misma persona narrando :(



Fun Facts

¿Puedes (y quieres) citar el juego de palabras que no captarían los soldados mexicanos?

(En realidad no se me ocurrió nada para esta sección).



domingo, 11 de septiembre de 2011

Fuego Cruzado

Vanessa:

 

No sé cómo empezar esto.

Has provocado una guerra civil en mí. Lo que siento por ti contra todo lo demás en mi vida.

Y creo saber cuál de los dos dará un golpe de estado.
 

Y sólo estamos tú y yo en este fuego cruzado.


Dejar de hacer lo que hago es vivir a medias.
 

Vivir sin ti es morir un poco cada día.


Tú eres una heroína. Incorruptible, incansable, invencible. 

Tú eres mi heroína.


Mercenario, vendí mi alma a la fortuna. 
Paz, amor, tranquilidad, felicidad humilde y casera. Será algo que no veré hasta que caiga el último horizonte.

Quiero morir, quiero amarte, quiero gritar, quiero abrazarte, quiero soñar que esto no fue así.

Y quiero volver. Tomar tu cintura. Besarte. Decirte que esto nunca pasó y jamás dejarte ir. Pero pasó, y ahora no me queda sino huir, y recorrer el camino que elegí. 

Porque yo lo elegí, sobre todas las otras cosas. Elegí el viejo oeste. Pólvora y relámpago en las manos. Gatillo y percutor. Plomo a cuatrocientos cincuenta metros por segundo. Evadir a la muerte en cada disparo. La necesidad y el placer de arrebatar las vidas que se interpusiesen en mi meta. Y también la jugosa paga. La adrenalina de jugar por encima de las reglas que limitan a todos. Mi vida, mis hombres, mis órdenes. A mi manera. Todo lo que deseara sería mío. Todo menos tú.


Sé que librarás todas las balas; y ni todo el plomo que descienda sobre ti podrá jamás acabar con tu lucha. Eres así de buena. 
Porque, aunque nuestra suerte parezca la misma, el camino es muy distinto.

Y yo, no sé si veré el día de mañana. Y lo que ahora me evade como suerte, pronto cumplirá su amenaza como destino. Como la suma kármica que algún día ha de alcanzarme. Y peor que la muerte serán las almas ajusticiadas, que volverán para torturarme hasta la locura.


¿Y si algún día volviese a tu lado? 

No.

No me esperes. No vale la pena desperdiciar la vida engañándose. Con recuerdos que no fueron y que no sucederán, en este universo ni en ningún otro.

¿Y si yo me quedara? ¿Sería diferente entonces? ¿Cuánto duraría nuestra felicidad? Esa felicidad construida en un hogar oculto y blindado. Como búnker. Como prisión. Felicidad en un cuarto matrimonial, con cajas de munición bajo la cama y nuestras armas bajo la almohada.

Tú y yo contra el mundo. Contra distintos mundos. Mundos opuestos. Cubres mi retaguardia y yo la tuya. Como antes, como siempre. Tras los muros de nuestro nido convertidos en trincheras.

¿Y si algún día nuestras miras se cruzaran? Tú y yo, contra todos los demás, por todos los demás; esperando a separarnos diez pasos, para darnos media vuelta y traicionarnos de un tiro.

No sé si apretaría el gatillo o me dejaría abatir por ti. Y será nuestro amor el que, en medio de los agujerados muros de nuestro nido, entre escombros de nuestro hogar, con el olor a pólvora y tiros certeros de asesinos, se desangrará hasta morir en aquel fuego cruzado.

Y hemos llegado hasta aquí, pero no llegaremos más lejos. Y nuestra lucha codo a codo, a través de tantas tormentas de plomo, debe ya llegar a su fin.

Nuestros destinos no van juntos. Somos más como las trayectorias de dos balas opuestas en el fuego cruzado. Y cada bala debe seguir. Hacia aquel blanco que no debería serlo. Hacia el enemigo que realmente es más que amigo. Porque al final no las esperan dianas de tiro. Dos balas directo hacia tu corazón y el mío. Que somos los únicos que quedan en esta Tierra de Nadie, mientras agonizamos en el cruel y doble asesinato del fuego cruzado.


Águila

11-09-2011

About

Esto está medio bizarro y se parece a las cosas que escribía antes. Pero como que antes rifaba más :(

miércoles, 17 de agosto de 2011

Ángel Negro I

En medio de la noche, la luna se alza sobre la zona de bodegas, como un faro.

Una guía para alguien en busca de luz, de esperanza, de vida.

Y es por su vida que ese alguien corría a lo largo de toda la zona bodeguera, sin saber quién lo acechaba, pero sabiendo bien qué le aguardaba.


Cerca de la Bodega 66. 2:57 AM.



Sólo un punto ciego en el retrovisor.

Y la necesidad de huir.

De seguir corriendo.

De vivir para luchar otro día.

Para morir otro día.


¿Qué era más frustrante?

¿Correr, sabiendo que la carrera no sería eterna?

¿Morir, sin haber cumplido mi jurada meta?

¿Morir, sin saber por quién y por qué?

¿Morir, sabiendo que pude haber hecho algo para evitarlo?

Todo parece un laberinto. He estado aquí, pero no así.


Esas líneas cruzaban la mente de Águila al tiempo que corría, subía, esquivaba y bajaba a lo largo de la zona. Finalmente se encontró en el techo de una de las tantas de aquel casi infinito y desértico lote de bodegas.


Todo parece un callejón sin salida. El fin del camino.

¿Querría ser alcanzado sólo para revelar su identidad a cambio de mi vida?

¿Quién querría cazar a un hombre que está prácticamente muerto?


La energía se agota. La frustración se incrementa.


Juan Carlos se deja caer sobre el laminado y curvado techo de aquel edificio. De rodillas y luego con las manos. Su respiración es fuerte. Agitada.


¡¿Quién?!


Inmediatamente la mirada a un tragaluz.


Está ahí. No es el fin del camino.

Me lanzo hacia él. No hay tiempo para pensar.

Un golpe con el costado y el tragaluz se hace añicos.

Una lluvia de vidrio acompaña mi caída.

Dos metros abajo, trato de levantarme sobre el techo rojo del contenedor.

Algunas cortadas leves. Nada más.

¿Qué pasó? ¿Qué hice mal? ¿Cómo llegué a este punto?


*     *     *


— ¿Alfil blanco? — preguntó ella con cautela, mientras apuntaba a la sombra en traje del otro lado de la bodega.

— ¡Reina blanca! —gritó para superar la distancia, al tiempo que abría los brazos en señal de bienvenida— ¡O mejor dicho, Ángel Negro! Aunque preferiría llamarte sólo "Ángel".

— Ángel negro —le señaló ella cuando ya se encontraba a escasos metros de él, deteniéndose a apenas cuatro.

— Yo estoy desarmado y tú eres letal incluso sin ese subfusil. ¿Por qué no te acercas más para poder apreciar tu belleza? —dijo él para entrar en confianza.

Pero ella no se movió y seguía apuntando, mirando a su alrededor. Las lámparas de treinta watts de siempre colgando de las vigas del techo. Las obligadas ventanas a una altura de más de dos metros sobre el suelo y de 30 centímetros de alto que recorrían las cuatro paredes; rendijas hechas para espiar. Espacio suficiente para que una ráfaga de plomo viniera de ninguna parte para darle descanso eterno. Finalmente, y con los ojos vacilando entre el rostro del Alfil Blanco, sus manos envueltas en el traje, que era más grande de lo que debía ser, y la oscuridad de las ventanitas que amenazaba con ocultar a algún tirador, se atrevió a decir:

— ¿Perfil del susodicho?

— ¡¡Ah!! ¡Eso es lo lindo de matar a alguien tan famoso! ¡No hay archivo de perfil! Esto te resultará algo extraño, peculiar y notoriamente interesante —dijo, mientras su voz reflejaba la emoción de revelar el supuesto nombre, mientras revolvía las manos para efectos puramente dramáticos.

— Y, dejando la redundancia a un lado... ¡¿Podrías parar de decir estupideces y soltarlo de una vez?! —dijo alzando levemente la voz, aunque casi a punto de liberar una bala directo a su entreceja.

— Bien... —dijo con una sonrisa, al tiempo que sacaba un papelito doblado en cuatro de la bolsa superior de la camisa. Se aclaró levemente la garganta un par de veces y comenzó— "Ave de presa del orden Falconiforme, familia Accipitridae...".

— Suficiente —le interrumpió ella. Seguía apuntándole a la cabeza, pero ahora con los ojos entrecerrados y la mirada un tanto perdida— Lo haré.

Y retrocediendo poco a poco, sin decir nada más, dio media vuelta rápidamente y, a paso acelerado, salio de aquella pocilga, mientras el viento arrastrado por la cola de su gabardina cerraba la puerta con el número "67" tras de sí.



*     *     *


La luna puesta en el cielo. Su luz deja notar una silueta en negro sobre el tejado de aquella bodega. Delicada, delgada y ligera; ágil y fuerte, como el viento. Ahora inmóvil. Acosando a su presa a la distancia. Ni siquiera en las sombras. Ni siquiera apuntando con un arma. Ni siquiera algún tipo de blindaje que resalte con sus líneas ante la luna ni que interfiera con aquella gracia casi felina.

El aire húmedo de la noche acaricia su rostro. Su cabello se deja llevar. Negro ante el viento. Lejos de resistirlo, se vuelve Uno con él. Toda ella es Una con la noche. Su rostro, inmutable. Sus ojos, grises ante el baño de luna, siempre sobre el objetivo. Analizando cada movimiento, procesándolo y adivinando el siguiente. Todo en un flujo continuo. Todo en instantes tan rápidos como el pensamiento.

El viento sopla, ahora con más fuerza, revolviendo su cabello, como dramatizando la tormenta que se avecina; sacudiendo apenas las dos MP5 que colgaban de su cadera a cada costado, produciendo un leve sonido. Y luego, en un susurro, apenas perceptible y como parte de aquel viento que arrastraba las palabras:

— Te tengo.

Y así, como un fantasma, una sombra escurriéndose por el tejado, por las paredes y hasta el pavimento, baja y llega hasta la puerta principal de aquella bodega. El número en la puerta leía "65". A dos metros y sin detenerse, toma su arma derecha y asesta un solo disparo a la cerradura, haciéndola volar. Una patada y la puerta se abre completamente. Al dar un paso dentro, un sonido familiar. Un percutor.

Todo tan deprisa. Dos movimientos combinándose en uno solo. Ella, rápidamente apunta hacia las sombras a su izquierda, a una cabeza que no ve, pero que sabe que está ahí. Al mismo tiempo, desde las sombras emerge rápidamente un brazo, apuntándole con una pistola a la cabeza.

Inmóviles, dejan fluir el tiempo. Cinco, diez, quince segundos. El viento que entra desde afuera azota la puerta contra la pared y sacude su cabello, junto con el arma izquierda colgando de su cadera. Ambos sin moverse, hasta que ella camina dos pasos, aún apuntando recíprocamente. Su pierna izquierda, contra la que también chocaba la puerta, deja que ésta se cierre de golpe. Águila sale de las sombras sin dejar de apuntar, llevándolos a ambos hasta un espacio abierto entre los contenedores de aquella bodega.

— ¿Sabes? Ha pasado bastante desde que alguien logra apuntarme a la cabeza —dijo ella—... y por tanto tiempo.

— ¿A quién amenazas? ¿A ratones? Nadie ha logrado apuntarte porque sólo te mandan a limpiar la basura —respondió Águila, decidido, aunque también nervioso.

— ¿Y eso qué te hace a ti, Águila? —preguntó en un tono irónico.

— Me llamas por mi nombre y yo ni siquiera sé quién eres...

— ¡Alguien está asustado! —sonrió ella, y después de una pausa dijo, en un tono suave, casi burlón— Estoy segura de que habrás oído del Ángel Negro...

— ¡Ja! ¡¿Tú?! ¡¿El Ángel Negro?! —respondió Águila. Y, usando su Falcon para alejar de sí con un leve golpe el arma que le apuntaba, logra zafarse del candado. Estas décimas de segundo son suficientes para alejarse corriendo mientras suelta disparos ciegos hacia ella, al tiempo que ella corre para evadirlos, también disparando hacia él. En menos de dos segundos la bodega se había convertido en un campo de tiro y el plomo volaba en todas direcciones. Águila logra saltar detrás de un contenedor mientras suelta el último disparo hacia su objetivo. Ella corre también a cubrirse detrás de unos tambos metálicos.

Después del eco del último disparo todo vuelve a la calma, haciendo notar la lluvia que cae afuera y el viento que la mueve. El aire huele a pólvora y hay contenedores quemados por la metralla, todavía humeantes.

— El Ángel Negro, ¿eh? —dijo finalmente Águila— ¡Claro que he escuchado de él! ... Es decir, ella. —obviando con la voz

Dejó caer al suelo el cartucho vacío y continuó mientras cargaba el siguiente en su arma.

— Vaya que eres buena, muchacha. Hacerme correr de esa manera. Seguirme de esa manera —y luego alzó la voz— ¡Amenazarme de esa manera! Creo que son pruebas suficientes para suponer que eres quien dices ser.

— ¿Realmente quieres que te lo demuestre? —respondió ella desde el otro lado, desafiante. Aun había balas en su cargador.

— Supongamos que tú eres el Ángel Negro. —respondió— Estamos aquí, los dos, disparándonos a matar. Evidentemente esto no se resolverá así. Tengamos un duelo. A muerte. Una bala para cada uno.

— ¿Y cómo se te ocurre que podremos disponer de una bala cada uno? —lo interrumpió. Y Águila sacó con la zurda otra Falcon de su funda.

— Somos civilizados y podemos negociar. —dijo mientras las dos Falcon se sacudían en sus manos al aire para que ella pudiera verlas.

— ¿Te parece si salimos a las tres? —preguntó ella.

— A las tres.

Y ambos contaron en voz alta hasta tres.

Y salieron

Muy despacio.

Paso a paso.

Cuando se tuvieron a la vista, ambos apuntaron a la entreceja del otro. Avanzaban; sin embargo, sus miradas estaban ambas fijas en la del otro. Águila pateó una lata vacía de aerosol que no había notado, y se estremeció al hacerlo, despegando por unas milésimas sus ojos de los de ella. Un error casi mortal; y él esperaba que ella lo cometiera también. Una oportunidad.

Pero el Ángel Negro tenía un gran sentido del espacio, del tiempo, de Águila, de las tantas gotas de lluvia golpeando el techo laminado de la bodega, haciendo música con él. Dos cajas yuxtapuestas de un metro de alto le cerraban el paso, pero ella las rodeó lentamente, sin despegar las pupilas de las de Juan Carlos. Su andar, como el de una pantera negra, caminando tranquila y alerta. Gracia y estilo, que contrastaban con los pasos de Águila que deseaban no volverse a encontrar nada en su ciego andar, casi caminando a tientas, con ambas Falcon al objetivo. Deseando que llegara una oportunidad.

Pero no llegaría. Incluso teniendo mejores reflejos, el fuego rápido de las MP5 le inyectarían plomo antes de que él hiciese nada.

— ¿Y? —comenzó ella.

— ¿"Y", qué?

— ¿Y ahora? —volvió a preguntar ella.

— Mmh —frunció Águila, y su dedo derecho casi aprieta el gatillo— Toma. —dijo al tiempo que giraba la Falcon sobre su índice izquierdo y la sujetaba por el cañón, extendiéndosela, sin dejar de apuntar con la diestra.

Ella la tomó de la culata, también con la izquierda y, sin despegar la mirada de donde estaba Águila, quitó el seguro de la pistola y soltó un disparo al aire.

— Mmmm. Funciona, a pesar de que tenías el seguro puesto —pensó un instante y luego agregó— pero quiero la que tienes en la mano derecha.

— Bien —dijo él, mientras se reprochaba en silencio por haber sido tan estúpido— Dame la Falcon.

Ella obedeció y se la extendió de igual manera que él a ella unos segundos atrás. Él la tomó rápidamente y la acomodó con su mano izquierda, lista para disparar. Luego apuntó con ambas armas por un instante, y por último, bajó la Falcon de la mano derecha y se la entregó.

— ¡Qué dilema! ¿No? —dijo el Ángel, burlonamente. Águila hizo una mueca, al tiempo que tomaba la única Falcon con las dos manos, y luego con la derecha. Ella volvió a disparar al aire.

— Ambas son iguales.

— ¡Eso ya lo sé! —respondió Águila todavía más nervioso.

— Entonces...

— ¡¡Entonces... las balas no son gratis!! —gritó él, y ella apuntó la MP5 a su entreceja con más ahínco que antes— ¡Hey! ¡Cuida tu tono!

— Primero, baja la MP —y ella eventualmente obedeció, devolviéndola a su lugar en el costado derecho de su cadera.

A continuación, Águila dejó caer el cartucho de su pistola, cachándolo con la mano libre; ella hizo lo mismo y la cambió a la mano derecha.

— ¿Podemos bajar el arma? —preguntó él.

— Al mismo tiempo — respondió el Ángel Negro. Y así lo hicieron, muy lentamente.

— Bien... —comenzó Águila— Ahora ambos disponemos sólo de la única bala alojada en la recámara. —diciéndolo más para tranquilizarse a sí mismo que para explicarlo.

— Mmmm —pensaba ella mientras contemplaba la Falcón puesta en su mano, sin moverla de su costado, tratando de sortear su hombro derecho con la mirada, abriendo un tanto la boca.

— ¿Y? — preguntó ella, mientras alternaba su mirada entre la Falcon que habría de salvarla y Águila.

— ¿"Y", qué?

— ¿Y ahora? —volvió a preguntar ella.

— Mmh —frunció Águila, quien sentía que tenía una bomba en la espalda mientras una niña jugaba con el detonador.

— Y ahora, — continuó Águila— vas a decirme algo. —ella no mostró reacción alguna.

— Vas a decirme quién te envió a matarme, cuándo, por qué y cuánto te pago.

— Mmmm — comenzó ella después de un rato, al tiempo que tronaba un poco la boca y negaba con la cabeza.— No, no, no, no, Águila. ¡Así no funcionan las cosas! —dijo, llevándose la mano izquierda a la barbilla, como si estuviese discutiendo algún trato importante, del cual ella formase parte y no estuviese de acuerdo.

— Mira, mmmm, —continuó el Ángel— en primer lugar, ya sabes quién me mandó. —dijo, señalando a Águila con la mano izquierda desde su barbilla, No tienes más enemigo que él. Y si los tuvieses, mmm pues, digamos que fue el que te odia más. —y soltó una risita medio forzada.

— Pero, en fin, te voy a confesar algo. —siguió— Alguien quiso advertirme, diciéndome que podría llegar a complicarse el encargo; pero ya ves, pude haberte matado hace diez bodegas o más; y creo que sólo te he dejado llegar hasta aquí por mero deporte. Ya sabes, hay que disfrutar del trabajo — y mientras hablaba, fue dibujando una sonrisa, no tan forzada como las anteriores.— A decir verdad, me dijeron que eras bastante bueno disparando. Así que ¿Te parece si procedemos con nuestro duelo? Me estoy cansando de sostener esta cosa.

Terminó, pidiéndolo como pide una niña a alguien que juegue con ella. Águila tenía miedo; creyendo haberse adjudicado la ventaja con el asunto del duelo realmente se había puesto en igualdad de condiciones. Y en igualdad de condiciones siempre gana el mejor. La rapidez y precisión de un hombre asustado al borde de la muerte, contra las de una mujer con actitud de niña psicópata.

— A las tres... nos damos vuelta — dijo Águila finalmente

— Sólo quiero que sepas que en el cielo hay un Ángel con un rifle de francotirador, en caso de que hagas trampa. Y tú sabes que los Ángeles no fallan.

— Una —comenzó Águila, tratando de concentrarse para no caer en su juego.

— Dos —siguió ella.

— Tres —contaron los dos.

Y, muy lento, dieron un paso al frente con la pierna derecha, y luego media vuelta hacia su izquierda. Ambos retrocedieron hasta quedar espalda con espalda.

— ¿Me harías el honor de empezar? —sugirió el Ángel Negro.

— Uno —dijo Águila, al tiempo que los dos daban un paso.

— ¿Son diez, verdad? —preguntó ella.

— Sí.

— Ah, bueno. Dos.

Mientras Águila iba superando uno a uno los pasos que le separaban de su tumba, su figura aparecía errante a través de la mira telescópica de un rifle desde el vagón al que el vidrio del tragaluz le había llevado.


21-05-2009@2:57 a.m.

About

Sí, yo sé que está medio aburrido. Pero Águila me obligó a publicarlo D: (es decir, el verdadero Águila).

Por cierto, no leyeron mal ni tampoco me equivoqué. Hay una parte de diálogo que se repite, como si aquello hubiese sido copy-paste (no lo fue).

martes, 12 de julio de 2011

05 - FAQ de Memo el Explorador (incluyendo la historia de la historia)

Foreword

No puedo creer que mis vacaciones se hayan retrasado tres semanas D: Pero ps prometí que iba a escribir esto, así que ahí va; a ver cómo sale.

Por cierto, estuve escribiendo esto en mi mente algunas semanas, pero se hizo algo tan masivo que mejor será el resumen del resumen lo que escriba aquí. Además de que revelaba detalles de la trama que era mejor omitir, o le hubieran quitado el chiste a toda la cosa.

FAQ


¿Por qué diablos escribes esto? - La historia de la historia (o el por qué de Memo el Explorador)

Ah ps todo surgió cuando en Formación Cívica y Ética de 3ero de secundaria (oct 2004) me dejaron hacer una historia que ilustrara el valor de "Perseverancia" y ps escribí dos páginas a renglón seguido y letra chiquita una miniaventura de un explorador llamado Memo (en honor a mi amigo homónimo precisamente de la secu), y que en sí era algo como una burla a las películas de acción noventeras con sus desgracias imposibles y acá todo el rollo. Al menos una vez tenías que reírte y decir "nomam" por tantas tonterías. Pero al final me gustó como iba quedando, y decidí que sería chido seguirle.


Y entonces, ¿le seguiste?

Sí. Al principio como continuación de lo que había escrito. Pero luego llegué a la conclusión de que no estaba bien fundamentado, así que comencé a escribir desde un punto más atrás en la línea cronológica, de tal forma que hubo dos líneas (por diciembre de 2005); aunque nunca pude unir las dos, ya que, debido a errores de disco duro y cosas, se perdió una de esas dos líneas (la primera en ser redactada), y recuperé la segunda gracias a unas impresiones que le hice a Isaí. Treinta páginas y mis imágenes de Digimon y Spider-Man murieron aquel día :(  Y de ahí surgió la idea del blog para que las cosas no se perdieran tan de repente. Acababa de descubrir Spaces de MSN, y ahí comenzó la vida pública.


Y ahora que lo dices, ¿piensas publicar alguna vez la minihistoria original? ¿O por lo menos remasterizarla? ¿O algo?

No. Dado que esto lo escribí en 2004 (cuando no había escrito nunca antes en mi vida algo que rifara) tiene muchos errores de gramática y redacción. Y considerando que he mejorado bastante y todavía escribo del asquito... bueno, se entiende el punto. Lo que sí es que la escencia de la historia da pie a una línea cronológica, pero nada más.


A veces estás en el Amazonas, a veces estás en unas bodegas noséque. No entiendo nada D: ¿Acaso todo esto tiene un orden lógico?

Nop. No lo tiene. Creo que en el viejo blog hubo una serie de como tres entradas que si iban en orden, pero namás.

Además de las dos líneas iniciales a finales de 2005, existieron (gracias a mi fumadez y ocio en la bastarda) al menos otras tres distintas. Una de ellas era el puente entre las primeras dos, y las dos restantes estaban muy distantes una de otra. Después surgieron más. Es un caos.

Pero para aclarar un poco todo el asunto, he aquí una lista y muy breve descripción de las líneas, junto con su verdadero orden cronológico (primero la 1, luego la 2, y así); listadas por año de concepción:

Memo el explorador El infierno verde
Partiendo de la minihistoria de FCE, es Memo en la selva del Amazonas, en compañía de sus amigos, desentrañando lo que se trama y luchando por una causa.
Año de concepción: 2004
Verdadero orden cronológico: 3

Los secretos del Amazonas
Antes de los sucesos en "Memo el Explorador", hubo un primer viaje al Amazonas, en el que Memo y sus amigos tuvieron contacto con el enemigo, aunque sin idea de qué era lo que realmente estaba sucediendo.
Año de concepción: 2005
Verdadero orden cronológico: 1

Al final de la Bodega 66
Cuando Guillermo decide tratar de introducirse al mercado negro, la venganza de un misterioso guerrero a través del mundo criminal se encuentra en su clímax. Y es entonces cuando las historias se entrelazan.
Año de concepción: 2006
Verdadero orden Cronológico: 2 (En realidad en paralelo y antes que el 1)

Saliendo del Amazonas Escapando del infierno verde
Continuando con el viaje original y la lucha por la causa, Memo debe salvar a alguien que no esperaba encontrar a tantos kilómetros lejos de casa: la damsel in distress de la historia.
Año de concepción: 2007
Verdadero orden cronológico: 4

El Vengador Negro
De vuelta en la Ciudad de México, Memo y los demás creen haber dejado la violencia atrás, pero no saben que el dragón los ha seguido a casa y deben emprender entonces una nueva aventura.
Año de concepción: 2007
Verdadero orden cronológico: 5

Un minuto para medianoche
(Originalmente llamado minutos para medianoche, pero renombrada para no hacer referencia al álbum de LP).
Para evitar la catástrofe, Memo y los demás deben emprender una quest masiva alrededor del mundo en una carrera contra el tiempo, concluyendo con las aventuras de Guillermo.
Año de concepción: 2007
Verdadero orden cronológico: 6

Ciudad de México 2024
A 18 años de los sucesos de Memo el Explorador, esta línea experimental explora las consecuencias del viaje de Memo al Amazonas y como la amenaza que luchó por evitar se desata de nuevo, ahora sobre su tierra natal.
Año de concepción: 2007
Verdadero orden cronológico: 7


Se ve que mi año más creativo fue 2007 D: La bastarda sí me dejó medio loco, pero sin tiempo para poder escribir tantas cosas. En fin, todo lo que se me ocurre no está en orden, pero cae en una de estas líneas y así ya es algo más fácil agarrarle la onda y todo; así que cada entrada tendrá la etiqueta de la línea a la que pertenece buajaja; ya que además seguiré escribiendo en postorden D:


¿Dices que la historia está basada en personas reales? WTF? ¿Por qué?

Sí. Ya dije que Memo está basado en un amigo de la secu (entonces uno de mis mejores amigos). Águila está basado en el verdadero y homónimo Juan Pérez, y mega mejor amigo del verdadero Memo Hernández. Ambos fueron los primeros personajes de la historia (y en sí los principales).

En el momento usé personas reales porque creí que sería divertido meterlos a la acción noventera, y ps ya después me dí cuenta que era más fácil imaginarse aventuras con personas conocidas, o mejor dicho, con templates de personas conocidas.


Y entonces ¿Cuál es el verdadero título de la historia? ¿Tiene un nombre único todo esto?

El título original de la historia (y de todo el asunto) era “Memo el Explorador”, y así la primera aventura se llamó “Memo el Explorador y Los Secretos del Amazonas” (estilo HP), pero dado que la historia es algo corta mmm, creo que se quedará en “Memo el Explorador”.

¿Y por lo menos habrá algo nuevo?
Además de reposts con formato nuevo, talvez una que otra sinopsis, a lo mejor algún review oculto en mi cuaderno. Quién sabe. Pero sí entradas nuevas con historia, eventualmente :)

About

  • Con esto de relanzamiento oficial, el blog anterior ya no está soportado, en especial porque odio el editor de Wordpress e hizo que todas mis entradas tuvieran masivos errrores de formato (sí, con triple erre). Y sobre las entradas que no son de la historia, lo más seguro es que las repostearé en este blog.

  • Todas las entradas de la historia (y algunas que no lo sean) tendrán el formato básico de esta misma entrada, con secciones para cosas extra y así.

  • Puede que el blog necesite un cambio de imagen más acorde con la temática (y seguramente porque con éste las cosas no son muy legibles que digamos).


Fun Facts & Easter Eggs

  • Al día siguiente de haber escrito la historia de Perseverancia, comencé a seguirle en el cuaderno de FCE, ya que había quedado con un final cuasiabierto. De repente, Águila secuestró mi cuaderno y comenzó a escribir así namás, sin dejarme terminar la oración que andaba escribiendo. Quedó como una historia alterna de una página que no verá la luz, pero siempre es divertido leerla y recordar viejos tiempos.

  • En realidad me tomó tres semanas pensar en todo esto, que al final resultó ser tan poco. Fraudulento y decepcionante.

lunes, 6 de junio de 2011

04 - But now you are awake - On the March

(música de "rifar en los 40s")

Sí, lo se, ya no escribí esa entrada a tiempo, pero pues era más de quejarse, así que me limité a cerrar el notepad sin guardar al terminar de escribir y re-leer.

Y bueno, esto es un avance de lo que viene por aca, muy al estilo de los promocionales de la segunda guerra en los 40s. Y ya que el público quiere "Los Secretos del Amazonas" (porque creo que es lo menos aburrido y menos feo que he escrito), voy a celebrar el "relanzamiento" (o reestreno o como se diga) de la historia con un maratón de entradas:

- La historia de la historia (o por qué existe Memo el Explorador)

- FAQ (incluyendo la breve explicación de las líneas cronológicas, y alguna q otra cosa absurda)


Y como dos entradas no es suficiente para un maratón, ps talvez salgan a la luz una, o dos, o tres, o cuatro cosas inéditas en las distintas líneas de la historia (o cinco, si encuentro el cuaderno de compu básica de la bastarda).

Probablemente con el tiempo, éste se vuelva el blog oficial de la historia (o uno nuevo), en lugar del desgraciado anterior blog de spaces/wordpress :(

Pero bueno, primero tengo que acabar el semestre en las próximas dos semanas infernales que decidirán mi destino y arreglar algunos asuntos. Así que no es que esté muerto, sino que apenas me alcanza el tiempo (escribí esto mientras la desktop sale de un ciclo infinito xD).

martes, 24 de mayo de 2011

03 - Lo que le sucedió a este blog. / Llorando como niña chiquita

Como se habrá notado, dejé de escribir en esta cosa. Bueno, en realidad había dos entradas, las cuales ahora ya no existen. Me prometí que escribiría más seguído por aquí; sin embargo, la dirección que estaba tomando esto era hacia la de un niño quejumbroso que no puede resolver sus problemas; y más que expresar algo que valiera la pena en el blog, se hubiera convertido en una recopilación de su propia incompetencia al enfrentar dichos problemas.

Dado que, a lo largo de mi vida con un blog, he tratado de escribir cosas que valgan (tratando de hacerlo de manera sutíl y que, por lo menos, despliegue un vestigio de elocuencia), he borrado dichas entradas.

Sin embargo, creo que no podré evitar el quejarme y estar #llorandocomoniñachiquita en el futuro, así que crearé una sección en el blog para dicho propósito (con temas algo más relevantes y con menos importancia inexistente que las dos entradas anteriores [ahora extintas]).

Así que, para estrenar la sección, se espera una entrada entre las próximas 24 y 120 horas :)